martes, 2 de junio de 2015

UN FARO PARA LAS ESTRELLAS

Cuando Glenn Ford eligió entre toda su filmografía “Gilda” (1946) para el homenaje que le dieron en el Festival de Cine de San Sebastián en 1987, en su fuero interno él lo compartía con la que fuera su gran amiga Rita Hayworth. Demostraba que era todo un caballero y que no le importaba que, el gran amor de su vida, le robara su momento. Porque pese a ser el coprotagonista de la película, “Gilda” es una película de Rita, o para ser más exactos, haciendo uso del cliché establecido, Rita es y será por siempre Gilda.

El technicolor siempre favoreció a Rita.

“Nunca hubo una mujer como Gilda”.

Pero es verdad que Rita fue mucho más que eso, para mí fue la entrada por la puerta grande al cine del Hollywood de la edad dorada.

Una pose mil veces copiada...

Como bien proclamaba la misma Rita (supongo que a los cuatro vientos), “los hombres se acostaban con Gilda y se despertaban conmigo…” La pin-up favorita de los soldados americanos y estrella de los años 40, renegó (a saber cuánto) de un personaje que se imponía a su persona, algo similar a lo que le pasó en los años 50 a Gloria Swanson con su Norma Desmond, aunque también es verdad que les deben estar agradecidas por ello, otras muchas no son recordadas ni por un papel. Por cierto que eso mismo le dijo Cukor a la Swanson.

Junto a Orson Welles en "La dama de Shanghai" (Columbia, 1948)

No voy a mentir que a mí también me ocurrió lo mismo que al resto de mortales, la primera vez que la vi en la mencionada película, no es que quisiese “pasar la noche” con ella, eso lo dejo claro, si no que Gilda se adueñó de mí y ya no vi a Rita. Tanto es así que, cuando por obra y gracia de su marido de entonces, Orson Welles, se corta y tiñe de platino la melena para “La Dama de Shanghai” (1948), sufrí un gran desengaño y la veté.

Imponente en "Angels over Broadway" (Columbia, 1940)

Me disculpa la edad, tendría unos 14 o 15 años, pero pese a todo Rita siempre ha ocupado un lugar destacado en mi mitomanía, incluso cuando escribí a un periódico tras el fallecimiento de Marlene Dietrich, no dudé en mencionarla. Así era ella, una presencia poderosa hasta desde el más allá, como la diosa que fue.

"Siempre he sostenido que quería ser una actriz, no una sex symbol."

Sin ponernos a discutir si era una diosa venida del Monte Olimpo, aunque Rita podría debatir sobre esto, ya que representó a la perfección a la musa Terpsícore en la película “La Diosa de la Danza” (1947), a la gente que admiras en general, sean mitos, ídolos o como quieras llamarlos, hay que dejarlos en el pedestal en el que se encuentren y evitar cualquier tipo de contacto. La fantasía es poderosa; La cercanía, desastrosa en la mayoría de los casos. Si eres mitómano de corazón este debe ser tu credo, a no ser que seas una lapa o algo incluso peor: una garrapata.

Rita Hayworth la diosa del amor de los años 40.

Hace apenas unas semanas, mientras estaba viendo vídeos en internet, no sé muy bien por qué, pero me pasé horas mirando clips de sus mejores escenas en todas y cada una de sus películas. No había una intención ni propósito claro, lo mismo podría haber escogido a otra estrella. Minutos antes de que Morfeo llamara a mi puerta, repasé su vida y “descubrí” que ese mismo día, un 14 de mayo de 1987 había fallecido. Un escalofrió me recorrió el cuerpo y se me puso el vello de punta.

"Rita Hayworth fue un compendio del glamour y la fascinación de Hollywood."
The New York Times

Como bien dice María Escolopendra cuando se lo conté: “En Crystal Lake pasan estas cosas. Los muertos saben que aquí se les recuerda y se les honra. Y usted señor David Jason, es como un faro para las estrellas de Hollywood: no quieren ser olvidadas y saben que usted las hará brillar de nuevo…”

Brillar no sé si brillaran conmigo, pero es verdad que “pasamos” muchas horas juntos. Tantas como para que Lana Turner me visitará una noche en la cual la acompañé a tomar un cóctel.

Imposible no caer rendido a sus pies!!

No solo me ha pasado con Rita. A la hora de volver a montar en Sevilla mi exposición “A Touch of Paradise”, tuve que pensar a qué estrellas retrataba para sustituir los cuadros que faltaban, lo estaba decidiendo a primeros de septiembre cuando los nombres de Dorothy Lamour y Maria Montez, sonaron en mi cabeza. Justo en ese mes habían fallecido las dos… Así que es muy posible, que de vez en cuando alguna me dé un toque.

Rita en una pose publicitaria de "Bailando nace el amor" (Columbia, 1942)

Todos sabemos que Rita empezó su carrera como bailarina y si la observamos en los musicales que rodó antes de la aparición de “Gilda”, podemos ver que disfrutaba bailando. Las dos películas en las que trabajó con Fred Astaire: “Desde aquel beso” (1941) o “Bailando nace el amor” (1942) son pruebas más que suficientes. También lo podemos comprobar en “Mi chica favorita” (1942) y “Las modelos” (1944) en esta última junto a Gene Kelly. Enfrentarse a ambos astros era un reto no al alcance de cualquiera, tanto es así que, aunque Ginger Rogers era la pareja de casi todas las películas de Astaire, este siempre dejó claro que Rita Hayworth fue su mejor pareja de baile.

Junto a Fred Astaire en "Bailando nace el amor" (Columbia, 1942)

Después más baile con “Esta noche y todas las noches” (1945) y llegó “Gilda” (1946) y prácticamente se acabaron los musicales. No lo entiendo, porque Rita era una gran bailarina…

Otra pose publicitaria, esta vez en "La modelos" (Columbia, 1944)

Si bien está película es ahora un clásico del cine, en su época los críticos no estaban especialmente entusiasmados con ella, aunque el público se rindió desde el primer momento.

La Columbia intentado rentabilizar al máximo el éxito de la misma y mitigar el fracaso absoluto de su película con Welles, la emparejó de nuevo a Glenn Ford en “Los amores de Carmen” (1948) y “La Dama de Trinidad” (1952) un remedo de la popular “Gilda”.

"Las modelos" (Columbia, 1944) se situó entre los mejores
y más elaborados musicales del cine.

Entre estas dos películas, le dio tiempo a casarse de nuevo, esta vez con Alí Kan, tomarse unas largas vacaciones y rodar un documental de sus aventuras africanas junto a él.

Como todas las estrellas que se precien, se rodeó de maridos, sufrió los inevitables castigos impuestos por los estudios (suspensión de empleo y sueldo) y rechazó papeles como: “La Condesa Descalza” (1954) que podían revitalizar su carrera.

Rita siempre fue una mujer necesitada de cariño.

Pese a todo aún le dio tiempo a aparecer en alguna película destacable como: “Pal Joey” (1957), demostrando que podía robar planos y el protagonismo a Frank Sinatra y Kim Novak, que por cierto, era el reemplazo de Rita en la Columbia. A los cabrones de la Columbia no se les ocurrió mejor idea que juntar a la “vieja” estrella con la nueva promesa. La historia pone a cada cual en su lugar y aunque la Novak no tuvo la culpa, ¿quién la recuerda en más de una película a parte de la de Hitchcock?.

"Gilda era una mujer bellísima que acabó mal. No he sabido nunca nada más de ella.
No he querido tampoco saber nada más. Conservo de ella algunas viejas fotos que detesto.
Pero, pese a todo, no tengo valor para echarlas definitivamente al fuego." 

Rita como diosa del amor en las pantallas ya era historia. El público adoraba ahora a Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Marilyn Monroe y Kim Novak. Cuando se le pidió a Rita que se pronunciase al respecto comentó: "Quería ser actriz, no una sex symbol. Es un consuelo saber que ha hecho falta un cuarteto de damas para sustituirme."

Las nuevas estrellas pudieron remplazarla,
pero en el camino perdieron la elegancia. 

Espaciando sus apariciones durante la década de los 60 y dedicándose a aparecer en películas de serie B, empieza a sufrir “pequeños problemas” de memoria, que las malas lenguas atribuían a problemas de alcoholismo. En tales condiciones participa en una de mis películas favoritas: “El fabuloso mundo del circo” (1964) junto a John Wayne y Claudia Cardinale. La Cardinale en su mejor momento, no tenía nada que hacer.

Junto a Claudia Cardinale en un descanso del rodaje de
"El fabuloso mundo del circo" (Samuel Broston, 1964)

Lo que se descubrió entonces es que sufría la enfermedad de Alzheimer, que le imposibilitaba recordar los guiones. La opinión pública no daba crédito, pero las diosas hechas de carne y hueso también sufren las enfermedades del más común de los mortales.

Junto a su eterno enamorado Glenn Ford en "Gilda" (Columbia, 1946)

Falleció a los 68 años… y entre los que llevaban el féretro no podía faltar Glenn Ford, su gran amigo.

Rita Hayworth nunca fue nominada a un Oscar.

Amado mío
Love me forever
And let forever begin tonight

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!!
Todas las fotografías son de mi colección.

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