viernes, 15 de enero de 2016

ÁGATA LYS

Siempre me han gustado las personas y los personajes que destacaban por salirse de la norma, de lo habitual, tanto por su trabajo como su presencia. Si tenemos en cuenta que desde niño me llamaran la atención: las películas de La Hammer, Godzilla y monstruos varios, Paul Naschy, La Carrà, Bowie, Grace Jones, Tino Casal, Nina Hagen o Alaska, por mencionar algunos, no es de extrañar que la primera vez que viera a Ágata Lys, me causase un gran impacto.


Ahora, me resulta cada vez más difícil encontrar a alguien o algo que llame mi atención y me motive tanto como para tenerlo en cuenta, más allá de lo anecdótico. Por norma general estás rodeado de “personajes” anodinos y faltos de personalidad.

Si bien me recuerdo a mediados/finales de los 70, viendo mi serie favorita de CF, “Espacio 1999”, también recuerdo claramente a mis padres llamándome desde el salón, para avisarme que echaban por la tele una peli del Hombre Lobo, Drácula o el monstruo de turno. Lo que es un misterio para mí, dado el tono de algunas películas, es que también lo hacían cuando en alguna salían: María Kosty, Fiorella Faltoyano…, y por supuesto: Ágata Lys.


En aquella época no las tenía catalogadas como actrices, principalmente porque por edad, mis intereses estaban más en jugar con mis cochecitos, Geypermanes, Madelmanes o el Tente. Eran solamente las chicas guapas que tanto me gustaban. Con el tiempo supe que además de guapas eran actrices.

Me alimentaba de imágenes en movimiento. No coleccionaba nada, exceptuando juguetes. La época del coleccionismo llegó después con el Hollywood clásico, y como en esos años no existían tantas posibilidades como ahora: grabadores, dvds, internet, etc., y mi margen de movimientos era limitado, no era más que un niño, no lo echaba en falta y tampoco se me ocurría que fuese el mejor regalo de Reyes.


Cuando me sumergí de lleno en el mundo del cine de Hollywood, aprendí a valorar a los “personajes” con los que crecí, ¡¡a los autóctonos!!. Mi gusto por los monstruos, La Hammer, Naschy…, sigue intacto hasta ahora, pero empecé a mirar con otros ojos a las actrices españolas, a las que tenía relativamente olvidadas.


En ese aspecto, tenemos mucho que aprender de los americanos, que no se olvidan de nadie. A cualquier actor o actriz, sea quien sea, le dan su valor y les montan convenciones donde pueden acercarse sus fans (que me dan mucha envidia) incondicionales a saludarlos. Aquí nada de valoraciones, salvo excepciones o en momentos puntuales (entrega de premios y esas cosas), si dejas de aparecer en los medios serios, no existes prácticamente. Con esto no digo que Ágata Lys esté olvidada o no exista, pero indudablemente su presencia en la actualidad se rige por la discreción. Si no, que alguien me corrija y me saque de mi error.


Recuerdo principalmente a Ágata Lys por sus apariciones y entrevistas en programas de televisión y en las películas: “Las alegres vampiras de Vogel” (1973), “El huerto del francés” (1977) y posteriormente en: “Los santos inocentes” (1984), “El regreso de los mosqueteros” (1989), “Taxi” (1996) y “Familia” (1996).

Por la prensa seria he sabido siempre de sus éxitos en teatro, que abarcan desde “Don Juan Tenorio” (1973) a “Pelo de tormenta” (1997). Admito que a partir de aquí la “perdí un poco la pista”, si no fuese porque casi todo lo encuentras en la red, es muy posible que la perdiese del todo. Y sí, tiene página web oficial (más de uno me lo dirá), pero está no está actualizada, lo último que veo es de 2006.


Mi “descuido” es perdonable porque hace años que no compro periódico alguno, salvo en contadas ocasiones. Revistas de cine más bien pocas y prácticamente ni las leo. Prensa rosa descartada. Hubo un tiempo que leía alguna, cuando me las dejaban o cuando estaba en la peluquería, pero ahora tardan menos en cortarme el pelo que lo que tardo en ir y volver a casa. También es verdad que con la economía que tenemos (en general todo el mundo) actualmente, tampoco estamos para derrochar en revistas y demás que terminarán en el reciclable. Esto lo nota mucho mi kiosquero, que no vende nada.


Bueno, me he ido del tema principal…

Hace unos días he encargado un libro que han escrito sobre Ágata Lys, el libro es lo máximo físico (sin contar las revistas que he ido consiguiendo en El Rastro y algún dvd) que voy a tener en mis manos, porque otro tipo de material me es “imposible de localizar”, léase por medios legales, y aún así me resulta complicado.


Las imágenes que ilustran esta entrada, las he sacado de las mencionadas revistas. Forman parte de su historia indudablemente y del momento en el que me fijé en ella, por lo que no se pueden obviar, pero hubiese preferido adornarla con fotos más variadas y que se alejaran de su imagen más reconocible por la mayoría, pero es lo que hay….


Pues bien, aquí estoy yo, esperando ansioso el mencionado libro, dando una vuelta por la red, viendo los vídeos, fotos, leyendo noticias que encuentro y redescubro lo que ya sabía, que pese a la imagen de la chica sexy platinada, es una muy buena actriz (habrá quién no esté de acuerdo pero ya sabéis donde estoy para debatirlo), mejor que muchas de sus contemporáneas, con una personalidad fuera de toda duda.


Lo que más me gusta de ella, es que ha mantenido una trayectoria artística seria, se ha mantenido siempre discreta y alejada de reality shows y platós de televisión, que solo emiten programas de un gusto pésimo, donde sus coetáneas airean sus vidas y/o miserias como máximas atracciones de un “circo” del que no podrán salir fácilmente.

Esto para mi dice mucho a su favor, por cuanto ahora mismo, algunas de sus contemporáneas, no me interesan en absoluto y solo me parecen caricaturas de ellas mismas, perdiendo todo tipo de credibilidad, si es que en algún momento tuvieron alguna.


Ágata, como el mineral al que debe su nombre, caracterizado por bandas de colores concéntricos similares a los anillos de crecimiento de los árboles, es dura y resistente a los reactivos, sean estos químicos o no.


Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!!

martes, 5 de enero de 2016

EXTRAÑA EN EL PARAÍSO

El sonido y el vapor de un tren envuelven la atmósfera de la abarrotada estación de (un falso) Pekín. Un palanquín recorre el andén hasta llegar a su destino. ¡¡Debe de ser una persona importante!! O por lo menos así lo cree el director de la película, el gran Josef von Sternberg. Se abre la puerta de la litera y aparece una misteriosa figura femenina, a la que conoceremos más tarde por el nombre de Hui Fei.


Así comienza la película “El Expreso de Shanghai” (Paramount, 1932), la más conocida de las que interpretó Anna May Wong, vehículo para la gloria de Marlene Dietrich en su época de mayor esplendor.

Hui Fei y Shanghai Lily en "El Expreso de Shanghai" (Paramount, 1932)
Posteriormente veremos a Anna May Wong y a Dietrich evolucionar por los vagones, inquietando al resto de pasajeros, en especial del género masculino… Hombres que podrían convertirse en sus víctimas... Depredadoras, seductoras… Después de todo, ambas poseen matrícula de honor en la profesión más antigua del mundo.

Básicamente Anna May Wong interpretó con mejor o peor fortuna, el mismo rol de enigmática seductora diseñada por los estudios, que la encasilló de por vida. Durante cuarenta años siguió siendo la única mujer asiática con categoría estelar, sin llegar a superar del todo los convencionalismos para mantener dicha posición.

Anna May Wong, nació como Wong Liu Tsong (un nombre que se traduce como "Sauces Amarillos Helados”), curiosamente en Flower Street en el Chinatown de Los Ángeles el 3 de enero de 1905, encima de la lavandería de su padre.

Bella, alta (medía 1,69 centímetros) y china-americana. Esto último le impidió llegar más alto en el firmamento de Hollywood, aunque su logro no es nada desdeñable, siendo la primera estrella asiática en lograr gran fama y popularidad en una época en la que los prejuicios estaban a la orden del día.

La hija del lavandero Wong Sam Sing, era una niña precoz que, a la menor oportunidad, con el dinero que reunía haciendo recados, se escapaba para ir a los Nickelodeons (pequeños cines de cinco centavos), para dejarse fascinar por sus estrellas favoritas. Además, en aquellos años, en los inicios del cine, también se escabullía para visitar los rodajes que se filmaban por las calles de Los Ángeles.

Su interés por el cine preocupaba a su tradicional padre, que veía que este entretenimiento alejaba a su hija de los estudios. Con el tiempo vio que era una batalla perdida de antemano.

Wong Liu Tsong, eligió dos nombres occidentales que junto a su apellido la convirtieron en Anna May Wong, aunque no utilizó este nombre hasta dos años después de su primera aparición en una película. Esta presentación fue en “The Red Lantern” (MGM, 1919), una película de Alla Nazimova, actriz y productora ruso-estadounidense conocida popularmente como “La Nazimova”. El padre de Anna, insistió en acompañarla a los estudios y la encerraba en los camerinos hasta que se la llamaba a rodar. Pese a todo, gracias a este pequeño papel consiguió su primera paga.

Finalmente en 1921, en una serie de películas por episodios (hoy perdidas) su nombre se hizo visible para el público.

En 1922 la Metro la reclama para “The Toll of the Sea” (MGM, 1922), una versión de Madame Butterfly. Especial importancia tiene este largometraje por ser la primera película rodada en Technicolor y en la que Wong consiguió su primer papel protagonista, lo que sería una novedad en la historia del cine.

“The Toll of the Sea” fue una película de éxito que la crítica especializada recibió con entusiasmo y por la cual Anna May Wong debería haber sido lanzada posteriormente al estrellato con más papeles protagonistas, pero sus interpretaciones en los años 20 no dejan de ser meros papeles de apoyo. Todo era debido a que las escenas de amor entre los actores orientales y caucásicos no se permitían en las pantallas de Estados Unidos en ese momento, por lo que los papeles principales a menudo fueron a parar a actrices de raza caucásica convenientemente maquilladas.

Uno de los resultados obtenidos por participar en la mencionada película, fue ser elegida por Douglas Fairbanks para un pequeño papel de esclava mogola en “El Ladrón de Bagdad” (United Artists, 1924), que resultó importante para ella porque acaparó mayor atención y nuevas ofertas.

En los años 20, no le faltaba el trabajo. Pasó por todos los estudios, pero  tras tantos papeles mediocres y debido a que durante años veía como se maquillaban a actores caucásicos para interpretar personajes chinos, terminó por cansarse de Hollywood.

La gota que colmó el vaso de la paciencia de Anna May Wong, fue cuando se la lanzó como apoyo de Miss Loy en “The Crimson City” (Warner Bros., 1928), en el que Loy (¡cómo no!) interpretó a la protagonista asiática.

Myrna Loy en "The Crimson City" (Warner Bros., 1928)

En aquella época, Myrna Loy acaparaba gracias a su exótica imagen, todos los papeles asiáticos. En defensa de Myrna, diremos que antes de alcanzar el estrellato, estaba harta de interpretar todos los roles exóticos habidos y por haber.

A sus veintitrés años, Anna, igual que lo hicieran antes otros intérpretes destacados no caucásicos, se trasladó a la más tolerante Europa. Trabajó en Alemania, Reino Unido y Francia, países con los que seguiría manteniendo relaciones laborales durante los años treinta, aunque regresase a Hollywood en 1931.



"Daughter of the Dragon" (Paramount, 1931)
La Paramount la colocó como la hija de Fu Manchu en la racista, pero irónicamente recordada por sus actores asiáticos, “Daughter of the Dragon” (1931). Su siguiente film fue el mencionado “El Expreso de Shanghai”.

Von Sternberg contó con dos célebres actrices como Marlene Dietrich y Anna May Wong, para componer este memorable y barroco melodrama-romántico en blanco y negro. Su uso de la luz, las sombras, los reflejos, las bulliciosas multitudes, los fundidos, el filtrado de los rayos de luz sobre Marlene… Todo esto convirtió a “El Expreso de Shanghai” en un gran éxito de público y la película más taquillera de 1932, superando a “Gran Hotel” (MGM, 1932) protagonizada por La Garbo.

Junto a Marlene Dietrich.
Un crítico del London Times quedó impresionado con la impasibilidad Oriental de Miss Wong cumpliendo con su rol en igualdad de sofisticación a la impasibilidad occidental de Miss Dietrich.

La combinación de Marlene Dietrich y Anna May Wong es uno de sus grandes alicientes, tanto es así, que se rumoreaba que la misma Dietrich se había visto un tanto eclipsada por la: “destacada, poderosa y comedida actuación de Wong”. Viendo la película, podemos observar que Von Sternberg trata con el mismo cuidado y grado de importancia cada una de sus apariciones en el film.


Ese mismo año, hizo una prueba para el papel principal del film de Metro-Goldwyn-Mayer "The Son-Daughter". Ella escuchó rumores de que no consiguió el papel porque MGM la consideraba "demasiado china para interpretar a una china".

Fotografiada por Ray Jones en 1934
("Limehouse Blues")
A partir de este momento, aunque su carrera abarcó toda la década de los 30, sus películas fueron de mal en peor, destacando “Limehouse Blues” (Paramount, 1934) y “Daughter of Shanghai” (Paramount, 1937). Sus papeles iban desde la compañera del gánster a la misteriosa villana en melodramas baratos y películas de detectives.

La decepción profesional más grande sufrida por Anna May Wong data de este periodo. Se presentó a las pruebas tanto del papel protagonista como el secundario de “La Buena Tierra” (MGM, 1937), pero finalmente fueron interpretados por las actrices Luise Rainer y Tillie Losch, caracterizadas como mujeres asiáticas. Rainer ganó el Oscar por esta película.

Luise Rainer en "La Buena Tierra" (MGM, 1937)

Prácticamente retirada desde 1942, con tan solo 35 años de edad, sus apariciones en los años 40 se reducen considerablemente y son en producciones de serie B. En la década de los 50 tuvo su propia serie de televisión “La Galería de Madame Liu-Tsong” (1951), pero no duró mucho. Su última aparición fue en un éxito modesto, con un papel estereotipado como criada de Lana Turner en “Retrato en Negro” (Universal, 1960). Posteriormente recibiría alguna oferta, pero estas no se materializaron.


En diciembre de ese mismo año enfermó. Anna May Wong fumaba y bebía en exceso, sufría frecuentemente de depresiones y tras una larga batalla contra la cirrosis de Laennec causada por el consumo de alcohol, murió en su casa a la edad de 56 años de un ataque al corazón.

A Anna May Wong, le encantaba leer, bailar y la música contemporánea. Hablaba inglés, alemán y francés, además tenía conocimientos de otros idiomas. Mantenía su forma física, montando a caballo, jugando al golf y al tenis. Le gustaba cocinar y obsequiaba frecuentemente a sus invitados con suculentas cenas de platos asiáticos. Le gustaba la ropa informal, pero mantenía inteligentemente los motivos orientales en su vestuario formal.

En Berlin en 1929
junto a Marlene y Leni Riefenstahl.
Ana May Wong nunca se casó, pero mantuvo relaciones interraciales con hombres maduros. Algunas fuentes (que no he podido confirmar) la relacionan en la década de los 20 con los directores Tod Browning y/o Marshall Neilan, destaca de todas formas el hecho de que Wong era menor de edad. Durante su estancia en Alemania conoció a Leni Riefenstahl y a Marlene Dietrich, rumoreándose que entre ella y Dietrich existió algo más que una mera amistad.



Aunque Anna estaba fascinada por la tierra de sus antepasados, incluso se reunió con la primera esposa y el hijo de su padre, se dio cuenta de que estaba demasiado occidentalizada para permanecer mucho tiempo allí. Ser una mujer emancipada en la sociedad china estaba mal visto, y su reunión fue vista con desaprobación. Durante su visita, compró una gran cantidad de vestidos chinos que posteriormente utilizó en el escenario y la pantalla. Durante la Segunda Guerra Mundial, los subastó para ayudar durante la Guerra China-Japonesa.

A lo largo de su vida combatió el racismo y los estereotipos, mientras que al mismo tiempo era ampliamente criticada por los nacionalistas chinos, tanto en China como en Estados Unidos.

La comunidad china sentía que los papeles que interpretaba en el cine perpetuaban una imagen negativa del pueblo chino. Sin embargo, su determinación, su elegancia, su belleza y sofisticación le dieron muchos elementos positivos a sus actuaciones, y se convirtió en la encarnación de la feminidad asiática para toda una generación de espectadores de cine.

Anna May Wong, recibió el reconocimiento de la industria cinematográfica en 1960, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. También se la representó  en uno de los cuatro pilares de entrada a la "Gateway to Hollywood" (la escultura es un homenaje a las etnias de Hollywood). Junto a ella se encuentran las actrices: Dolores del Rio (Latina), Dorothy Dandridge (Afroamericana) y Mae West (Caucásica).


Aunque muchos aspectos de su vida y su carrera, siguen siendo un misterio, la contribución de Anna May Wong al mundo del cine es única.

"Estaba tan cansada de los papeles que tenía que interpretar… ¿Por qué los chinos siempre tenemos que ser los villanos?”

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!!
Todas las fotos forman parte de mí colección.