miércoles, 15 de abril de 2015

LA MAGIA DE HOLLYWOOD

Independientemente de otras cinematografías, no tengo ninguna duda en afirmar que el cine norteamericano reinó en el arte de crear sueños, aunque estos se nutrieron en gran parte de personalidades foráneas (directores, guionistas, actores…) que imprimieron su estilo en una época, los años 30 y 40 (la de su mayor esplendor), cuando dominaba el Star System.

La reina del Art Deco.

No solo me atraen las películas de dicho período, sino también esas maravillosas fotografías realizadas por grandes fotógrafos (muchas veces anónimos), que veían la luz gracias a la labor de los departamentos de publicidad de los diferentes estudios que dominaban Hollywood.

No me imagino lo que me hubiese perdido de no haber visto, hace casi 30 años, una simple foto de Marlene Dietrich y todo lo que descubriría, cual efecto dominó, a partir de entonces.


Si bien mi afición al cine se la debo a mis padres, un semi-aislamiento voluntario más una cabeza que vivía más intensamente los sueños que la realidad, hicieron que encontrara en el cine (principalmente el clásico) mi mejor aliado. Una vez se abrió la Caja de Pandora, ya no hubo manera de cerrarla y el abanico de posibilidades que se desplegó ante mí, se descubrió inmenso.


Así empecé, cuando mi economía me lo permitía, a coleccionar películas, fotografías y libros. No es que a día de hoy mi “colección” sea para tirar cohetes, pero creo que no es nada desdeñable y está especialmente escogida.

Con motivo de mi 20 cumpleaños recibí entre otras cosas, algo de dinero, que yo invertí (otros no se en que lo harían) en un libro al que ya le había echado el ojo unas semanas antes en la Cuesta de Moyano, titulado “Leading Ladies”.

Dolores en todo su esplendor.

El libro es un claro ejemplo de cómo el poder de fascinación de sus fotografías seguía vigente. Abrió a mis ojos a muchas estrellas y en él, descubriría a Dolores del Rio.

Quizás a Del Rio ya la conocía de antes. Como he dicho, en casa éramos muy aficionados al cine y posiblemente ya habría visto las películas mexicanas de “El Indio” Fernández, como: “María Candelaría” (1943) o “Bugambilia” (1944), pero hasta que no vi a Dolores en la foto del libro que ilustraba su entrada, concretamente en “In Caliente” (1935), título por lo demás sugestivo, no había reparado en ella más allá de su faceta de actriz.

Dolores en la foto que captó mi atención.
"In Caliente" (Warner Bros, 1935)

A mí en especial me interesa más la Dolores del Rio estrella de Hollywood porque su carrera allí es, relativamente, la más desconocida por mí. Excepto por alguna película muda y algunas de décadas posteriores son difíciles de ver o encontrar en dvd. Por ejemplo: “Volando a Río” (1933) protagonizada por ella, es conocida hoy en día por ser la primera película en la que aparecen como pareja Fred Astaire y Ginger Rogers.

Pensar que una fotografía de estudio conserve esa magia es algo único e irrepetible de una época en la que se cuidaban hasta los más mínimos detalles.


Por avatares del destino, Dolores, de familia aristocrática, no tenía la necesidad de actuar en el cine, pues su posición la permitía vivir cómodamente.

Llegó a Hollywood a principios de los años 20 junto a su primer marido Jaime Martínez del Rio, después de viajar por toda Europa.


Aceptó el ofrecimiento que tiempo atrás le hiciese en su tierra natal el productor y director Edwin Carewe (algo así como el Stiller de Garbo y el Von Sternberg de Marlene), que impresionado con ella le ofrece un pequeño papel. Dolores accede a intervenir en la película, más como una pequeña broma que como el inicio de un futuro profesional.

En "The Trail of 98" (MGM, 1928)

“Joanna” (1925) sería el comienzo de una carrera que se prolongó en Hollywood hasta los años 40, cuando regresó a México.

Hollywood siempre ávida de exotismo la “vendió” en sus inicios en el cine mudo, como una especie de Valentino en su versión femenina. Pese a que le disgustó pasar al cine sonoro, se desenvuelve bien y en 1930, en la cima de su fama se casa con el director artístico de la Metro, Cedric Gibbons.

"Madame Du Barry" (Warner Bros, 1934)

Gibbons es prácticamente el responsable de la consolidación de Dolores como estrella en Hollywood. Del Rio, abandona el rol de estrella exótica para convertirse en una de las grandes princesas de Hollywood. En el tiempo que duró su matrimonio, por su casa Art Deco construida por Gibbons a capricho de Dolores, pasará lo más granado del mundo del cine.

Acompañada de Marlene Dietrich, Lili Damita y Errol Flynn.

Considerada en su tiempo “la segunda mujer más bella de Hollywood” (la primera era Garbo según la revista Photoplay), se convertiría tras su paso por RKO, en la respuesta de Warner a la Garbo en Metro y a Dietrich en Paramount. Dolores, interesada en la moda y las artes, fue precursora de un nuevo tipo de belleza que incluso influyó en una gran diva como Joan Crawford.

Garbo, Dietrich y Del Rio, las divas de los 30.

Era tal su impacto, que cuando el productor David O. Selznick preparaba una película para Dolores, le comentó al director King Vidor: "No me importa que historia utilices, pero al final, Del Río debe de ser arrojada al interior de un volcán". La película era “Ave del Paraíso” (1932).

Por aquella época los estudios tenían el tiempo y el dinero necesario para hallar estrellas y pulirlas a su antojo, contaban con una serie de artistas dedicados a diseñar imágenes sofisticadas o simplemente atractivas para el público. La personalidad, el carisma y la belleza de estrellas como Dolores del Río, Lombard, Dietrich o Crawford, crearon estilos que serían copiados por millones de mujeres.


A finales de los años 30 su carrera empieza a declinar y ni siquiera su marido Cedric Gibbons, hombre clave en Metro, puede hacer nada por ella en unos estudios donde ya contaban con grandes estrellas femeninas como Garbo, Harlow, Crawford, Shearer y no estaban a favor del lucimiento de estrellas raciales. No solo Dolores fue víctima de este tipo de “política”, peor lo tuvo Anna May Wong.

Dolores y Anna May Wong, marcando la diferencia.

Si bien el glamour no desaparece en la época siguiente, sí pierde sus rasgos más característicos y como muchas estrellas, debido a sus grandes salarios y poco impacto en el público, es declarada “veneno para la taquilla”, ya que no encajan en el perfil de estrella comercial que se impondrá en los años 40.


Después de verse relegada a películas mediocres, verse afectada por la “caza de brujas” hacia los supuestos comunistas del cine y su tumultuoso romance con Orson Welles, Dolores toma la decisión de regresar a México y comenzar una nueva etapa, que en propias palabras de la actriz, definiría así:

“Quería dejar de ser estrella y convertirme en actriz y eso sólo lo podría hacer en México.”

Es posible que se convirtiera en actriz, pero sigo prefiriéndola en su etapa en Hollywood. Para mí su imagen en los años 30 es más poderosa.

Ya he dicho que vivo más para los sueños que para la realidad.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake.

Todas las fotografías de mi colección.