sábado, 19 de octubre de 2019

EL DÍA DE MI MUERTE


Muerte
Del lat. mors, mortis.
1. f. Cesación o término de la vida.
2. f. En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma.

Ser o no ser...
La muerte es una compañera de viaje que nunca sabes cuándo te saldrá al paso. En general tengo miedo de pocas cosas, pero a la muerte no. No sé si será debido a que desde niño, gracias a los documentales de naturaleza, he sido consciente de que la muerte es inevitable. ¡Otra cosa es como llegar a ella!

“Uno debe tener miedo de la vida, no de la muerte.”
Marlene Dietrich

Como a las grandes estrellas de cine me preocupa más el hecho de envejecer. Desde luego lo de dejar un bonito cadáver como algunas tampoco me interesa. Solo se lo disculpo a Jean Harlow, más que nada porque no lo eligió ella. Eso de convertirse en mitos por morirse joven me parece una tontería. La cosa es quedarse en un punto intermedio. Ni demasiado joven ni terminar siendo una pasa. No engaño a nadie si digo que todos nos convertiremos tarde o temprano en uvas pasas.

¡Queridísima mamá!

Me hace “gracia” cuando fallece alguien conocido, sea actor, escritor, bailarín, etc, pasados los 90 años y a la gente le parece una perdida terrible. A mí no me produce ningún trastorno. ¿Qué esperaban? ¿Qué nos sobreviviese a todos? ¡¡Qué espanto!! Yo desde luego no espero llegar a los 100 años. Eso mismo le digo a mi médica de cabecera cuando me recrimina que fume tanto.

Mi ideal de muerte romántica es como el de Margarita Gautier en “La Dama de las Camelias” de Alejandro Dumas Jr., así en mi camita, sujetando un coqueto pañuelito y sacando fuerzas de donde sea para arreglarme un poco para las visitas. Con una habitación minúscula me apañaría, como no tengo muchos amigos con dos que me visitasen ya tendríamos el aforo completo. Este ideal está descartado porque no me seduce la idea de la enfermedad y pasarlo mal, además nunca sabes cuándo aparecerá alguien y te pillará desprevenido sin arreglar.

Estoy mala, muy mala, mala de acostarme.

De todas formas en cuanto a las visitas inesperadas, sea que esté postrado en mi cama con los últimos estertores de vida o postrado en la cama de un hospital, tengo indicaciones precisas para evitarlas, que conoce muy bien Escolopendra Venenossa, aunque no creo que pudiese cumplirlas a rajatabla. ¡¡Menudo marrón!!

¡No me mandes flores!

Lo único que tendría en común con Miss Gautier es tener una solitaria muerte, porque dudo que la acelere con una licenciosa vida, a no ser que me tocase la primitiva y todavía estuviese de buen ver y ánimo como para despilfarrar el premio.

“No temo a la muerte porque no temo a nada que no comprendo. Cuando empiezo a pensar en eso,
ordeno un masaje y se acaba el problema”.
Hedy Lamarr

Lo de palmarla en casa depende… Maria Montez se murió ahogada en su bañera mientras tomaba su baño de sales de belleza. Muy bonito, por lo de la belleza, pero tiene sus riesgos y es el tiempo que tarden en encontrarte. Por bella y joven que seas, corres el riesgo de terminar siendo una papa arrugada. A mí eso no me sucedería pues no tenemos bañera. Resbalaría al salir de la ducha y me desnucaría con el wc. ¡Qué mala pata! (nunca mejor dicho). Ni siquiera dentro de lo malo me golpearía con el bidet o el lavabo. ¡Qué pena ser pobre! Seguro que la Montez tenía un cuarto de baño más grande que mi casa y con multitud de sitios donde dejarse caer muerta. Como el mío es minúsculo, que parece el camarote de los hermanos Marx, me encontrarían con una pose imposible de break dance.

Lana se arriesga y decide tomar un baño. ¡Antes muerta que sencilla!

En cuanto a los hospitales, espero no vérmelas en ninguno, ya sea por una nimiedad o por algo más grave. Es verdad que cuando he acudido (en dos ocasiones) por una urgencia, me han atendido la mar de bien y me sentía como una estrella de cine. La única diferencia es que en lugar de sujetar un micrófono o un premio sujetaba una botella de suero, antibiótico o lo que fuera menester. ¡Incluso me pusieron una silla de ruedas! Esto era innecesario porque podía caminar, pero mira, ya que te la ponen no te vas a poner pejigueras.

¡Está vivo, está vivo!

Puntualizo que el único problema de acudir al hospital es la persona que te lleva. En mi caso Escolopendra. La primera vez me llevó hecho unos zorros. Casi me da un ataque cuando me vi en un espejo del wc donde me encontraba rellenando un bote de muestras. ¡Para acabar en la UCI! La segunda, y por eso es importante ser precavido, me arreglé antes de avisarla del "imprevisto". Ese retraso propició una entrada en urgencias muy cinematográfica: yo desmayándome y ella gritando como una loca.

"Cuando me miro, ¡soy tan hermosa que grito de alegría!"
Al mirarme, yo también grité, pero de verme tan feo.

Lo de terminar sea como sea en un hospital, no depende de nosotros, pero aún así, si se da el caso, mis indicaciones son inamovibles para evitar encuentros indeseados. Lo principal en esa situación es tener la tranquilidad de no ver ciertas caras.
¡No tengo ganas de que me amarguen mi momento! 

“Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros”.
Groucho Marx

Ya sabéis, no por primera mano supongo, que en el último suspiro o después, siempre aparece alguien que: o bien hacía la pera limonera que no daba señales de vida o que quiere reconciliarse en el último momento. El perdón cristiano está muy bien en ocasiones pero no para esa en concreto. El momento de la muerte de uno es similar a cuando te toca la lotería: ¡siempre salen amigos y familiares hasta de debajo de las piedras!

¡Porras, el tío de Soria!

Y luego están los comentarios en plan: ¡era una bellísima persona! Como no resucitaré a los tres días como Jesucristo o como Drácula (elegid lo que os convenga), para poner las pilas a más de uno, también tengo mis indicaciones post mortem. Si algo tienes que decir di lo mejor y lo peor que te venga a la cabeza. No me creo que todo el que se muere termine siendo una bellísima persona. ¡Sinceridad ante todo!

La Dietrich probando nichos bajo la atenta mirada del dependiente.

Solo espero en mis últimos momentos de lucidez, dejar mi lista negra preparada para que no se me cuele nadie. Otra opción es sobrevivir a todo el mundo, pero es mucho más difícil. Además si reduces las visitas al velatorio evitas que alguien te robe el protagonismo. ¡Total si luego se ponen ha hablar de sus cosas!

Que le dejen dormir,
que se callen los que callaron
cuando estaba vivo.
Gloria Fuertes

¡Lo voy a dejar todo atado y bien atado!

Lo mismo que para mis últimos momentos también tengo indicaciones para mi lugar de "reposo". Cuando salgo con Escolopendra Venenossa y con MY BFF Carmen von Heisenberg, invariablemente siempre terminamos hablando de entierros. Tanto hablar de estrellas muertas y de la Hammer nos ha dejado marcados y preparados para el futuro venidero.

Lo de enterrarme a lo clásico me da grima desde que vi “La Obsesión” (1962) donde el protagonista, que sufre de catalepsia, está obsesionado con que le entierren vivo.

Mi primera opción sería construirme una pirámide para que al igual que los antiguos egipcios la rellenaran con todo lo indispensable para la otra vida. Para mí ¡es todo!, así que es un imposible y está fuera de presupuesto.

¡Yo es que me veo muy faraón hollywoodiense!

Mi segunda opción sería que me quemaran en una pira funeraria a lo hindú, pero Escolopendra me indica que eso no es posible porque mi fogata terminaría convirtiéndose en un amasijo de plástico. Algo complicado de reciclar y además contaminante. Tampoco es plan de, desde la otra vida: ¡ver parte de una de mis manos aferrada a un Pokémon derretido!

En cuanto a la tercera opción sería, en el supuesto de tener dinero, que llevasen mi cuerpo a la sabana africana para que lo devorasen las hienas. Escolopendra se niega por las siguientes razones: que está lejos, que no la van a dejar y (la más importante de todas) que los amigos y familiares que me sobrevivan deben presenciarlo. ¡Escolopendra se pone en plan exquisita y le pone pegas a todo!

Ni cuenta me daría si me devorase una bandada de cuervos.

El plan B o la más económica de esta última opción es llevarme a un muladar. Un lugar preparado para que las aves carroñeras o necrófagas den buena cuenta de mi (bello y hermoso) cuerpo. Luego Escolopendra puede aprovechar y sacarse unos euros:¡vendiendo mi esqueleto a algún centro educativo!

Estoy a un paso de convencerla. Apelo a su gusto por los nativos de Norteamérica y sus tradiciones funerarias. Se lo piensa… Pero como también exijo espectadores parece que no le hace gracia.

¡Si me reencarno en diosa espero parecerme como mínimo a Liz Taylor!

¡Buitre eres y en buitre te convertirás! Y al tercer día resucitaré como Nejeb, la diosa buitre protectora del Alto Egipto.

“El duelo es un asunto privado”.
Marlene Dietrich

En lo que respecta a la vuelta a la vida, exceptuando el caso poco probable de volver como vampiro (joven, por supuesto) paso olímpicamente. Ni vuelta ni reencarnación ni ná de ná. Bastante tenemos con una vida como para repetir. ¿Me intriga la idea de volver como otro animal? Si. Luego pienso que con la mala suerte que tengo seguro que vuelvo como algún insecto y no me da tiempo ni a tener una buena educación como: coleóptero, himenóptero, lepidóptero o díptero. Lo bueno es que sería una vida (natural) corta, lo malo es que puede ser tan corta que no me dé tiempo ni a desarrollar unas alas porque me coma una araña, me pise un desaprensivo o me rocíen de insecticida de marca blanca. Ni opción tendría a primeras marcas como la popular Raid. Todavía recuerdo una camiseta que tenía con unas cucarachas gritando. ¡Me encantaba!

¡Feliz como una perdiz con mi bolita de estiércol!

Puestos a suponer te puede pasar que vuelvas mitad y mitad, al estilo del protagonista de "La Mosca" (1958)Lo malo es que regresas con una voz de pitufo que flipas y así no hay nadie que te entienda cuando hablas. Estando vivito y coleando tampoco se me entiende del todo... ¡Me acusan de que no vocalizo!

Por jorobar quizás volvería como bogavante para hacerle ojitos a mi amiga Tere. Ella sabe…

-Te dí la vida y también te doy la muerte.
-Gracias mami, ¡menudo regalazo!

Como regresar de “De entre los muertos” es inapropiado, prefiero aunque tengo “Vértigo”, subir al cielo si es que existe alguno y lo que es más importante: ¡si me dejen entrar!

Religioso no soy mucho pero el concepto de “cielo” me viene como anillo al dedo para imaginarme un supuesto cielo hecho a mi medida. Cada uno tiene una idea de su “cielo” ideal: unos ver a sus familiares, otros a sus mascotas, otros a todos a la vez, otros un bosque con un lago, etc. El mío sería verme rodeado por todas las estrellas del cine clásico. Y como digo yo: ¡El muerto al bollo y el vivo al hoyo!

El día que nací
dijo una verdad mi abuela:
esta niña ha de vivir,
hasta el día que se muera.
Cancionero Popular

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

“Solo está durmiendo, esperando una nueva vida”.
Henry Frankenstein (Frankenstein, 1931)