domingo, 24 de febrero de 2019

DÉJAME TRANQUILO (Remixed & Revisited)


Me encantaría poder decir que el pasado día de los enamorados, cuando empecé a escribir esto, acababa de ver “Kong: La Isla Calavera” (2017), pero no es verdad. Hubiese sido un golpe de efecto porque siento un verdadero amor por los “monstruos”, que mencionaré a partir de aquí como criaturas, que me gusta más. Lo de monstruos lo dejo para los Homo sapiens, que a fin de cuentas son los que no paran de tocar las narices y los que provocan la mayoría de los desastres que nos asolan.

Hedora, la burbuja tóxica.

Hubiese estado bien decirlo, pero me resulta casi imposible mentir. Nunca he podido y no porque me descubran sino porque no me gusta. Si llego a hacerlo, confieso en cuestión de segundos. Puede darse el caso que Escolopendra Venenossa, viéndome más contento de lo habitual sospeche algo, pero antes de que le dé tiempo a preguntarme ya le he confesado, por ejemplo, que me he comprado unos cromos de los Pókemon al ir a por el pan. Si me remuerde la conciencia ocultarle eso, no sé como lo llevaría con asuntos todavía más importantes. También os digo que Igual que me cuesta mentir, también me cuesta: ¡mantener la boca cerrada!

Kong a punto de usar su Pokeball y hacerse con todos...

¿Conocéis el refrán “El que avisa no es traidor”? Pues eso… No tengo el aliento radioactivo de Godzilla, pero según cómo, cuándo y por qué me molesten, mi nivel de explosividad volcánica sube como la espuma. A veces cualquier excusa me vale y paso de la tranquilidad a la ira en pocos minutos. En ocasiones, las pocas, me retiro “pacíficamente” antes de que la sangre llegue al río, pero la mayoría de las veces suelto sapos y culebras por la boca. No es muy agradable de ver y oír, y menos si eres el sujeto que lo recibe.

Godzilla contraataca junto a Anguirus.

Depende del mismo índice puede que me arrepienta y me disculpe, pero otras no. De todas formas, una vez aprietas el acelerador y sueltas todo lo que se te pasa por la mente, no hay forma humana de corregirlo. Y aquí viene muy bien esa frase de: “perdono pero no olvido”. En eso soy como los búfalos y los elefantes, que olvidar se olvidan de poco. Fue un caso real el de un búfalo que esperó a la sombra de una acacia al tipejo que le hirió en una cacería un año antes.

La paciencia es la madre de la ciencia.

Toda esto viene porque después de ver la mencionada película y contársela a Escolopendra Venenossa, le comenté que siempre me pongo del lado de las criaturas y simpatizo con ellas. Escolopendra, que es mi Pepito Grillo, me contestó: “¡es porque te identificas con ellas, pero eso ya lo sabes de sobra no hace falta que te lo diga!” ¡Me encanta oírlo, por cierto!

¡Te he dicho mil veces que no me pises el suelo mojado!

Al igual que Kong, valoro la tranquilidad y soy muy posesivo con mi espacio vital, mis cosas y algunos amigos. Cualquier cosa que me perturbe desata a la criatura que llevo dentro y salto a las primeras de cambio, así que entiendo perfectamente lo que le pasa por la cabeza.

La primera palabra que aprende una criatura en todos los idiomas es:
¡Venganza!

“Kong: La Isla Calavera” comienza con un prólogo que se desarrolla durante la 2ª Guerra Mundial y continua a partir del final de la Guerra de Vietnam. Al ego humano (aquí el de EEUU) le gusta mucho tirar de sus  éxitos y derrotas del pasado. En este caso se vengan en el pobre Kong de sus derrotas. Además descubrimos que los motivos que tienen para explorar la isla es ser los primeros en conquistarla y aprovecharse de los recursos que encuentren. ¡Algo tan real como la vida misma!

Las manazas del Homo sapiens
alcanzan cualquier lugar por lejano que esté.

Navegando hacía ella van de la manita un grupito de científicos y soldados (la ciencia y las armas siempre juntas) y un exsoldado, ahora como guía y una fotógrafa pacifista, ambos con sentimientos ecologistas. Nada más alcanzar la isla empiezan soltando explosivos. ¡Fenomenal!

A Kong le dejan la isla hecha unos zorros.

Kong que está tan pancho en su isla comiendo megaplátanos se pilla un rebote espectacular. Él no está solo en ella, también hay animales y nativos rarunos a los que cuida. Lo que no entienden los cabeza de chorlito cuando Kong se enfada, es que sólo quiere que le dejen en paz, como a la Garbo.

Santa Greta de la paciencia.

Llegar a un lugar y arrasarlo es algo muy habitual del ser humano, así que no me extraña que las criaturas a las que molestan decidan tomarse la justicia por su mano. ¡Ellas son muy vivas! A mí me pasa más o menos lo mismo cuando invaden los alrededores de mi cabaña en el lago siempre que hay algún evento cerca.

Godzilla hasta los mismísimos del transporte público.

En los años 50, Godzilla y otras criaturas por el estilo, fueron una metáfora sobre los ataques nucleares. Ahora en la actualidad, bien podrían representar el miedo a ser destruidos por un país hostil, cualquier loco presidente de una gran nación o el cambio climático. En cualquiera de los casos, nos queda claro que el egocentrismo humano podrá con todo, lo mismo que sucede en las películas con criaturas colosales de por medio: "la estupidez humana no la resuelve ni Kong ni Godzilla juntos".

¡Megalodón, cuando acabes con los surfistas ve a por los ciclistas!

Cuando los Homo sapiens invaden simas oceánicas, parajes desconocidos o talan árboles sin una razón de peso, irritan a un Megalodón que devora todo lo comestible que encuentra, a Godzilla que destruye todo a su paso, o a mí que maldigo a las instituciones municipales hasta llegar a casa.

Un pedrusco bien utilizado
puede convertirse en un arma de destrucción masiva.

¡Ya me gustaría actuar como Godzilla! Él no se anda con chiquitas y harto de tanta intromisión (recordemos que no le dejan en paz desde los años 50) se dirige hacia la costa más concurrida, sea ésta la bahía de Tokio, Torrevieja o el mismísimo Benidorm, asolándola. ¡Encima la gente se queja!

Godzilla se acerca a los autobuses que se dirigen a Lourdes. 

El leitmotiv de Godzilla es ir y venir de su isla atravesando el océano hasta llegar a tierra, buscando venganza, algo así como cuando yo voy al DIA buscando mí bebida de avena favorita. La diferencia está en que él tiene la satisfacción de quedarse a gusto destruyéndolo todo y en cambio yo no puedo derribar estanterías al no encontrarla.

Davidjason practicando su gruñido de guerra.

De todas formas no todas las criaturas tienen por qué ser ficticias y de maneras burdas. También las hay reales y de modales glamourosos. Ahora que acabo de leerme un libro sobre Greta Garbo comprendo su proceder y la entiendo perfectamente. Entre la película de Kong y el libro de Garbo, me imagino ser un hijo no reconocido de ambos: mi carácter es el de él, pero mis maneras son las de ella. Teniendo en cuenta estos padres ficticios, no me extrañaría que Escolopendra, mí querida miriápodo piense que comparte su espacio con una caja de explosivos marca ACME, por lo inestable de uno y lo fría de la otra.

Para tratar a una criatura nada mejor que hacer uso de un manual de instrucciones.

Cualquier cosa me irrita, suelo explotar a la mínima de cambio y soy dado a hacer salidas de lo más cinematográficas. A veces fantaseo con tener la fuerza bruta de Kong, Godzilla y pisotear cabezas o ser como la Cosa de los 4F y soltar su conocida frase: ¡es la hora de las tortas!, pero considerando mí fuerza física puede que salga perdiendo si se la compara con la de La Divina.

Es ver a este perro en un callejón oscuro y salir corriendo...

En parte soy como los perros pequeños que se creen grandes. Como nuestro Frankie, que a veces se crece cuando ve un perro que le dobla en tamaño y le entran unos prontos de mala baba, pero desconoce que él no tiene ni medía hostia. ¡Admiro su valor y atrevimiento!

Grace Jones no entendió muy bien qué es eso de atención al cliente.

Si bien mi carácter es muy parecido al de mis queridas criaturas, prefiero en lo posible, cuando no me dejan en paz, no hacer escenitas dignas de criaturas como una Grace Jones (montando líos en aviones) o una Björk (soltando tortas a periodistas) y decantarme por el estilo Garbo. ¡Qué mujer! ¡Mucho en común tengo con ella y yo no lo sabía!

El mejor amigo de uno es uno mismo.

A ella le gustaba estar sola en casa tranquilamente y que la dejasen en paz. Pasar tiempo en la cama, leer un libro en su jardín o nadando en la piscina. No contestaba al teléfono ni abría la puerta a nadie. Sólo mantenía relación con un pequeño grupo de amigos y no siempre todos juntos. Si en un encuentro con éstos aparecía un desconocido, se largaba a casa, cosa que también hacía en el trabajo cuando algo no le gustaba. Nunca iba a fiestas y si aceptaba una invitación no aparecía.

La Garbo a su vuelta de quemar la casa de sus vecinos con ellos dentro.

Si alguien quería que se la presentaran ella contestaba: “¿Para qué quiero conocer a alguien que no conozco?”.  Si una señora, por ejemplo, la saludaba en una tienda, salía en desbandada relatando en alemán algo así como: “¡Qué querrá ésta!”. Si daba, en alguna ocasión, una pequeña cena en su casa, llegada una hora decía: “¡Ya es hora de que os marchéis!”. Que la tocaran o abrazaran, malo. Que la preguntaran, malo. Si iba a un local y estaba más o menos lleno, se largaba... siempre poniendo pegas a todo. ¡Algo por cierto muy mío!

¡Pero no toques, por qué tocas!

Greta Garbo quería tener una existencia anónima y tranquila como las criaturas de ficción, sean estas Godzilla, Kong o Davidjason. ¿Por qué molestarlos y luego sorprenderse de que se conviertan en auténticas fieras?

¡Divina Garbo, divina hasta en la borderia!

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor, excepto las de Kong: La Isla Calavera (2017), Megalodón (2018) y El Coyote.
Escaneo: Godzilla King of the Movie Monters (1996) by Robert Marrero.
Búfalo: acuarela del autor.

¡Es eso y más!"
María Escolopendra Venenossa

A todas las criaturas que no se sienten normales.

sábado, 26 de enero de 2019

MUJERES ENAMORADAS


Enamorar
1. tr. Excitar en alguien la pasión del amor.
2. tr. Decir amores (requiebros).
3. prnl. Prendarse de amor de alguien.
4. prnl. Aficionarse a algo.


¡La Sra. Claypool, una eterna enamorada!

“Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición,
se encuentran con que se han casado.”
Groucho Marx

Después de 8 años con el blog mi sapiencia no da para más y como no quiero parecerme a esos grupos de música pop que no dejan de repetirse como el ajo desde hace décadas, he pedido a mis amigos y conocidos que me sugirieran temas para inaugurar el 2019. Como no tengo 80 mejores amigos o amigas como diría Terenci Moix y este blog lo leen tres o cuatro y uno de ellos soy yo, el éxito ha sido más bien escaso.

Mi amiga Mariló me ha sugerido que hable sobre las películas románticas… ¡Oh l´amour Oh l´amour Mon amour! Como bien le hicieron saber otras lectoras que respondieron a mi demanda, las películas románticas al uso no suelen gustarme. Baste como ejemplo: “Love Story” (1970). ¡No me la mentéis que me da algo!

Margarita haciendo uso de la fitoterapia.

Aunque no andan del todo desencaminadas, algún toque romántico no me viene mal, sobre todo si termina de forma dramática o hay zorreo de por medio, acabe este bien, mal o sea el método utilizado para sacar tajada o aprovecharse de algún infeliz. Entre mis películas favoritas se cuentan: “La dama de las camelias” (1936) o “Madame Bovary” (1949). La primera muere de tuberculosis en la más absoluta pobreza y soledad, y la segunda termina envenenándose porque no puede hacer frente a las deudas. Por cierto que los libros en los que se basan también son de mis favoritos.

¡Madame Bovary el drama de estar casada con un señor mayor!

El amor, después de todo, no deja de ser un concepto universal sobrevalorado, pasajero y manoseado. Si el amor fuese algo auténtico no se cambiaría de pareja tan a menudo, no existirían “los cuernos” y no se utilizaría ese fantástico refrán “un clavo saca a otro clavo”. ¡Me asombra la facilidad que tienen algunos de pasar de un amor verdadero a otro (también verdadero) como quién no quiere la cosa!

Pese a que no creo en el amor o el enamoramiento como tal, también es cierto que el que esto suscribe, tiene la gran suerte de gustarle los miriápodos y compartir su cabaña junto al lago con una escolopendra que adora su pútrido corazón.

“¿Cómo sabes que el amor se ha acabado?
Si dijiste que estarás allí a las siete y llegarás a las nueve, y él o ella no ha llamado a la policía todavía, se ha terminado.”
Marlene Dietrich

ROMPIENDO AMISTADES

“El demonio y la carne” (1926)
Felicitas (Greta Garbo), casada, se enamora de Leo (John Gilbert). El marido se entera y se bate en duelo con el galán. El vejestorio, claro está, muere y él debe alejarse por unos cuantos años y deja al cuidado de su mejor amigo a Felicitas. Imagino que aburrida como una mona de no dar alegría a su cuerpo Felicitas se casa con él. Leo vuelve y se encuentra la tostada, aunque retoman la relación. ¡Ella es viciosa y reincidente! Total que vuelta a empezar: ¡los amigos se enfadan y se baten a duelo! Ella se desespera de perder a uno (o quizás a ambos) y tratando de impedir el duelo se cae a un lago helado y termina tan fría como su frío corazón. En la secuencia final se puede observar como los recién recuperados amigos hacen manitas... al lado de una viejecita que hace las veces de sujetavelas.

El demonio, la carne, el cocinero, el ladrón, su mujer y su amante...

No descubro nada diciendo que los triángulos amorosos siempre acaban mal, pero si  no formas parte de uno, solo eres un mero observador y no tienes nada mejor que hacer, son una fuente inagotable de cotilleo entre los amigos de los implicados. Pero toda diversión desmedida tiene sus consecuencias: ¡arriesgarse a tener una astronómica factura telefónica si no dispones de tarifa plana ilimitada!

AMOR POR EL TRABAJO Y POR LOS COMPAÑEROS
PERO POR MÍ EL PRIMERO…

"Carita de ángel" (1933)
Lilly Powers (Barbara Stanwyck) una chica humilde y muy viva se traslada a Nueva York después de la muerte de su padre. Durante el tiempo que trabajó en el bareto de él, se queda con la copla de las malas artes de sus parroquianos a los que emboba con su figura. Con la lección bien aprendida empieza a escalar posiciones en su nuevo lugar de trabajo. Empieza con el botones y termina con el director de la empresa, pasando por todos los departamentos de ¡ojo al dato! un gran rascacielos. Se presupone que rompe amistades, parejas y matrimonios. Todo ello sin recurrir a las fiestas navideñas de empresa donde es muy común que suela haber tomate.

Apoyá en el quicio de la mansebía...

Como curiosidad, la empresa tiene el peculiar nombre de Gotham Trust Company. ¿Dónde estaba Batman para pararla los pies?

Ni másteres, ni hincar los codos estudiando.
¿Qué articulaciones tendría doloridas? ¡Matrícula de honor para ella!

Me duelen las piernas... de ser tan guapa...

AMOR DE ESPOSA Y MADRE

“Anna Karenina” (1935)
Anna Karenina (Greta Garbo), esposa y madre modelo, da un nuevo impulso a su vida enamorándose del Conde Vronsky (Fredric March) y abandonando a su esposo e hijo. Esta relación terminará arruinando su vida. Lo curioso del caso es que cuando conoce al Conde, ella va a visitar a su hermano para impartir moralina. Su hermano, debe ser que lo llevan en la sangre, lleva una vida disoluta. Rechazada por su marido y abandonada por su noviete, que está harto de tanta queja y melancolía, no tiene lugar a dónde ir. Pese a todo, va directa a la estación más próxima de tren. ¿Va a alguna manifestación de la CGT? ¿Va a revelar su rollo a Atención al Cliente? Quién sabe... Termina lanzándose a las vías al paso de un tren de cercanías.

"Hoy, todo el día, me sentí tan sola"

Nunca intentes colarte sin billete o subirte a un tren en marcha. Si eres miope esto último ni lo intentes. ¡Ah, y lleva siempre el DNI o el pasaporte para que, si pierdes la cabeza, puedan reconocerte!

“La Venus Rubia” (1932)
Helen Faraday (Marlene Dietrich), otra esposa y madre devota, se sacrifica por su marido enfermo y para poder pagar las facturas del médico, pues su enfermedad no la cubre la Seguridad Social y no existía el Change, vuelve al mundo del cabaret del que nunca debió salir. ¡Poniéndose el mundo por gorila! consigue el dinero suficiente para mandar al marido a la Conchinchina. Luego sabremos que el dinero no viene de su trabajo, aunque el cabaret se le da de miedo, si no de manos de un apuesto playboy que se encapricha de ella.

"Yo quiero marcha marcha, yo quiero marcha marcha, tu quieres ¡marcha!"

Ni corta ni perezosa recoge cuatro bártulos, al niño, deja su hogar y se muda a la mansión del galán para vivir a cuerpo de reina. Una reina aburrida pero reina a fin de cuentas. El inesperado regreso del marido termina con su vida licenciosa y acaba ejerciendo la profesión más antigua del mundo de garito en garito. ¡Cuanto más sórdido mejor! Pasado un tiempo nos encontramos a Nick el playboy en París viendo un espectáculo. Allí actúa nuestra protagonista convertida en superestrella. Después de un intercambio de parabienes, el amante la lleva de vuelta a su casa dónde el marido le perdona todo. ¡Vamos que el marido es tonto del culo!

Nick: ¿Todavía lo amas?
Helen: Él me necesita.
Nick: Yo también Helen.
Helen: No como él. Eres fuerte Nick. Él no lo es.

Inexplicablemente ella abandona el lujo para regresar a lavarle el culete a su hijo. ¡Si esto no es amor del bueno, no sé yo! En fin…

¿Mamá qué significa "Bitch"?

AMOR POR EL LUJO Y EL PODER

“Tierra de Faraones” (1955)
Nélifer (Joan Collins) es una ambiciosa princesa chipriota que se encuentra tan ricamente en su palacio pero quiere más. El faraón Kheops buscando la manera de reducir la deuda contraída por la construcción de su pirámide se acerca a Chipre, que le pilla a mano, a sacarles los cuartos y se enamora de Nélifer.

Todo esto sucede porque sus súbditos están hasta los cataplines de pagar por todo, en especial por estacionar sus carros y caballos. Para colmo los tienen que dejar cerca del desierto del Sahara, porque por no sé qué invento del faraón no pueden aparcar en: ¡las inmediaciones del río Nilo!

Acuérdate picarona, cuando debajo del puente me decías por lo bajo:
"Aprieta, que viene gente."

Con el dinero recaudado en Chipre en una mano y la princesa ambiciosa en la otra, vuelve a la capital. Allí se casa con ella y lo que al principio parece una relación ideal de dos enamorados, se convierte en un infierno para él y el resto de esposas y familia.

Nélifer en parte solidarizándose con el pueblo llano o con las riquezas de su maridito, atenta contra la vida de él, la de su hijo y de camino se carga a unas cuantas personas, entre ellas a la primera mujer del faraón utilizando una víbora áspid. ¡Además de guapa Nélifer es herpetóloga!

¡Casarse es ponerse una serpiente en el propio bolso!

Una vez muerto Kheops, a Nélifer la llevan a ver la pirámide: ¡un edificio más alto que el antiguo edificio de correos de Madrid! Acompañada de unos cuantos calvorotas, Nélifer recorre la tumba-monumento y se enoja de ver el desperdicio que es dejar allí tiradas tantas riquezas. Cómo se pone un poco chula, los calvorotas que no pueden contestarla porque son mudos (les cortaron la lengua para que no pregonaran los chanchullos del difunto y su camarilla), empiezan a darse de cabezazos contra la pared con tan mala fortuna que aciertan a dar en el engranaje de sellado de la pirámide.

¡A Nélifer le hubiera ido mejor buscando pareja en eDarling!

Viendo Nélifer el percal que le espera, encerrada con un grupo de calvorotas mudos y encima castrados, se lanza como si no existiese un mañana a beber cerveza en un vaso canopo.

“La Abeja Reina” (1955)
Otra que tal baila es Eva Phillips (Joan Crawford). Mujer blanca, madura, casada e infiel, enamorada del lujo y el poder, hace la vida imposible a todos y cada uno de sus familiares. Para dejar las cosas claras a más de uno le basta con sacar su mano a pasear. ¡Estampa su "firma" a diestro y siniestro!

Miss Phillips a punto de imprimir su sello personal...

Egoísta y maquiavélica, en vez de divorciarse de su marido le conduce al alcoholismo: ¡encima alcohol del barato! Eva es bastante rácana, por cierto. Es tan perra que intenta por todos los medios impedir el matrimonio de su cuñada. Tiene una razón de peso: ¡el prometido es su amante! ¡Qué mal ojo el de la cuñada para buscar pretendiente!

¡Lo mejor que le puede pasar a una mujer moderna
es tener un marido en la sombra!

Su vida familiar y sus intrigas están a la altura de series de televisión como “Dinastía” o “Falcon Crest”.

AMOR PAPICHULO (Papi Chulo... Te traigo el Mmmm)

“Tú quieres mmm, Te gusta el mmm, Te traigo el mmm”

¿Qué tienen en común Kitty, Phyllis y Cora? Yo os lo digo: ¡el gusto por los vejetes!

“Perversidad” (1945)
Christopher Cross (Edward G. Robinson) un pardillo con un físico a caballo entre Yoda y un pequeño villano de una película de James Bond con cierto parecido a un ex-presidente, se enamora perdidamente de Kitty (Joan Bennett). Christopher está casado, es aficionado a la pintura y trabaja como cajero en un banco. Kitty se deja querer, no porque le apasione la pintura como a la Baronesa Thyssen, si no por tener siempre disponible un cajero automático.

"Pintar, pintar, pinta sin parar
mojar y extender y vuelta a empezar"

Cómo le ha dicho que es un pintor de éxito, para satisfacer sus demandas económicas, Christopher roba dinero del banco donde trabaja. Esto hoy en día no llamaría mucho la atención viendo como han ido las cosas… ¡Ella quiere más, mucho más! Como si de una reina Alien se tratase, su apetito por el dinero es inagotable y él sigue alimentándola a base de bien. El desdichado está enamorado de ella hasta las trancas. ¡Hasta le hace las tareas del hogar!

¡Tener a este señor en casa es mejor que arriesgarse a ir a una manicura china!

Si hacerle limpiar el polvo y delinquir no es suficiente, para mayor humillación aparece en escena un amante (más joven, por supuesto) de Kitty que se dedica a vender sus cuadros haciéndolos pasar por obras de ella.

Los galeristas siempre pensaron que él era un pintamonas y no se tomaban su arte en serio. Pero cuando estos mismos cuadros se les presentan de nuevo, como si la “autora” fuera la sexy morena se deslumbran y los cuadros se convierten en la sensación del momento. ¡Para Ifema se los llevan y los presentan en ARCO!

“Perdición” (1944)
Un agente de seguros Walter Neff (Fred MacMurray), acude a casa de un cliente para que renueve un seguro. Quién aparece en escena no es el asegurado (un vejete) en cuestión, si no su segunda y joven mujer ataviada solamente con una toalla de baño. En lo que media de subir las escaleras, arreglarse un poco y volver a bajar, Walter ya se ha enamorado perdidamente de Phyllis.

De pronto me paro, alguien me observa.
Levanto la vista y me encuentro con ella.
Y ahí está, ahí está, ahí está...

Pacharán arriba pacharán abajo y coqueteo incesante, Phyllis trama con la ayuda del incauto vendedor de seguros finiquitar al marido. Antes de llevar a cabo su plan, han de convencer al marido de que se haga un seguro de vida. Aprovechando que tiene que pillar un tren para ir a una convención fuera de la ciudad se le cargan. ¡Qué parezca un accidente!

Cucú, ¿qué ves?

Después de tanto trabajo Walter se entera que su amada tiene un amante, por lo que corre a su oficina a confesárselo a su jefe (el mismo tipo que era un pardillo en “Perversidad”) y confiesa: "Lo maté por dinero y por una mujer. Ni conseguí el dinero, ni la mujer. Estupendo, ¿verdad?"

Como curiosidad el bromista de Billy Wilder llamó a su femme fatale Phyllis Dietrichson. Un claro homenaje a la fatale por excelencia Marlene Dietrich.

“El cartero siempre llama dos veces” (1946)
Cora (Lana Turner) dirige un diner (restaurante prefabricado) o un KFC con su marido bonachón pero vejestorio. Un día aparece un mozo superior, de esos que: ¡si estiran los brazos hacen saltar los botones de sus camisas! Eso le pareció a Cora, pero tenemos que tener en cuenta que vive con un viejo. Si hubiese entrado al establecimiento un tirillas tampoco hubiera puesto reparos.

Pisa rubia, pisa con garbo, que un relicario me voy a hacer.
Con el trocito de mi capote que haya pisado,
que haya pisado tan lindo pie.

Si ante la visión del macho (John Garfield) sus ojos hicieron chiribitas, no os quiero ni contar la reacción de él cuando se la encontró delante con turbante, una minúscula blusita anudada al pecho y unos escuetos shorts. Solo puedo decir que si él se hubiese dedicado a patentar la cremallera automática se: ¡habría forrado y ahorrado disgustos!

Después de un intenso y tórrido romance, Cora le plantea y convence a Frank (Garfield) de que la solución a sus problemas es acabar con el marido cuanto antes. Por supuesto, se lo tiene que cargar él. Ella no está dispuesta a despeinarse o lo que es aún peor: ¡romperse una uña!

Al compás del chacachá, del chacahá del tren:
¡Que gusto da viajar cuando se va en el tren!

Se las veían muy felices regentando el negocio heredado y remodelado con muebles del IKEA, como una pareja modelo, pero hacer el mal tiene su castigo aunque sea por amor.

Con los calores que les daban se ahorraban instalar una sauna y en invierno no tenían que encender la estufa. ¡Podría decirse que fueron los pioneros de la vivienda ecológica!

“Siempre que vuelves a casa me pillas en la cocina embadurnada de harina con las manos en la masa”

DESÁTAME O APRIÉTAME MÁS FUERTE

“Sansón y Dalila” (1949)
Dalila (Hedy Lamarr) empezó sus estudios de ingeniería a los 16 años, pero viendo que no la tomaban en serio decidió estudiar un curso CCC de peluquería a distancia. "¿Guapa y lista, dónde se ha visto eso?"

Cierto día al salir de su cuarto donde no paraba de echar horas en el curso, tanto que sus padres la regañaban, se encuentra en el living room de su casa a un mocetón tamaño armario ropero llamado Sansón.

Sansón (Victor Mature) se ha ganado el amor de la hermana de Dalila pese a que su ideología es contraria a la de su familia política y los amigos de esta, que son filisteos. Dalila se queda locamente enamorada de él, pero él no le hace ojitos lo que cabrea a la pobre Dalila. ¡Jura vengarse tarde o temprano!

Murder, She Wrote...

Durante la fiesta de pedida de mano en casa de su prometida, Sansón para divertirse con los invitados o más bien reírse de ellos les propone jugar a: ¡Verdad o Reto! Aunque parezca lo contrario Sansón es muy listo y va ganando, pero sus rivales utilizando las malas artes de la bella Dalila hacen trampa y le ganan la partida.

Rebotadísimo por sentirse burlado en su propio juego pilla un enfado tan colosal (como él) que destroza todo el comedor, destroza brazos y piernas, fastidiando la fiesta y cabreando de paso al servicio que tienen que recoger todo el desaguisado. Los invitados no se quedan cortos y le lanzan de todo, principalmente lanzas, con tan mala fortuna que aciertan de lleno en la novieta (una suerte de Jessica Fletcher pero en joven) y en el suegro. Sansón huye del lugar porque está en minoría absoluta jurando vengarse. Forma una pandilla de hippies que hacen escraches a todos los filisteos con los que se topan.

¡Dalila estoy pensando en presentarme al concurso pelo Pantene!
Y tú ¿qué piensas?

Los filisteos ya están hasta los mismísimos de Sansón y descubren que su fuerza bruta depende de sus largos cabellos (detalle que no he mencionado en su presentación) por lo que recurren a Dalila, que es la peluquera que tienen a mano para que le corte el pelo y poder atraparlo.

Dalila es un poco bipolar y aunque está rabiosa con él sigue enamorada, pero fingiendo un total desinterés hacía Sansón, comenta que le importa un bledo lo que hagan con él.

Sus carceleros lo primero que hacen es cegarlo, para que no pueda ver los bonitos ojos azules de Dalila y luego le atan en un molino junto a unos asnos. A Dalila le puede el morbo y va a visitarlo quedándose horrorizada con lo que le han hecho, del trato que le dan y por añadidura a los asnos. Sabemos luego que se afilió a Pacma. Aún así sigue enamorada: ¡a ella le va el rollo friki!

¡Te dije bien clarito que solo quería que me cortases las puntas!

Tras vueltas y más vueltas en el molino le crece el pelo y para que los filisteos no se den cuenta Dalila le hace un recogido tipo boda, que le queda un poco churro. ¡De tanto ir y venir del calabozo de ver a Sansón se perdió esa lección!

Un día que sus opositores van a dar un mitin le sacan a pasear al chiringuito que han montado para ello. Como Sansón sigue empecinado en vengarse por todo el mal que le han hecho pide a Dalila, que para la ocasión ha desplumado a un pavo real (¿pero no eras de Pacma?) para embellecerse aún más, que le coloque junto a los pilares de carga. Se intercambian palabras de amor eterno al estilo: ¡no me chilles que no te veo!

"Gallinita, gallinita, ¿qué se te ha perdido en el pajar?
Una aguja y un dedal... Da tres vueltas y la encontrarás.

Recuperadas las fuerzas después de soltarse la coleta y de tomarse un Red Bull, empuja los pilares con todas sus fuerzas hasta que se le escapa un pedo, derrumbando por completo el lugar. Tampoco era muy difícil porque los filisteos que habían dejado los fondos del partido para el arrastre construyeron el lugar con piezas de LEGO y plastilina.

Ambos acaban sepultados bajo un montón de piezas en asombroso Technicolor junto a los dirigentes del partido y todos los afiliados que acudieron al mitin.

“Ámame o déjame, pero no me tortures hasta el amanecer.”

AMOR EXTREMO Y ENFERMIZO

“Que el cielo la juzgue” (1945)
Ellen Berent (Gene Tierney) una bellísima mujer obsesionada con su difunto padre, se da de bruces en un tren con el novelista Richard Harland (Cornel Wilde) que tiene un gran parecido con aquel. ¡Por lo que hemos visto los trenes no son de fiar si hay amoríos de por medio!

Ellen rompe relaciones con su prometido, un fiscal en periodo electoral (Vincent Price haciendo de bueno) y se casa con Richard. Su flamante marido, al que tiene comiendo de su mano, está fascinado por su belleza y por la vida que lleva, muy excéntrica e intensa. ¡Ellen es una especie de Paris Hilton de los años 40!

¡Estoy tan cansada de tanto currar!

Lo que no sospecha Ellen es que Richard trae “mochila” incorporada en forma de hermano pequeño inválido. Richard quiere muchísimo a su hermano, pero sospechamos que se lleva una ayuda del Estado por hacerse cargo de él y además: ¡le tiene trabajando como teleoperador en un Call Center!

Al principio Ellen se cabrea con la llegada del cuñado inválido. Aunque finge que se llevan de maravilla está harta de que cuando Richard vuelve a casa de escribir novelitas rosas, la salude a ella en último lugar. Al final un día se levanta con el pie izquierdo o dolor de lumbago, que para el caso da lo mismo y de buenas a primeras arrampla con el mozu, se monta en un jet privado y se lo lleva al lago de El Retiro a nadar. Como allí todavía (que yo sepa) hay carpas, percasoles y gambusias al chico le da un telele y ella lo remata a golpe de remo. De vuelta a su casa se plantifica el mejor Dior de su vestidor y consuela a su apenado marido.

¡Ante todo naturalidad: sonreír y saludar!

Entre lágrimas y arrumacos Ellen se embaraza. Viendo que se va a perder multitud de partys, se le deformarán los pechos de dar de mamar a la criatura y para colmo, su maridito está ilusionado con el bebé trama un plan... Superirritadisíma, no está para selfies familiares y comidita por los celos, se plantea deshacerse del nonato. ¡Cómo no se toma sus Flores de Bach, no soporta no ser el centro de atención!

-Churri, ¿qué haces?
-Estoy escribiendo una novela sobre la Guerra de la Independencia española.
-Lo dices de coña, ¿verdad?

Una buena mañana de primavera, mientras trinan los pajarillos y graznan las cotorras argentinas, se planta en una clínica para abortar pero se la encuentra rodeada de afiliados de Provida y ni corta ni perezosa de vuelta en casa se tira escaleras abajo. A la pobre todo le sale mal. Por si no fueran suficientes desgracias aparece en escena su hermana, que inmediatamente hace muy buenas migas con su cuñado. Éste incluso le dedica un libro (que le escribe un negro) a ella. ¿No es como para ponerse como una moto?

La escalera del día después...

Ante tantos contratiempos decide confesar todas sus maldades. Su marido la abandona, indignado por perder a su hermano, la ayuda y al feto. Desequilibrada perdida, Ellen decide envenenarse poco a poco mordiéndose la lengua hasta que un día la palma. Como es mas mala que cualquier mala existente, antes ha escrito una carta a su antiguo novio (el fiscal) acusando a su marido y a su hermana de intentar asesinarla. Mientras que en su testamento pone que desea que la entierren en el panteón de los Addams, a su hermana días antes le dice que quiere ser incinerada. El exnovio sospecha que la incineración es una treta para evitar la autopsia y toma cartas en el asunto. ¡Nunca llevó bien lo del abandono!

Total qué tanto la hermana como el marido son juzgados por asesinato. Ella se libra y espera sentada en una silla durante dos años a que Richard salga de la cárcel. Se reencuentran, se besan y pelillos a la mar.

¡¡Por mi marido mato!!

ZORREAR POR ZORREAR

“La caja de Pandora” (1929) 
Lulú (Louise Brooks) es una joven e impulsiva artista de vaudeville y performance. Su naturaleza desinhibida y el ser muda la hacen idónea para espectáculos de Visual Art y Live Art. ¡Con el cuerpo ya lo dice todo! Es muy abierta sexualmente hablando, tanto que provoca la perdición de todo el que la conoce, principalmente mudos. Es una suerte de Mantis Religiosa que no deja títere con cabeza.

Para luchar contra su adicción al sexo acude a la consulta de su médico de cabecera, como no es experta en el lenguaje de signos lo único que consigue de él es: ¡un buen revolcón! La única opción que le queda es ir a acupuntura. Quizás al dejarla el cuerpo como un muñeco vudú se le quiten las ganas de tener sexo.

A Lulú le va mucho el faranduleo...

Después de asistir a una sesión clandestina para combatir su dependencia, decide sentar la cabeza y casarse con un respetable y vejete editor de un periódico con gustos sadomasoquistas. Debo señalar que las terapias en su País están perseguidas por el Ministerio de Sanidad, por eso es clandestina.

Al principio más o menos todo muy bien, pero la cabra siempre tira para el monte… Un buen día aparece el hijo (de su misma edad) del maridito, que en cuanto la ve le hace un gesto obsceno con los dedos índice, corazón y la lengua. En una discusión conyugal por un ataque de celos, ella mata accidentalmente al marido intentando quitarle una pistola. Llevada ante la justicia es encontrada culpable de homicidio, pero con la ayuda de su antiguo chulo al que considera ¡fíjate! como un padre y del hijo de su marido, que sigue enamorado de ella pese a quedarse huérfano, consigue burlar a la justicia y huye. Por lo que se ve la justicia aquí si funciona, pero las medidas de seguridad escasean. ¡Lulú es más lista que el hambre!

Lulú y un señor de Murcia.

Aunque su “padre” le enseñó cómo defenderse por el mundo, da con sus huesos en un antro de juego ilegal en Francia, similar a los que abundan por cualquier barrio madrileño. ¡Vamos un PockerStar cualquiera! Allí prácticamente es “vendida” como una esclava. Tras varios meses de penurias (o no tanto, según esté rehabilitada o no de su adicción al sexo), consigue escapar y se reúne en La Gran Bretaña con sus compinches.

Lulú es más cigarra que hormiga y en su bolso no hay ni telarañas. Sus amigos desaparecen. Piensa que los verdaderos amigos no abandonan a uno en los momentos difíciles, pero intuye que puede que estuvieran hartos de mantenerla y que no hiciera nada en la vida. Recuerda que le decían constantemente: ¡Estudia o trabaja!

Lulú congela a los hombres con la mirada.

Como una tiene que comer y las navidades se aproximaban, se dedica a la prostitución para sacarse unos dineros y poder hacerse un autoregalo. Descarta pedir un microcrédito porque luego le va a "costar un riñón" devolverlo. La noche de Nochebuena se encuentra a un señor muy educado que está dispuesto a ayudarla (de esto se entera porque ya domina el lenguaje de signos). Este señor no tiene muy buenas intenciones y demasiado tarde se da cuenta que: ¡Quiere su cuerpo pero no para tener sexo! Resulta que es Jack el destripador y a Lulú se le acabaron los problemas económicos.

"En una situación de apuro lo mejor es tener un amigo como el de Lulú, pero no lo recomiendo"

Érase una vez una niña que era muy querida por todos...

Jack desapareció de la noche a la mañana. Al poco apareció un anuncio en la prensa que decía así: "Busco a un hombre llamado Jacq´s". Solo son conjeturas, pero se rumoreaba que dirigió con gran éxito una cadena de perfumerías.

“Loulou…. Oui… c’est moi”

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor excepto las que acompañan a las películas: “Perversidad”, “Que el cielo la juzgue” y “La caja de Pandora”.

“El mal está en mí.”
Rita Hayworth en “La dama de Shanghái” (1947)

“Quejarse es la muerte del amor.”
Marlene Dietrich´s ABC