domingo, 14 de mayo de 2017

DIVINAS CRIATURAS

Divina: adj. Perteneciente a Dios o a los dioses.
Criatura: f. teol. Toda cosa creada por Dios.

"No soy un mito."

Acercándose los 25 años del fallecimiento de Marlene Dietrich el pasado día 6 de mayo y seguidamente, el día 10, los 40 años de Joan Crawford, hace unas semanas comencé a escribir esta entrada. El tono que le estaba dado era más bien pesimista. No sé si tendría algo que ver en ello mi apatía, pero reflexionaba sobre el sentido que tenía mantener una afición que, en un principio, no conduce a nada.

"Yo creo en el dólar. ¡Todo lo que gano, me lo gasto!"

La sabia intervención de María Escolopendra Venenossa y sus contundentes argumentaciones: “Si hablamos de aportar… el futbol no aporta nada y fíjate en la cantidad de aficionados...”- despejó en un instante, como si de una revitalizadora lluvia se tratara, los grises nubarrones que me acompañaban.
-“El caso es disfrutar con lo que te guste, sean las estrellas del cine clásico o cualquier otra cosa. Aporten o no, es lo de menos, ya que todo es efímero.”- ¡¡Entendido Srta. Escolopendra!!
Pero… no podrá discutirme que existen aficiones y “aficiones”. Unas enriquecen (la lectura p. ej.) y otras no.


"No tengas miedo de nada."
(Joan Crawford)

"Soy un caballero de corazón."

Reconducido por el buen camino, pongo al león de la MGM por testigo que nunca más volverán a asaltarme este tipo de dudas. Las estrellas que me observan desde el más allá pueden estar tranquilas. Lo raro es que no se apareciesen cabreadas en mis sueños.

Con motivo de los aniversarios mencionados, tanto Dietrich como Crawford se han puesto de actualidad. Es verdad que más la última por la serie “Feud: Joan & Bette” (2017). El morbo vende.

"Los bolsos y los zapatos son mi debilidad.
El chicle es mi vicio y hacer punto es mi vocación."

Leyendas indiscutibles del séptimo arte, desde mi punto de vista, ambas tienen muchas cosas en común siendo tan distintas: pelirrojas y peligrosas; glamurosas y carismáticas; profesionales y disciplinadas; obsesivas de la limpieza; coleccionistas de amantes; tener hijas desagradecidas; una voluntad férrea por mantener el mito; ambas en su momento  fueron “Veneno para las taquillas”. Apunto que Joan remontó esa etiqueta rápidamente, Marlene tardaría un poco más.


"En Europa, no importa si eres un hombre o una mujer - hacemos el amor con cualquiera que encontremos atractivo."
(Marlene Dietrich)

Si bien Dietrich procedía de una familia acomodada, Crawford alcanzaría el estrellato desde la trastienda de una lavandería. Una vivía entre algodones, otra pasaba su infancia de ciudad en ciudad, rodeada de humillaciones y malos tratos.

"No soy una actriz, soy una personalidad."

La vena artística ya les venía desde niñas. Marlene era una virtuosa del violín hasta que una lesión le impidió seguir tocándolo, mientras que una lesión en el pie condujo a Joan a dedicarse a la danza. Su determinación a no verse limitada y los consejos de un especialista, que le aconsejó que se ejercitara con ejercicios de baile, solventaron el problema de una extremidad que muchos médicos daban por perdida. Joan se convirtió en una gran bailarina. Su infancia y la forma con la que lidió con su lesión moldearon la personalidad y el carácter de la Joan futura.

"Necesito sexo para tener una tez clara, pero prefiero hacerlo por amor."

Abandonadas sus respectivas aficiones, comenzaron su periplo artístico como coristas de cabaret y espectáculos de revista en los años 20, Dietrich en Berlín y Crawford en EEUU, antes de encaminar sus pasos hacía el mundo del cine y llegar a ser reinas de sus respectivos estudios: la Paramount y la MGM.

Empezaron sus carreras en el cine mudo. Joan subiendo peldaño a peldaño, conducida por la mano maestra de (Papá) Louis B. Mayer, en más de 20 películas que la formaron y la convirtieron en favorita del público (recibía multitud de sacas con cartas de fans) y encarnando a la flapper (jovencitas de faldas y cabellos cortos que bailaban a ritmo de jazz) por excelencia.

"Un país sin burdeles es como una casa sin baños."

Marlene pasó sin pena ni gloria por el cine silente hasta que se convirtió, con la llegada del sonoro, en la sensación de los años 30 guiada en una serie de películas por su mentor Josef Von Sternberg. Por entonces, Joan Crawford ya era toda una estrella, encabezando la lista de las 10 estrellas más taquilleras. Marlene Dietrich llegó a Hollywood como respuesta de la Paramount a la misteriosa Garbo de MGM. Dietrich con un estilo y una carrera bien distinta a la de ésta, ganaba en presencia física. Crawford tenía al enemigo en casa.


"Había un dicho alrededor de MGM: Norma Shearer consiguió las producciones, Greta Garbo suministró el arte, y Joan Crawford hizo el dinero para pagar ambos."
(Joan Crawford)


"Se ha dicho que en la pantalla personifiqué a la mujer americana."

Hablando de “casas”… era conocido por todos, el buen trato que las dos, en sus respectivos estudios, tenían con los técnicos, desde el primero al último. No voy a ser yo quien dude de sus buenas intenciones, pero es verdad que sabían que la mejor manera de salir cuidadas en una película era ganarse la confianza y el cariño de los trabajadores de la misma. Nada mejor que tener a los iluminadores de su parte.

"Nunca disfruté trabajando en una película."

Joan Crawford deslumbró con sus interpretaciones de mujeres luchadoras, que empezaban desde abajo y terminaban alcanzando el éxito y en papeles de sufridora. Papeles muy del gusto de las mujeres de a pie. Marlene Dietrich, en cambio, brilló como mujer misteriosa y exótica un tanto inalcanzable. Sus personajes (sobre todo en los primeros años 30) eran mujeres de dudosa reputación que, en vez de recibir un castigo por su conducta, eran recompensadas con el triunfo (todo lo contrario a lo que le sucedía a Garbo). Marlene nunca encajó del todo en Estados Unidos, mientras que Joan era genuinamente una chica tejana.

"Tienes que ser autosuficiente y fuerte para sobrevivir en Hollywood.
De lo contrario serás destruido."

No sé si debido a su procedencia y su tenacidad, la carrera de Joan Crawford fue brillante, si obviamos sus últimos años. Su ambición por salir de la miseria la condujo a ello, mientras que la de Marlene Dietrich fue desigual, en parte por ese carácter tan suyo de no tomarse las cosas muy en serio. En contrapartida, Dietrich pasó a la historia por una mítica película del primer cine sonoro: “El Ángel Azul” (UFA, 1930). Todo al que le guste el cine recuerda su icónica imagen luciendo sus famosas piernas sentada sobre un barril.

“Pensé que todo lo que estaban haciendo era horrible. Tenían una cámara apuntando a mi ingle. Yo era tan joven y tonta."
(Marlene Dietrich sobre "El Ángel Azul)

"Nunca tomé mi carrera en serio."

Joan, ganadora de un Oscar por “Alma en suplicio” (Warner, 1945), mantuvo su estrellato luchando con uñas y dientes durante las décadas de los 30, 40 y 50, adaptándose a las modas y compitiendo contra rivales más jóvenes. Marlene, nominada al Oscar por “Marruecos” (Paramount, 1930), brilló en la primera mitad de los 30, marcó tendencias de moda y mantuvo con desigual fortuna su status en los 40 (destacando en contadas ocasiones). También es verdad que en esa época estaba dándolo todo en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Aun así, Dietrich dedicó sus esfuerzos a su propio mito más que a su carrera cinematográfica, volviendo a los escenarios al finalizar la contienda.

“Nadie puede imitarme. Siempre puedes ver personificaciones de Katharine Hepburn y Marilyn Monroe. Pero no de mí. Porque yo he sido la única en crearme a mi misma."
(Joan Crawford)

"Soy demasiado."

Joan Crawford terminó su carrera con penosas interpretaciones que ensombrecieron, en parte, su trayectoria y se retiró del mundo del espectáculo en 1974, después de ver su aspecto en unas fotos publicadas tras asistir a una fiesta en honor de su amiga Rosalind Russell, con la que trabajó en la conocida “Mujeres” (MGM, 1939). Película, por cierto, que revitalizó su carrera.
“Si no puedo seguir siendo Joan Crawford, no quiero trabajar más.”- fue la frase lapidaria con la que dio por finalizada su vida pública.

"Si hay un ser supremo, está loco."

Marlene Dietrich seguía alimentando la leyenda (con espléndidos vestidos y juegos de luces) recorriendo los escenarios del mundo con sus actuaciones en vivo desde los años 50. En momentos puntuales, abandonó sus espectáculos para volver a ponerse ante las cámaras en pequeñas apariciones, más por amistad que por interés en su carrera cinematográfica. Una caída durante una de sus actuaciones en 1975, puso punto y final a su trayectoria.

"Cualquier actriz que aparece en público sin estar bien arreglada
está cavando su propia tumba."

Ambas, Joan & Marlene, mujeres decididas y de fuerte personalidad, se ocultaron de la vista del público para ser recordadas en sus años de esplendor, dedicando su tiempo a contestar las cartas de sus admiradores. La Dietrich además, según contaron su hija y nieto, se mantuvo políticamente activa hasta sus últimos días.

“¿Me molesta la etiqueta "diosa del sexo"? ¿Te refieres a Marilyn Monroe? No soy una diosa del sexo y nunca lo he sido.
No en los años 30 - y no ahora.
Y no me molesta, no, simplemente porque se llega a esperar que la gente confunda glamour con sexo,
que es una cosa completamente diferente.
Este es el precio que uno paga por ser famoso.”
(Marlene Dietrich en los años 60)


"Cuando estás muerto, estás muerto. Eso es todo."

Una vez habían fallecido, sus hijas escribieron sendos libros donde no las dejaban en muy buen lugar. Es cierto que el daño a la imagen de Crawford ha perdurado en el tiempo y fue mayor que el de Dietrich, pero de estas hijas ingratas, prácticamente nadie se acuerda. Los mitos bien enraizados vencieron a las lenguas viperinas.

"Me encanta interpretar perras. Hay mucha perra en cada mujer...,
mucha en cada hombre."

Joan Crawford recibió en vida numerosos reconocimientos al igual que Marlene Dietrich, pero Marlene se permitió el lujo de morirse un día antes de que comenzase el Festival de Cine de Cannes de 1992, donde se la rendía homenaje con el cartel del evento.
¡Al final robó la función!

"Glamour: me gustaría saber su significado."
(Marlene Dietrich)

Divinas Criaturas con D de Dietrich y C de Crawford.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake.
Todas las fotos colección del autor.

Dedicada a Miss Carmen Munsters aficionada al Fantaterror, la Sci-Fi y las starlettes, con motivo de su cumpleaños.

domingo, 9 de abril de 2017

LA CARA OCULTA DE LA LUNA

Sofisticada dama de la alta comedia, el primer recuerdo que tengo de Claudette Colbert, siendo niño, es oír a mi padre decir: ”¡Puf, la Colbert!”, cuando su nombre aparecía en alguna película.

"Siempre he creído que actuar es un instinto con el que naces;
Lo tienes o no lo tienes."

Setenta años de carrera, avalan la trayectoria de una actriz pizpireta y versátil, que cultivó todos los géneros habidos y por haber. Se inició en el teatro, desarrolló su carrera mayoritariamente en el cine, frecuentó la televisión y después de su retiro del cine en 1961, volvió al teatro hasta 1992.

El fastidio que al parecer mostraba mi padre cuando la Colbert encabezaba el reparto, se me quedó grabado. Lógico también porque la imagen que recuerdo de ella en esa época, era la de la señorona del drama, la Colbert madura, con ese eterno flequillo que no abandonó nunca.

"Bette Davis fue la más afortunada de todas nosotras.
Empezó a interpretar mujeres mayores cuando era joven.
Así que nunca tuvo que salvar la brecha."

Recuerdo eso sí, una película que le gustaba o por lo menos de la que solía hablar: “Sangre en Filipinas” (Paramount, 1943), drama bélico en el que podíamos ver la suerte de aventuras que corría un grupo de enfermeras durante la Segunda Guerra Mundial. Compartía protagonismo con Paulette Goddard y Veronica Lake. Sobra decir que yo estaba más interesado en la última.

"Siempre tuve la sensación en la pantalla, y nunca la perdí,
que nunca había dado lo mejor de mi." 

Durante mi adolescencia, me entró el gusanillo por la historia y mi paso por la Escuela de Artes y Oficios abrió mis ojos al exterior e hizo que profundizase en el tema. Evidentemente en lo artístico dado lo que se impartía allí. Ya de niño en el colegio era uno de mis temas preferidos… Bueno, más que los hechos históricos, lo que me interesaba era la vida de sus protagonistas. Por ejemplo: si el tema de un examen era sobre la Revolución Francesa, yo rellenaba hojas hablando exclusivamente de María Antonieta. Cosa que, por cierto, asombraba a la profesora pero que no me reportaba buena nota. No quiero ni pensar si el tema hubiese sido Luis XIII. Seguramente hubiera hablado de Los tres mosqueteros, Milady de Winter y Richelieu. En fin…

Icónica imagen de Colbert en plan Cleopatra.

Como decía, Artes y Oficios fue como una ventana al mundo (por muchas y variadas razones) y así entre unas cosas y otras acabé un día en el Museo de Arte Contemporáneo (hoy Museo del Traje) viendo a Claudette Colbert en “Cleopatra” (Paramount, 1934) de Cecil B. DeMille. He de decir que pese a que la versión de 1963 protagonizada por Elizabeth Taylor es espectacular, la versión Art Déco de Colbert es simplemente maravillosa por su surrealismo. Con verla correr por el desierto envuelta en lamés y terciopelos lo digo todo.

Claudette Colbert fue una actriz de éxito, seleccionando como pocas cada uno de sus papeles, y lo que es más importante: reconocida y respetada ya desde sus tiempos en el teatro.

"Sé lo que es mejor para mí,
después de todo he estado en el negocio de Claudette Colbert más tiempo que nadie."

Obviando sus papeles en melodramas donde siempre, que yo recuerde, hacía de sufridora, más que nada porque no es el género que cultivó que más me gusta de ella (para melodramas de señoronas siempre he preferido a Joan Crawford o Lana Turner), es de reconocer que Claudette Colbert fue una actriz competente en cada una de las películas que interpretó. Capaz en el melodrama e ideal en la comedia, su etapa en los años 30 como reina de las Screwball Comedys (en dura competencia con Carole Lombard) y por añadidura de la Paramount, no tiene igual.

"Si no puedo reírme, prefiero morirme."

Mientras que el sistema de Hollywood era especialmente injusto estereotipando a sus principales estrellas femeninas, Claudette Colbert experta ex-actriz de Broadway, ofreció en cambio, una alternativa sorprendentemente diversa. Se podría decir de ella que era una actriz todoterreno. Su formación, su técnica y la experiencia que adquirió durante sus años en los teatros, le proporcionó una gran cantidad de registros interpretativos, pero tanta técnica en ocasiones le restó naturalidad, haciéndola un tanto predecible y poco misteriosa. Más evidente en los melodramas.

Junto a Gary Cooper.

Aun así, con estos factores en “su contra”, es una auténtica delicia verla en todas y cada una de las Screwball Comedys que realizó junto a los más grandes actores, maestros en este género, midiéndose en igualdad de fuerzas: Maurice Chevalier, Charles Boyer, Clark Gable, Gary Cooper, James Stewart, Melvyn Douglas, fueron algunos de los galanes con los que se la emparejó. Demostró una habilidad especial para manejar los diálogos con doble intención e hizo del refinamiento su estilo.

Con Clive Brook en "The man from yesterday" (Paramount, 1932).

En 1923, Claudette Colbert debuta en el teatro, medio que frecuenta con asiduidad hasta sus inicios en el cine en 1929. Ya había incursionado en el sector en 1927, pero viendo los pésimos resultados en taquilla regresó al medio donde cosechó notoriedad.

A diferencia de su anterior experiencia, su película “The Hole in the Wall” (Paramount, 1929) es un rotundo éxito y ya no para de trabajar, encadenando trabajos. Citar por ejemplo, que solo en 1932 realizó cinco películas. Importante para la industria, sus películas daban dinero.

Como Popea en "El signo de la cruz".

Una de ellas sería “El signo de la cruz” (Paramount, 1932). Dirigida por Cecil B. DeMille esta historia bíblica es recordada sobre todo, por la famosa escena en la que Claudette como la Emperatriz Popea (versión femme fatal), se baña en leche de burra. Sin embargo, en realidad era leche de vaca en polvo. Después de unos días bajo los focos, la leche se volvió agria, haciendo muy desagradable para Colbert trabajar con el hedor.

La Colbert contenta, no sabe lo que le espera...

Tras cinco años de éxitos, llega su mejor etapa y sus papeles más recordados.

“Prestada” a la Columbia, interpreta a una rica heredera a la fuga en el clásico “Sucedió una noche” (Columbia, 1934) última comedia realizada antes de la llegada del Código Hays. Al terminar la película manifestó: “Acabo de hacer la peor película de mi carrera.” Se da la circunstancia que excepto su director Frank Capra, nadie apostaba un dólar por la película. Lo mismo pensaba Clark Gable que también como castigo, había sido prestado por la MGM. Ambos protagonistas ganaron el Oscar por sus interpretaciones. “Sucedió una noche” fue de las primeras en barrer con todas las categorías principales de los premios y es la película por la que más se la reconoce.

"Estaba tan feliz de estar a dos pies de él." (A propósito de Clark Gable)

"Me sorprendió ganar el premio. Realmente no tenía idea de que lo conseguiría. De hecho, estaba lista para irme a Nueva York la noche que llamaron para decírmelo. Vestida con un simple traje marrón, fui escoltada al salón de banquetes lleno de diamantes y chaquetas de cola. Era especialmente embarazoso porque me imaginaba que pensaban que estaba haciendo un acto, haciendo una entrada."

Volvió al erotismo refinado de nuevo de la mano de Cecil B. DeMille, en la mencionada “Cleopatra” (Paramount, 1934). Uno de los espectáculos más ambiciosos del director.

Cleopatra al gusto de Mr. DeMille.

Consagrada como actriz, con el Oscar bajo el brazo y olvidando papeles como el de Cleopatra, incursiona en el melodrama lacrimógeno con “Imitación a la vida” (Universal, 1934), primera adaptación de la novela de Fannie Hurst. Nuevo éxito para Colbert, aunque el remake de 1959 protagonizado por Lana Turner es la versión más conocida.

"Al público siempre le oigo como si estuviera contento de verme
y yo estoy muy contenta de verlos."

Sería interminable comentar la trayectoria de Claudette Colbert por extensa y por abarcar todos los géneros, además tampoco me conozco toda su filmografía.

Su recuerdo para mí está relacionado con las películas mencionadas y con las comedias que recomiendo no perderse: “Tovarich” (Warner, 1937) junto a Charles Boyer, “La octava mujer de Barba Azul” (Paramount, 1938) con Gary Cooper o “Medianoche” (Paramount, 1939) con Don Ameche.

Estilo aristocrático para la comedia ligera y el drama emocional.

En “Tovarich”, Boyer y ella son unos aristócratas rusos que huyen de la revolución a París con la fortuna del Zar, que este les ha confiado. La pareja, negándose a hacer uso del dinero, deben subsistir trabajando como criados en la casa de una familia adinerada. Sus identidades se ponen al descubierto en una cena ofrecida por sus señores cuando son reconocidos por un comisario soviético, provocando todo tipo de situaciones. Como curiosidad decir que la Garbo estaba interesada en el papel de Colbert pero se tuvo que contentar con: “Ninotchka” (MGM, 1939), un clásico de Lubitsch.

La fama de Claudette llega a España.
(Blanco y Negro, 3 de julio de 1932)

Dirigida por Ernst Lubitsch y con guion de Billy Wilder, en “La octava mujer de Barba Azul” (una de mis películas favoritas), Colbert es la hija de unos nobles franceses venidos a menos y Cooper es un millonario mimado y mujeriego  que se ha casado en siete ocasiones. Presionada por su padre, acepta casarse con él, pero dejándole claro que solo lo hace por el dinero.

En "La octava mujer de Barba Azul" derrochando glamour junto a Cooper.

Pendiente de volver a ver tengo “Medianoche”, dirigida por otro maestro de la comedia como Mitchell Leisen y también con guión de Wilder, seleccionada por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en 2013, para ser preservada en el National Film Registry como: “cultural, histórica o estéticamente significativa”.

"Creo que había más sexo en esas viejas películas que en todo lo que se hace hoy.
Estoy cansada de las escenas de sexo."

En cuanto a su vida privada, todo un misterio. De su infancia, juventud y los años posteriores a su retiro poco se sabe. Si sabemos que nació en Francia en 1903 y falleció a los 92 años en Barbados, que estuvo casada en dos ocasiones y que con su primer marido jamás convivio. También que estuvo a punto de protagonizar “Eva al desnudo” (20th Century Fox, 1950) pero un accidente se lo impidió.

Como buena estrella también cuenta con su leyenda. Se dijo que durante toda su carrera exigía que solo se la fotografiase del lado izquierdo, por lo que se comentaba que su lado derecho era tan misterioso como la cara oculta de la luna.

"La mayoría de nosotros no sabemos nada acerca de la felicidad hasta que se acaba."

Claudette Colbert conservó su imagen a lo largo de toda su trayectoria y mantuvo el cariño del público durante todos los años que estuvo en activo. Sus películas y especialmente sus comedias de los años 30 siempre serán recordadas por su inconfundible estilo.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake.
Todas las fotos archivo del autor.

miércoles, 29 de marzo de 2017

SER O NO SER

Llevaba tanto tiempo descuidando a las estrellas, que éstas no han tenido más remedio que darme… “A touch”. Empezó Dolores del Río desde las redes sociales y continuó Hedy Lamarr a través de mi amiga Carmen Munsters.

"Carole Lombard fue una de las personalidades más genuinas de Hollywood."
Claudette Colbert

Las redes sociales te acercan a muchas personas, lugares y al parecer también a otras dimensiones. Miss Del Río no ha parado de “aparecérseme” utilizando distintas plataformas esta semana. Paralelamente, mi amiga Carmen, buscando un suplemento del periódico que suele leer, se topa con un artículo a dos caras sobre Hedy Lamarr que inmediatamente, me envía por email. Al leerlo descubro que se edita por primera vez en España su autobiografía titulada “Éxtasis y yo” (ya tengo una edición mexicana incompleta de 1968), y a día de hoy estoy enfrascado en su (re)lectura.

Carole Lombard en "Love Before Breakfast" (Universal, 1936)

Hace un par de días, cuando me vi con la Srta. Munsters, le comenté las pocas ganas de seguir escribiendo el blog, mis impresiones (por enésima vez) sobre Hedy Lamarr y su libro, sus contemporáneas, las carreras de unas y las expectativas que tenía sobre una serie de TV. La serie en cuestión es “Feud”, centrada en la relación entre Joan Crawford y Bette Davis, durante el rodaje de la película “¿Qué fue de Baby Jane?" (Warner Bros., 1962).


Carole Lombard en los primeros años 30.

Así que ese mismo día por la noche, acompañado por María Escolopendra, nos pusimos a ver los dos primeros episodios (siempre en versión original, of course). Después de verlos, María Escolopendra me preguntó mi parecer y tuvimos un pequeño coloquio en plan Cine Club. Algo que acostumbro a hacer tanto con María como con Carmen. Reconozco que suelo monopolizar la conversación con el tema, pero cuando me pongo a hablar de cine (sobretodo si hablo de estrellas) el tiempo se me pasa volando y más cuando tengo buenas oyentes que comparten mi afición.


Lombard adaptando el personal estilo de Joan Crawford.

Los dos episodios de “Feud”, dieron de sí lo suficiente para nuestro particular coloquio centrado en la rivalidad de Bette Davis y Joan Crawford, que pronto derivó hacía la pareja de esta última en bastantes películas: Mr. Clark Gable. Ambos, la Crawford y Gable, por diversos motivos, especies únicas de la pantalla y verdaderas instituciones. Al mencionar al Rey, recordé a su pareja, la brillante y malograda actriz Carole Lombard.

Carole demostró ser también una buena persona imponiendo a Kay Francis (en horas bajas)
en la película "Dos mujeres y un amor" (RKO,1939) con Cary Grant.

La serie me hace reflexionar en lo mitificadas que tenemos a unas figuras y lo olvidadas que están otras. Entre las segundas, posiblemente se encuentre la Lombard.

“To be, or not to be, that is the question”

Con tan solo 40 películas, Carole Lombard demostró que era buena actriz y mejor comediante. Además era guapa, un tanto gamberra y una malhablada. Algo que encandiló a los dos hombres de su vida: William Powell y Clark Gable. Ambos respondían al mismo perfil de tipo socarrón no especialmente guapo. Con el primero estuvo casada desde 1931 a 1933 y con el segundo, su matrimonio más conocido, desde 1939 a 1942. Un 6 de enero de 1942, una fatalidad se la llevó demasiado pronto, con tan solo 33 años.

Los hombres de Carole: William Powell y Clark Gable.

Su muerte fue todo un shock para los americanos, la comunidad Hollywoodiense, sus amigos y en especial para Clark Gable, su cómplice y además amigo, y con quien formaba uno de los matrimonios más admirados de Hollywood.


En una foto publicitaria junto a Gable en 1937.

¿Qué hubiera pasado si no hubiese fallecido? ¿Cómo hubieran evolucionado tanto ella como sus contemporáneas?

La carrera de Carole Lombard comienza prácticamente al final de la era silente y sus películas más conocidas, ya en el cine sonoro, se encuentran en la mitad de los años 30. Verla en películas como “Al servicio de las damas” (Universal, 1936) junto a William Powell, “La Reina de Nueva York” (Selznick-International, 1937) junto a Fredric March o su última película, “Ser o no ser” (United Artists, 1942) del gran Ernst Lubitsch, es toda una delicia.

"Ella es y siempre será una estrella, una que nunca olvidaremos,
ni dejaremos de estarla agradecidos."
Telegrama enviado a Clark Gable por Franklin D. Roosevelt dándole el pésame.

Debutó en 1925 contratada por la 20th Century Fox, pero un año después tras sufrir un accidente de automóvil que le dejó una cicatriz en la mejilla izquierda, su contrato fue cancelado.

Hasta su llegada a la Paramount (curiosamente, sus mayores éxitos los obtuvo fuera de este estudio) en los años 30, participó en varios cortometrajes y trabajó junto a Mack Sennett que la ayudó a pulir su técnica como comediante, que explotaría en años posteriores.

Junto a Cary Grant, Marlene Dietrich y Richard Barthelmess en 1935,
en una de sus famosas y divertidas fiestas.

Su evolución como actriz era incuestionable pero aun faltaba refinar su imagen. De esto último se encargaría la Paramount y en sus primeros años es más que evidente que su inspiración era Constance Bennett. Por cierto, otra figura bastante olvidada.

Durante los próximos años, Lombard experimentó con su look, cambiando su maquillaje tanto para la boca, los ojos, y las cejas, y cambiando el color y el peinado de su cabello. Se esforzaba buscando su propio estilo. Tanto ella en Paramount como Bette Davis en Warner Bros., probaron con el look de Constance Bennett.

Lombard y su primera inspiración.
Constance Bennett fue la segunda estrella más taquillera en los primeros años 30 .

En los años 30, el maquillaje para los ojos “trademark”, de Joan Crawford fue ampliamente copiado. Lombard también experimenta con ello añadiendo su propio estilo de cejas. Afortunadamente pronto adoptó un aspecto más natural cada vez, pero este experimento era parte de su metamorfosis.

Ambas estrellas Paramount, es más que probable que la mayor influencia en la evolución del look de Lombard fuese Marlene Dietrich. Copiando el estilo de iluminación cenital de Dietrich, Lombard descubrió que destacaba su excelente estructura ósea, por lo que lo conservó. No me es desconocido que Marlene la tenía una cierta ojeriza por imitarla.

¿Tenía razones Dietrich para creer que Lombard la imitaba?

Independiente de su búsqueda de lugar o look, Carole Lombard era una de las favoritas del público americano y era conocida como una de sus mejores comediantes. Como señora de Clark Gable, también era la mitad de la pareja más glamurosa del mundo del espectáculo.

Este era el retrato favorito de Clark Gable.
 En el reverso estaba dedicado al actor.

Había pasado los años 20 participando en películas rutinarias, hasta que encontró su lugar a mediados de los años 30. Carole Lombard se convirtió en un excelente ejemplo de la rapidez con que el sistema de estudios podía explotar y promover una estrella en ascenso y producir resultados dinámicos. Es una pena que el fatídico accidente aéreo que le costó la vida, truncase una carrera en progreso. Me pregunto por ejemplo, ¿cómo hubiese sido la carrera de Katharine Hepburn de no haber fallecido Lombard?

La Reina de las Screwball Comedys es y siempre será Carole Lombard.
Junto a Robert Montgomery en "Mr. and Mrs. Smith" (RKO, 1941) la única comedia de Hitchcock.

Recordemos que la Hepburn considerada como una de las mejores actrices y comediantes en la actualidad, en su época acumuló más fracasos que éxitos y sus comedias más conocidas, dentro del género de las famosas Screwball Comedys, se realizaron en la decadencia del género. Sin ir más lejos, una comedia tan conocida hoy como “La fiera de mi niña” (MGM, 1938), junto a Cary Grant, uno de los actores más populares de la época, no tuvo el éxito esperado, pues los espectadores según el biógrafo A. Scott Berg, huían de la actriz.

Carole Lombard en 1941.

Es una lástima no poder comprobar cómo hubiese evolucionado la carrera de la anticonvencional, mordaz e hiperactiva Carole Lombard, que había hecho de su estilo sofisticado y a la vez terrenal su seña de identidad.


Venenosos salu2 desde Crystal Lake.
Todas las fotos archivo del autor.

martes, 29 de noviembre de 2016

ES UNA PELÍCULA PARAMOUNT

Solo hace falta escuchar un repiqueteo de tambores seguido de unas trompetas, para que sepamos que la película que vamos a ver es una producción de 20th Century Fox u oír el rugido de un león para saber que es una película de la MGM. Hay sonidos e imágenes indisolubles de la memoria colectiva.

De niño me encantaba ver aparecer al león de la Metro rugiendo a través de un anillo de cinta de película con el lema del estudio. Años más tarde, cuando ya empecé a ser consciente de mi predilección por ciertas estrellas y a interesarme por ellas, comencé a fijarme en los estudios para los cuales trabajaban. Me pasó con Rita Hayworth y la Columbia y me pasó después con Marlene Dietrich y la Paramount.

"Yo soy el cine, no lo olvidéis" parece decirnos Miss Swanson.

Tanto leer sobre cine y tanto ver películas clásicas, han hecho que con el tiempo, tenga preferencia por las películas de Paramount y pueda más o menos reconocerlas. Esto se debe principalmente a que muchos de los directores, actores y estrellas que me gustan formaron parte de dicho estudio, pero también es verdad que se debe el estilo único y personal que tenía en los años 30.

Nada más echar un vistazo a la icónica entrada del estudio (con sus columnas salomónicas) ya lo dice todo. Está emblemática puerta fue la entrada principal al mismo hasta 1976. El campanario que la coronaba, fue retirado por seguridad después del terremoto de 1936.

Las famosas puertas de la Paramount. Las puertas una característica de Lubistch. ¿Casualidad?

Si MGM se definía a sí mismo como el estudio con más estrellas, su máxima prioridad era crearlas y crear películas solo pensadas para ellas, Paramount era conocido por ser el estudio de los directores. Hay que aclarar que el eslogan de la MGM resultaba ser un recurso publicitario más que la verdad. En los años 30, el estudio con más estrellas era Paramount.

Desde su fundación en 1912 por allí pasaron: Clara Bow, Louise Brook, Claudette Colbert, Gary Cooper, Marlene Dietrich, Kay Francis, Cary Grant, Paulette Goddard, Veronica Lake, Dorothy Lamour, Herbert Marshall, Gloria Swanson, Mae West, Anna May Wong y Los Hermanos Marx entre otros.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Clara Bow, Louise Brook, Kay Francis, Paulette Goddard, Dorothy Lamour, Herbert Marshall, Adolphe Menjou y Anna May Wong.

No es que los ejecutivos les dieran manga ancha a los directores, pero siendo el estudio más sofisticado de todos, no es de extrañar que los directores más personales e individualistas terminaran allí: Ernt Lubistch, Cecil B. DeMille, Mitchell Leisen, Josef von Sternberg, Erich von Strohein y más tarde Billy Wilder o incluso el gran Alfred Hitchcock.

¡Yo soy La Estrella! Pero... ¿quién se lo dice a quién?
Marlene Dietrich con Ernt Lubistch en el rodaje de "Ángel" (1937). 

Como he dicho, si en la MGM, cuidaban hasta el último aspecto de su estrella en auge, en Paramount, sabían que un buen film se debía a la creatividad de su director y además contaban con el aliciente, de que el director era el que, a última instancia se las tenía que ver con las caprichosas estrellas, cosa que a los ejecutivos les ocasionaba algún que otro “problema”. Esto resultaba una liberación para ellos y se podían dedicar a “temas más importantes”.

La Paramount daba libertad a sus directores mientras sus películas dieran dinero. Resumiendo: “nosotros no interferimos en el desarrollo de la película mientras nos consigas un buen material de éxito”. En ese aspecto la Paramount era arriesgada. Les daba igual qué estrella apareciese en un film, porque contaba con los directores más creativos, que sabían sacar lo mejor del material (ya sean guiones, actores, etc.) que tuviesen.

La Swanson firmando un autógrafo (o dándole unos consejos) a Carole Lombard ante la atenta mirada de George Ratf.

Películas de éxito del estudio contaron con actores mediocres que en otras producciones de otros estudios, hubiesen pasado sin pena ni gloria. Gracias, por ejemplo, al genio y la elegancia de Lubitsch, maestro de la alta comedia. Por cierto, la comedia, fue un género que dominó Paramount.

Lubitsch y su eterno cigarro.
Su nombre en
los créditos de las películas era tan importante como el nombre de las estrellas.

Notable es que Ernst Lubitsch, el gran director conocido por su toque (mil veces imitado), terminará siendo jefe de producción de Paramount o que el estudio permitiera al personal y perturbador Von Sternberg, que construyera un mundo sofisticado y extravagante, para su máxima estrella: Marlene Dietrich. Aunque cuando el estrellato de ésta llegó a peligrar y se cansaron de sus excesos, no tuvieron más remedio que separarlos. Él desde entonces se convirtió en un maldito de Hollywood.

Josef von Sternberg, un genio con una obra tan personal como magnífica.

Incluso cuando el emblemático DeMille, cuyo nombre aparecía antes que el de las propias estrellas, que estaba en La Paramount desde sus comienzos (a Gloria Swanson se le podía atribuir la cita: “Yo soy el cine”, pero DeMille podría decir perfectamente: “Yo soy Paramount”), se marchó a la MGM después de irritarse con algún ejecutivo del Estudio, regresó a casa, al darse cuenta que “mientras en Paramount era el pez más gordo en un banco de peces, en MGM era el pez más gordo en un banco de tiburones”, como muy acertadamente dice Ethan Morddenen.

Cecil B. DeMille, el más emblemático de los directores.

La Paramount además de ser el estudio más sofisticado, concibió un universo deslumbrante para sus películas, en oposición con el entretenimiento familiar que producía MGM, con sus populares estrellas (Garbo, Crawford, Shearer, Gable…) y sus espectaculares decorados.

Claro ejemplo de la diferencia de estilo y tratamiento, se ve en una película como: “La Venus Rubia” (1932). Si en dicha película Marlene Dietrich es la estrella de un cabaret parisino, abigarrado, más o menos extravagante y de dimensiones reducidas, en la MGM para una estrella de su magnitud, hubiesen concebido un cabaret tan grande como un campo de fútbol.

Dietrich y Cooper en "Deseo" (1936)
¡Qué diferentes se verán más tarde en otros Estudios!

Es curioso también que los mayores escándalos debidos a estrellas, fueran de los que estaban bajo contrato con Paramount. En la Metro, donde se mantenía a las estrellas con mano de hierro, Mayer (máximo responsable) comentó a una díscola Joan Crawford en una ocasión: “nuestro estudio es familiar y esos comportamientos no son propios de nuestras estrellas. La Metro no es una casa de putas como la Paramount”.

Imagino que conociendo el plantel, no encontró otro calificativo mejor para el estudio rival. ¿Quién si no la Paramount tendría bajo el mismo techo a Clara Bow la chica “eso”, la descarada Mae West, la alocada Carole Lombard, la exótica Anna May Wong  o a la ambigua Dietrich?

Mae West "devorando vivo" a un primerizo Cary Grant.

Sin ir más lejos, la Metro no vio con buenos ojos, que su galán por excelencia Clark Gable, se viese con la Lombard. Como buen peso pesado que era Gable, este ganó y al final la llevó al altar.

El cuidado con el que se trataba a las estrellas en la MGM, por encima de guiones, directores y demás, era legendario. MGM no hubiese permitido a la Dietrich besar a una mujer en los labios y posteriormente lanzarle flores a Gary Cooper (estrella en auge, con el riesgo de acabar con su carrera) en una película como: “Marruecos” (1930). Yo creo que ni se hubiesen planteado rodarla.

¿Quién podía resistirse al encanto de Mr. Cooper?
Gustaba por igual tanto a las damas como a los caballeros.

Ese mimo para con sus estrellas, era envidiado por el resto de astros de los demás estudios. Por lo menos así parecía que pasaba con los de Paramount, pero también era mejor estar con ellos que caer en manos de la Warner.

Nancy Carroll, un juguete roto de la Paramount,
sospechosamente parecido a Claudette Colbert.

En Paramount las estrellas corrían a su suerte y muchas de ellas fracasaron antes de empezar, como en el caso de Nancy Carroll. Una promesa con la que no supieron muy bien qué hacer. En la Metro esto no hubiese pasado. Como he dicho, mientras MGM cuidaba hasta el mínimo detalle con respecto a su estrella, ofreciéndoles sólo el material adecuado para fortalecer su status, en Paramount tenían que vérselas con todo tipo de material. Esto en algunos casos les favorecía, llegando a convertirse en actores todoterreno. Claudette Colbert, cultivó todos los géneros desde su llegada al estudio en 1929 y su marcha en 1945. Significativamente ganó su Oscar fuera de “su casa” con “Sucedió una noche” (1934) y encima la hizo estando castigada. Gary Cooper es otro ejemplo de actor hecho a sí mismo, pasando de un género a otro.

Claudette Colbert podría perfectamente quitarle el trono de Reina
de la Paramount a Gloria Swanson.

Paramount era un estudio que desaprovechaba a sus valores. Carole Lombard, una de sus máximas estrellas, realizó sus mejores trabajos fuera del mismo, cedida en préstamo (cosa común en aquella época). Sólo personalidades de gran magnitud podían sobrevivir a tal derroche de talento.

La Lombard una gran estrella, una gran comedianta.
Su prematura muerte nos impidió saber de lo que sería capaz en un futuro.

Por otro lado, la imagen que proyectaron estrellas como Claudette Colbert, Marlene Dietrich, Gary Cooper o los Hermanos Marx (sus mejores y más alocadas películas se rodaron en este estudio), no volvió a ser la misma una vez abandonaron Paramount. Y esto, en algunos casos, tenía que ver con el genio de sus directores. También es cierto que les favoreció en ocasiones, proporcionándoles otros registros, abandonando sus antiguos clichés.

Groucho Marx con la gran olvidada Margaret Dumont.

A mí en particular me gusta más el Cooper en las comedias de los años 30, que en sus trabajos posteriores. La imagen que se habían creado era de tal magnitud, que en el caso de Marlene, tanto Wilder como (un confeso) Hitchcock, “quisieron contar” con la Dietrich-Von Sternberg para sus respectivas películas.

Sea como fuese, yo no puedo identificar a ningún director con su respectivo estudio, excepto con los de Paramount. De hecho, no puedo recordar a otros directores que me hayan calado por sus respectivas carreras como ellos. Puedo mencionar prácticamente la filmografía de Greta Garbo, pero no puedo decir cuál director la dirigió. Igual me pasa con la Crawford, ambas estrellas de la Metro, por lo que es muy posible que las etiquetas que han perdurado en el tiempo sean de lo más justificadas.



Venenosos salu2 desde Crystal Lake.
Todas las fotos archivo del autor.