martes, 26 de junio de 2018

PLATINUM BLONDE


Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Génesis 1.27

Y después llegó Jean Harlow!!

¿Quién podría olvidarse de Jean Harlow?

Está claro, que el anónimo autor del primer libro del Antiguo Testamento, relata que Adán y Eva (aunque antes apareció Lilith) fueron creados en el sexto día de la creación, pero más claro todavía y más documentado está, que la MGM “creó” a Jean Harlow. Aunque antes de que ocurriera eso, Jean dio sus primeros pasos en el mundo como Harlean Carpenter un 3 de marzo de 1911 en Kansas City, Missouri.

Pese a lo que en un principio pueda parecer, podría decirse que Jean Harlow, fue una niña bien bastante alejada de los personajes que interpretaba en sus películas.

¡Las rubias nunca se arruinan!

Su abuelo era un rico agente inmobiliario de Kansas City y su primer marido, Charles F. McGrew, con el que se casó a los dieciséis años (después de fugarse de casa y mudarse a Los Ángeles) era un importante hombre de negocios. Por entonces, mediados los años 20, Jean ya tomó contacto con el mundo de Hollywood, trabajando como extra siguiendo los pasos de una amiga.

"Hay un Dios, incluso en Hollywood."

Establecida allí, su madre (se divorció del padre de Jean cuando ésta tenía 10 años) y su padrastro, estaban lo suficientemente cerca como para vigilarla y ayudarla. Cosa que hicieron a lo largo de su carrera. Después de encontrar el primer empleo de muchos, en una película de la Fox, Harlean pasó a llamarse Jean Harlow.

"Siempre tenía un libro bajo el brazo."
Marcella Rabwin,
su amiga y asistente de David O. Selznicks

En esa época, Jean se tomó el trabajo de extra como una broma. No era la típica chica que ansiase triunfar en Hollywood. Después de su trabajo como extra, dio un paso más en su carrera firmando un contrato en 1928. Sólo participó en dos cortos humorísticos de Hal Roach, pues su abuelo que no veía con buenos ojos el trabajo de su nieta, se presentó en Hollywood y amenazó con desheredarla.

Después de apaciguar a la fiera de su abuelo y divorciarse de McGrew, Jean volvió en 1929 a trabajar de extra, año en el que la contrató Paramount para un pequeño papel en Saturday Night Kid, vehículo del estudio para la popular estrella Clara Bow.

"Yo no nací actriz, ¿sabes?
Los acontecimientos me hicieron serlo."

"La amaba y, ¡oh, era una criatura deslumbrante!
Pero sin maquillaje y sin cejas era como un niño pequeño."

Rosalind Russell

Le gustase o no, en 1930, llegó el estrellato de la mano de Howard Hughes, con todo un clásico como Hell's Angels (United Artists). A pesar de que los críticos fueron ruines con ella, Jean alcanzó fama inmediata. Al público le preocupó poco sus dotes interpretativas porque encontraron en ella lo que pocos actores y actrices tenían: madera de estrella.

Howard Hughes, nunca supo qué hacer con ella y se limitó a cederla a otros estudios. Entre la citada película y su inclusión en 1932 en la “cuadra” de la Metro, participó en un total de seis películas entre las que se encuentran: The Public Enemy (Warner, 1931) junto a James Cagney; Goldie (Fox, 1931) junto a Spencer Tracy y la película que da nombre a esta entrada: Platinum Blonde (Columbia, 1931).

En Hold Your Man (1933) con Gable su mejor pareja.

La MGM que contaba entre sus filas con Greta Garbo, Joan Crawford y Norma Shearer, tenía que jugar sobre seguro con Harlow y dado que era un estudio que, antes de crear y publicitar una estrella las formaba, le asignó The Beast of the City (1932).

"No soy una gran actriz, y nunca pensé que lo fuese.
Pero sucede que tengo algo que le gusta al público."

El tándem de Metro-Harlow resultó ser un cóctel explosivo. MGM puso todos los recursos necesarios para pulirla y destacar su talento, sobre todo como comediante y aunque cueste creerlo, su capacidad dramática. El estudio fue lo suficientemente inteligente como para dejarla ser ella misma.

"Me gusta cualquier perro que me haga quedar bien cuando esté quieto junto a mí."

Su siguiente trabajo para Metro, Red-Head Woman (1932) supuso un giro espectacular en su carrera y a partir de aquí, a hacer historia.

Mencionar que la imagen que tenía sobre Jean Harlow (sobre todo por fotografías), mucho antes de descubrir y profundizar en su carrera, era el de la rubia vulgar a lo Mae West pero en su versión estilizada, que no me atraía nada. No fui más allá del estereotipo y me quedé con eso. La aceptaba como el contrapunto perfecto para las comedias en las que participaba como por ejemplo Dinner at Eight (1934) o cuando aparecía al lado de estrellas a las que conocía de sobra, como Myrna Loy y William Powell.


Junto a William Powell en Reckless.

"Para mí, el amor siempre ha significado amistad."

Como desde niño siempre me han gustado las películas de aventuras, una de mis películas favoritas era Mogambo (1953), pese a que aparecía Grace Kelly, pero pronto descubrí que ésta era una versión de Red Dust (1932), producida por el mismo estudio, la Metro, de nuevo con Clark Gable. Actualmente si tengo que decidirme por alguna de ellas, me quedo sin dudarlo con Red Dust y Jean Harlow. La presencia de la Kelly inclinó la balanza hacia la versión original.

Esta película lanzó definitivamente a Harlow y la convirtió en una de las actrices de los 30 más populares, emparejándola con el Rey Gable por primera vez, con el que repetiría en cuatro ocasiones más.

Junto a Clark Gable en Red Dust.

A partir de Red Dust, enlazó éxito tras éxito, encontrándose en este periodo sus películas más conocidas: Bombshell (1933); Dinner at Eight (1934); Reckless (1935); China Seas (1935); Wife vs. Secretary (1936); Libeled Lady (1936) y Saratoga (1937), donde compartía protagonismo con pesos pesados como: Gable; Mary Astor; Marie Dressler; John y Lionel Barrymore; William Powell; Wallace Berry; Spencer Tracy y Myrna Loy.

"Dios mío, ¿siempre debo usar un vestido escotado para ser importante?

Durante el rodaje de Personal Property (1937) junto a Robert Taylor, Jean empezó a mostrar signos de mala salud y se puso realmente enferma durante el rodaje de Saratoga, su última película. Jean tuvo el valor necesario para seguir acudiendo al estudio hasta que su situación fue tal que tuvo que ser llevada a su casa.

Icónica imagen de Dinner at Eight.

En ese momento se hicieron todo tipo de esfuerzos para hacer algo sobre el envenenamiento urémico en su sistema, ya era demasiado tarde. Su última pareja en aquel momento William Powell, no se apartó de su lado. En el Hospital Good Samaritan de Los Ángeles, Jean Harlow murió el 7 de junio de 1937, a la edad de veintiséis años.

Al principio, MGM no sabía qué hacer con la incompleta Saratoga, pero finalmente decidieron terminarla usando una doble para las escenas generales en las que se suponía que aparecía Jean. Así rentabilizó la gran conmoción que causo el fallecimiento entre su legión de admiradores.

¡Siempre deslumbrante!

"Las mujeres me quieren porque no me veo como una chica que robaría un marido. Al menos no por mucho tiempo."

Todas las personas que la conocieron o trabajaron con ella, hablaron de ella con afecto auténtico y sin ninguna mala palabra. Esto debería darnos una idea de lo realmente apreciada que era.

Ahora con el paso del tiempo contemplo a Jean Harlow como una figura entrañable y genuina. Y como lo que realmente era: una excelente actriz de comedia. Volver a ver a Jean Harlow en alguna de sus grandes películas soltando sus ingeniosas frases es toda una delicia.

"Buenas noches, mi querido amor."
William Powell

Si como yo (en el pasado) no la tuvisteis en cuenta, os invito a (re)descubrirla y valorarla como se merece. Además, fue la primera rubia platino.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

domingo, 3 de junio de 2018

A TI LO QUE TE GUSTA ES EL GLAMOUR


Con tan sentenciosa frase me definió mi proveedor de mitos hace ya algunos años. Fue motivada por una conversación que mantuvimos con él, mi amiga Carmen Munsters y yo en la desaparecida Isla de los Espíritus Olvidados, cuando estábamos rodeados de sonrisas capturadas a perpetuidad en papel fotográfico.

El burrito de la Lollo más inteligente que muchas personas.

No creo que a mí me guste solo el glamour, si no que también me gustan las personalidades y ahora carecemos de ellas.

La frase vino derivada de mi afirmación (que sigo manteniendo a día de hoy) de que el cine actual (y por actual me remonto a los años 90), no me interesa en absoluto. Si hablamos del reciente, (casi) no lo tengo en cuenta, limitando mis preferencias a directores a los que sigo (pocos), el cine de terror, Monsters Movies, catastrófico y los superhéroes. Independientemente de lo malas (principalmente) o buenas que sean.

No es oro todo lo que reluce y no todo lo que
se crea es arte, como bien sabe Virginia Mayo.

Con el cine que se hace hoy soy muy crítico, radical y no me bajo de la burra fácilmente. Ni Carmen Munsters llega a convencerme de lo contrario y tampoco lo consigue Escolopendra Venenossa cuando me comenta lo buenas que son ciertas series de televisión y lo que me estoy perdiendo. En este sentido tele no veo y menos cosas seriadas.

La Temple a sus cosas, como yo.

En cuanto al cine, que es lo que nos ocupa ¿cómo es para mí? Pues un mundo plagado de guiones más vistos que el tebeo; efectos especiales; remakes y más remakes; segundas partes, terceras, cuartas…; precuelas; comedias burdas (que todos ven y de las que todo el mundo habla) y dramas realistas (¡para realismo un día en el Inem, un hospital o la comisaria!), todas ellas aderezadas con nuevos valores sin una pizca de carisma (no hablo de talento, que es algo bien distinto), promocionados en revistas del medio, que luego no duran ni un telediario.

Errol, un perfecto desconocido para mucha gente,
menos para su perro.

Gracias a la cultura de la incultura, la masa borreguil está más puesta en los dimes y diretes de futbolistas, supervivientes, masterchef, OT, GH y toda la fauna de los realitys o del corazón, así que no me sorprende que entre otros, las nuevas generaciones, no sepan (¡me lo han preguntado!), quienes son por ejemplo: Errol Flynn, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Lana Turner, Gloria Swanson y un largo etcétera. Ya ni te cuento, si obviamos a los actores clásicos, lo terrorífico que me resulta que desconozcan a otras figuras interesantes de verdad como investigadores o escritores. Es lo que puedes esperar cuando en las librerías te encuentras los libros de la Esteban o de Terelu o novelas de gran éxito pero muy mal escritas…

El libro de la Esteban no lo leería
ni el chimpancé de Gary Cooper.

Asombrado me quedé un día, cuando me contó mi amiga Tere que escuchó a unos chicos hablando de una película antigua (de la que no sabían el título) que vieron una noche, pero que estaba muy bien. La peli iba de unos ladrones que entran en un local que luego resulta ser una guarida de vampiros. Sí, la película antigua de la que hablaban era: Abierto hasta el amanecer (1996), de la que por cierto hicieron una tercera parte.

Pola Negri inculcando el buen gusto a
un pequeño seguidor.

En unos tiempos, en los que nuestras vidas giran en torno al móvil (que algunos por no levantar el hocico de la pantalla se arriesgan a darse un castañazo), las redes sociales (que solo sirven para cotillear, opinar e insultar sin ningún criterio), los eventos deportivos de toda índole (que no aportan nada, solamente al que lo practica), la tv de la peor calaña, sigo refugiándome en el cine clásico, como si fuese uno de los últimos ¿cien? rinocerontes del parque nacional de Ujung Kulonde, que se “obstinan” por sobrevivir en la Isla de Java.

No hay nada mejor como un buen libro,
parece querer decirnos La Swanson.

Si para evadirse del mundo que nos rodea muchos optan por el lexatin, yo recurro a las estrellas de cine para habitar en un mundo de sueños e imposibles. Foto a foto, libro a libro, película a película, he levantado un muro de nostalgia que me protege mientras la sociedad avanza irremediablemente hacía la involución.

Dolores del Rio demostrando que se puede tener
glamour con un libro en las manos.

Observando (en silencio) a la gente cada día, me voy dando cuenta que cada vez tienen menos luces que un Homo Neanderthalensis, y estos pobres, que fueron más listos de lo que se pensaba en un principio, se extinguieron (no sé si más bien se auto-inmolaron) viendo el panorama que se les venía encima compartiendo el espacio con los Homo Sapiens. Una vez desaparecidos los Neandertales dejaron la Tierra en sus desaprensivas manos, que nos han conducido a la situación actual, un mundo de ciencia y tecnología mal aplicada.

Powell y Loy mantiendo una buena conversación con Asta
sin el móvil entre las manos.

Si la ciencia avanza buscando alargar la vida, la tecnología avanza para idiotizarnos aún más. No quiero ni pensar en un futuro dónde hasta una ameba será más resolutiva que un ser humano. Si los avances tecnológicos y científicos nos llevan a esto, mal estamos… Por si acaso voy ocultando mis libros y todo lo que huela a cultura, no vaya a ser que me detengan por acumular armas…

La Dietrich está confundida.
¿Los libros son buenos o no?

Mientras todo esto sucede, sigo auto-medicándome de tanto en tanto con mi ración de estrellas.
¡No puedo vivir sin mi medicación!

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

viernes, 4 de mayo de 2018

DIETRICH, SIN MÁS


DIETRICH
En el idioma alemán: el nombre de una llave que abre todas las cerraduras. No es una llave mágica. Es un objeto muy real, que requiere de una gran habilidad en la fabricación.

Si bien mi primera intención el año pasado era dar por terminada mi andadura por Sopa de Mitos, comencé 2018 con la idea de seguir publicando una entrada cada mes, cosa que ha sido imposible por diversas razones, tanto personales como por falta de inspiración.

Han pasado los meses y el estímulo creador no ha dado señales de vida. A día de hoy, las musas siguen sin aparecerse, pero dado que este 6 de mayo se cumplen los 26 años del fallecimiento de Marlene Dietrich he vencido a la pereza (uno de mis vicios confesos junto con la gula) y me he puesto manos a la obra.


LEALTAD
Debería ser uno de los mandamientos.

Una de las razones por las que me cuesta ponerme a escribir es que no me gusta ser repetitivo y también la verdad, es que la Crawford, que es mucha Crawford, me dejó agotado. Tanto que estuvo a punto, gracias a su libro My Way of Life (1971), de desbancar a Marlene de su trono. Un rápido repaso a sus películas, sus discos y alguno de sus libros, han impedido que la sangre de las divas llegara al río.

Ahora, después de muchos años tengo en mi poder el libro Marlene Dietrich´s ABC (1962), que ha reavivado la llama que parecía extinguirse. Poco puedo decir ya de Dietrich que los que me leéis y conocéis no sepáis, así que posiblemente, esta entrada no será la mejor que escriba, pero parafraseando al director Josef von Sternberg, prefiero escribir una entrada mala que no escribir ninguna.


RIQUEZA
La riqueza que da poder es un poder peligroso,
sobre todo en las manos de los ricos.

Siguiendo con Von Sternberg, en sus memorias, publicadas en 1965 y tituladas con el significativo nombre de Diversión en una Lavandería China, describía así a Marlene:

“Antes de acostumbrarse a que la llamaran Marlene Dietrich, me había pedido autorización para cambiarse el nombre, que sólo los alemanes conseguirán pronunciar con corrección. No hice caso a su petición. Alguien le aseguró que su nombre, bien o mal pronunciado, sería famoso pronto. Cuando la conocí no dio importancia a esto, como no se la daba a nada, salvo a su hijita, a una sierra musical y a unos discos de Whispering Jack Smith, como tuve ocasión de comprobar. Solía reírse de sí misma y de los demás, aunque era fiel a sus amigos (que no siempre lo fueron para ella) y rápida en condolerse y ayudar a quienes la elogiaban por cualidades no siempre elogiosas. Era tan sincera y clara que algunos la criticaban por falta de diplomacia. Su carácter era sofisticado y sencillo; exquisito y, a la vez, de una ingenuidad casi infantil. Cuando la conocí mejor, supe sobre las condiciones de su educación, su familia y la gente que la rodeaba. Su capacidad de subsistir y de vencer aquella atmósfera fue, sin duda, extraordinaria. Estaba sometida a duras represiones, contrarrestadas con etapas de increíble vigor. Era imposible cansarla, al contrario, era ella quien acababa con los demás, y por eso muy pocos se atrevían a alternar con ella. Era bastante supersticiosa y resultaba incitadora con sus raros fetichismos, pero lo compensaba con un sentido común. Bastante cercano a la pedagogía.”


ESTUPIDEZ
El único defecto con el que pierdo la paciencia.

Puedo dar fe de su sentido común ahora que estoy leyendo su ABC. He de decir que el sentido común y el ingenio para abordar temas fundamentales como la existencia, el conocimiento, la moral y otras cuestiones, no es coto exclusivo de filósofos. He leído por ahí, que un filósofo es una persona virtuosa o austera que lleva una vida retirada y ajena a las distracciones o las diversiones, todo lo contrario a lo que representa una estrella de Hollywood, llámese ésta Marlene Dietrich, Joan Crawford, Lana Turner o Hedy Lamarr, que con su forma de pensar y razonar sobre el mundo que las rodeaba, me han enseñado más que unos señores bastante aburridos y normalmente nada atractivos, según mi punto de vista.


OPTIMISMO
Tenerlo. Siempre hay tiempo para llorar después.

Yo la verdad, no me imagino estar en una conferencia, escuchando durante una hora a un señor con barba, bufanda, pipa y anteojos hablando del sentido de la vida, el cosmos o lo que se tercie, haciendo pausas interminables mirando a las musarañas. Me resultaría más gratificante, interesante y seguramente menos aburrido, escuchar lo mismo en boca de una estrella de cine ataviada con sus mejores galas. Por cierto, no me he divertido tanto como cuando, por ejemplo, leí la autobiografía de Zsa Zsa Gabor y eso que ella no es de mi gusto y está a años luz de las mencionadas.


MELANCOLÍA
Estar en las profundidades de la tristeza es tan importante como una experiencia extremadamente feliz.

En cuanto a Dietrich, dejando a un lado su conocido ingenio y lengua afilada, una vez establecida en Hollywood después del rotundo éxito de El Ángel Azul (UFA, 1930), trabajó junto a Von Sternberg en seis películas, todas ellas pequeñas joyas que forman un todo en su conjunto, culminado su colaboración en El Diablo es una Mujer (Paramount, 1935), la película más bella jamás realizada, según el parecer de Marlene, que así lo expresó en sus memorias publicadas en 1984.


Las palabras pueden herir y romper corazones y mentes también. No hay marcas negras y azules, ni huesos rotos para poner en moldes de yeso y por tanto no hay prisión para el agresor.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!!
Todas las fotos colección del autor.

Marlene Dietrich´s ABC (Doubleyday, 1962)
Fun in a Chinese Laundry by Josef von Sternberg (Secker & Warburg, 1965)

lunes, 29 de enero de 2018

UN ROSTRO DE MUJER

¿Se podría decir algo nuevo sobre Joan Crawford? Posiblemente sí, si se dejara de perpetuar su imagen supuestamente menos agradable. No hay texto sobre ella en el que no se hable de su mal carácter y las cosas que le hizo a su hija. Esa hija, por cierto, con cara de orco, a la que se le ha dado tanto crédito. Un gran defecto del ser humano es magnificar los aspectos negativos de una persona y minimizar los positivos. ¡Nos gusta tanto juzgar!

Intenté enfrentarme a los desafíos de frente,
y tuve la suerte de aprender a superar los miedos:
simplemente saltando.

¿Nunca os ha pasado? Desde luego que a mí sí. Tengo muy mal carácter, lo sé, y la mayoría de las veces solo se me recuerda por eso. ¡Menos mal que suelen hacerlo con humor!

Mi querido amigo Bill Haines me describe como
un ser humano multifacético.
Lo único que lamento es que debido a los papeles que he interpretado en películas y en la televisión,
la gente nunca espera que tenga sentido del humor.
Me gustaría decir: "¡Mira, también puedo ser divertida!"

Quiero que la Joan Crawford de este año sea solo un bloque de construcción
para la Joan Crawford del próximo año.

Cuando trabajaba, siempre se me reprendía por alguna cosa que había hecho mal y nunca, cuando (la mayoría de las veces) lo hacía bien, se me elogiaba por ello. Creo que a la gente le gusta recordar lo malo de los demás, pero muchos deberían tener presente el refrán: vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

La gente siempre me pregunta si hay algo que lamento,
o cambiaría. ¡La respuesta es no! Nada.
Si no hubiese tenido dolor, no sería yo.

Hay personas que critican de manera destructiva, solamente con el propósito de hacer daño. Ese sería el caso de Christina Crawford, Bette Davis y muchos biógrafos de Joan. Imagino que será cuestión de su autoestima. La envidia, la venganza y el rencor, son algunos de los peores defectos que el ser humano pueda tener.

¡Sentía que había nacido para ser actriz y había trabajado tanto para lograr lo que tenía! Tuve el sabor del éxito, y fue muy apetecible. Simplemente no podía dejarlo.
Nunca he cambiado. Incluso ahora, no puedo esperar a que llegue el siguiente buen guión. 

Sé quién soy, qué quiero hacer
y hacía dónde quiero ir.

No sé si soy demasiado (para algunas cosas) ingenuo, pero siempre me he fijado en los aspectos positivos de la gente y no he dado crédito a los negativos, sobre todo si vienen de terceras personas. Si tengo que descubrirlos, prefiero hacerlo por mis propios medios. Esto no quiere decir que esté libre de no haber tirado alguna piedra.

Como Sadie Thompson, la prostituta
que se redime en Rain.

Normalmente tengo buen instinto para detectar personas poco fiables. Por supuesto, con personas con las que me pueda relacionar. He de decir que a veces también me dan gato por liebre. En cuanto a Joan Crawford no la conocí, desde luego, y tampoco poseo facultades paranormales para comunicarme con ella, pero ahora que estoy en el ecuador de su libro My way of life (1971), haciendo uso del título del mismo, tengo mi propio punto de vista. Creo que era una persona como cualquiera, con sus cosas buenas y malas.

Durante diez años estuve sola, ocupé los días con trabajo, los niños y con algunos buenos amigos. Y me hice amiga de mí misma. Para tenerte como amigo tienes que aprender a gustarte, lo que generalmente significa superar algunos hábitos. 

Sigo creyendo que deberíamos volver a las películas románticas.
El mundo está tan enfadado. No soy cenicienta,
pero caramba, está tan enfadado el mundo...

Por cierto su libro es una lectura muy interesante y amena, un poco obsoleto para la época, también es verdad, puesto que lo escribió en pleno movimiento hippie. Además con el añadido de que relata básicamente su vida en los años 50 y los consejos que transmite sólo podrían ser aplicables a mujeres de dicha década. Por lo que llevo leído, parece que una de sus etapas más felices fue la que pasó con su cuarto marido Alfred Steele, presidente de Pepsi-Cola, con el que se casó en 1956 y del que enviudó en 1959. Esto me hace pensar que este suceso la debió dejar tan afectada, que el tiempo se detuvo en los 50 para el resto de su vida.

He tenido la suerte de casarme con hombres bien educados,
cultos, amantes de la buena literatura,
la buena música y todas las bellas artes.

Ninguna mujer adulta debería lucir como
si se vistiese en un armario oscuro.

De momento en el libro, todavía no ha criticado a nadie y pienso que ni llegaré a leer eso. Lo que sí hace es reconocer sus defectos físicos (sus hombros y caderas, por ejemplo) y de su carácter: su ambición, la intolerancia, el no respetarse a sí misma. Habla de su mal gusto para la decoración en sus primeros tiempos y en su pesar por no tener una educación formal. Para mí, esto dice mucho de su ego de diva. En general me transmite positivismo, cierta candidez e incluso según voy devorando las páginas (como puedo, mi inglés es bastante pobre) me enternece. La primera parte del mismo, parece una especie de libro de autoayuda y los logros que ha ido consiguiendo con los años de tanto autoanalizarse y como ha ido haciendo para mejorar, hasta convertirse en una mejor persona.

Si tengo una sola cosa a mi favor,
no es que sea Joan Crawford con un buen trabajo y una cuenta bancaria,
si no el hecho de que nací trabajando.

Pensareis que soy tan crédulo que me lo creo y me diréis que no es más que una fachada. Posiblemente, como he dicho en otras ocasiones, cada uno tiene su apreciación de las cosas. Además, lo último que espero leer de una estrella de cine son sus miserias, escritas por sus hijos, por ellas u otros.

Cuando uno vive con amargura siempre se muestra en la cara,
y es patético.

A raíz de la serie Feud: Bette and Joan (2017), basada en su relación con Bette Davis, han aparecido artículos en prensa escrita y digital, se han escrito y reeditado libros... Y las dos actrices se han puesto más que nunca de actualidad. Los que me conocéis ya sabéis lo que opino sobre esto…

En lo fundamental soy la misma persona que era con catorce años cuando conseguí mi primer trabajo en Broadway, o hice mis primeras películas de jazz, o gané mi Oscar por mi papel en Mildred Pierce. Sé que tengo el mismo entusiasmo, la misma enorme curiosidad y el mismo optimismo. 

En Mujeres, Norma Shearer me hizo cambiar de vestido dieciséis veces
porque cada uno era más bonito que el suyo.
Me encanta interpretar perras y ella me ayudó con eso.

Leí todo lo que encontraba hasta que me cansé. No puedo decir que me aportaran nada nuevo e interesante. Además todos haciendo hincapié en lo “malísima” que era Joan, lo mal que trató a su hija y sus tira y afloja con la Davis. No eran más que calcos unos de otros. Leído uno leídos todos. ¡La prensa digital es lo que tiene, viva el recorta y pega! Esto dice mucho de la falta de creatividad del medio. Por lo que se ve nadie está dispuesto a exprimirse el cerebro elaborando algo más personal.

Creo que mi estilo de maquillaje cambió cuando hice Gran Hotel.
Me gustó tanto que lo conservé.

En cuanto a Crawford y su hija… Ella misma nos cuenta como organizaba sus armarios, como colocaba su ropa envuelta en papel de seda, después cubierta con bolsas de plástico y colgadas sobre perchas de madera forradas (indica el daño que una percha puede hacer a tu ropa si no es así) y después distribuía zapatos y sombreros según el color del conjunto. Todo por supuesto era etiquetado. A Joan le molestaba guardar la ropa una vez usada. La ropa se lleva al tinte y listo, por lo menos ella que podía. A su hija que en aquella época sería una adolescente rebelde, esas cosas de su madre le darían lo mismo. ¿Se encontraría la ropa de Christina tirada por el suelo? Joan que apreciaba su ropa tanto como para considerarla un “buen amigo”, seguramente perdería la paciencia. Y llevarse una bofetada a su debido tiempo ahora se considera maltrato. ¡No creo que sea tan difícil meter la ropa usada en el cesto de la ropa sucia! La entiendo perfectamente, siendo como soy perfeccionista, disciplinado y de mal carácter, pierdo los estribos fácilmente cuando las cosas no salen como yo espero.

Me organizo hasta el segundo porque soy codiciosa.
Codiciosa de llenar cada minuto de mis días con todas las cosas que quiero lograr. 

No me tomo en serio, pero tomo mi trabajo en serio.

En cuanto al libro, que esperé con anhelo en cuanto supe de su publicación, puedo decir que no estuvo mal. Además podía leerlo en castellano y olvidarme de quebraderos de cabeza, diccionarios y de dar la lata a Escolopendra Venenossa que como domina el inglés, me ayuda pacientemente con los libros que tengo en ese idioma. Pero, tampoco me descubrió nada que no supiera. Eso sí, la edición cuenta con unas fotos magníficas.

No creo que la educación deba detenerse nunca,
ni para un hombre ni para una mujer.
Cuando el aprendizaje se detiene, la vegetación se instala.

En el libro se da a entender entre otras cosas, que a Crawford, esa falta de educación formal la hacía sentirse inferior y que cuando se encontró cara a cara con Bette Davis la envidiaba por eso, ya que Davis sí la tenía, aunque su actitud dijera lo contrario. También que Joan deseaba por encima de todo no solo parecer una dama bien educada, culta y refinada, si no serlo. Recalcan que no lo consiguió nunca (¡…seguro que estaban allí para saberlo!) y que la mayor parte de su vida se la pasó fingiendo. O por lo menos así lo entendí yo (igual debería leérmelo de nuevo). ¡No quiero ni pensar en el esfuerzo que supone aparentar ser lo que no eres las veinticuatro horas del día!

Junto con Garbo, Dietrich, Bankhead, Roz Russell y Shearer interpreté lánguidas femmes fatales. Teníamos ojos grandes y bien definidos, mejillas hundidas y bocas generosas.
Éramos tentadoras.
Esto, por supuesto, fue en nuestras películas.
En nuestras vidas privadas éramos bastante diferentes.

No es que trabaje duro. Las exigencias que me impongo son irreales.
Espero la perfección. Lo entiendo, en raros momentos,
pero son muy poco frecuentes.

La Joan que se crió en la trastienda de una lavandería no debería haber aspirado a ser alguien mejor más allá de ser una estrella de cine. Debería haber dejado de tener la curiosidad por aprender (algo que ella misma cita en su libro), porque a pesar de todas las deslumbrantes luces y los aplausos, el maquillaje y los fantásticos vestidos, sus modales y su comportamiento, su timbre de voz… para algunos no dejará de ser la hija de una modesta familia. ¡A eso lo llamo yo ser clasista!

Ese viejo dicho, "cuando tienes dudas, no lo hagas",
nunca es tan cierto como cuando se trata de ropa o casarse.

Con tal razonamiento, yo que provengo de una familia modesta y tampoco tengo estudios universitarios, no debería ni ser educado ni saber comportarme. He conocido a algunas personas que presumían mucho de su educación y no han sido precisamente los que tenían mejores modales. Normalmente eran bastante maleducados.

Yo fui una flapper en la época de las flappers.
Me convertí en una dama sofisticada en la era de la sofisticación. (Aunque ciertamente confío en que si esos tiempos volvieran, no intentaría parecer una flapper a la edad de cuarenta años, ¡más de lo que quiero parecer una hippie ahora!)
 
La mujer inteligente se adapta a la moda,
pero nunca se pasa de moda.
Recuerdo más o menos una conversación de un grupo de personas entre las que me encontraba que se desarrollaba así: hablaban de arte, cine, tal o cual viaje al extranjero, de sus entrenadores personales, de sus clases de esquí, de sus respectivas carreras… Estaban más interesados en alardear que en escucharse unos a otros. En cierto punto repararon en mí que permanecía callado. Prefería estarlo, no porque no tuviese nada que decir, muy al contrario, podría haberles dicho que sus vidas no me interesaban en lo más mínimo de tan huecas que las veía, también lo podría a ver dicho de otra forma… pero como soy educado y se comportarme (cosa que no tiene nada que ver con tu origen) no dije nada. Me integré en la conversación (dentro de mis posibilidades, más que nada porque me aburrían soberanamente) que fluía plácidamente. Incluso me sentí culpable de pensar mal de ellos, pero no, como he dicho tengo buen criterio, y en cuanto se enteraron de dónde vivía (un barrio de la zona sur), poco a poco fueron desapareciendo, hasta que el último con cara de circunstancia me dejó solo.

El director, Michael Curtiz, tenía la reputación de ser "muy difícil". No tardé mucho en descubrirlo.
Me echó un vistazo y gruñó: "¡Tú y tus malditas hombreras!".
Se acercó con furia y rasgó mí vestido desde el cuello hasta el dobladillo. Luego miró asombrado.
Los hombros todavía estaban allí. Eran reales. Estallé en lágrimas
y él salió del set totalmente avergonzado.
Nos llevamos bastante bien después de eso.

Durante los años más felices de mi vida,
el centro de mi vida fue mi esposo Alfred.

Seas quién seas, un abogado, un doctor, un barrendero, un pescadero, un catedrático o un artista, la educación y la forma de comportarse no la trae un título bajo el brazo (¿arrogancia?), la educación es algo que aprendes de tu familia o si tienes inquietud adquieres con el tiempo. Pobre Joan… Los biógrafos por ejemplo de Gloria Swanson, señalan que ella misma decía que leía cuanto libro caía en sus manos porque su educación era menos que nada, pero nadie la ha puesto nunca en evidencia por eso.

El matrimonio, como todo lo demás, es una experiencia de aprendizaje,
y trato de aprender algo de todo lo que suceda, incluso si duele muchísimo.

Joan era consciente de sus carencias y defectos. Reconoce que su ambición por alcanzar el éxito perjudicó sus dos primeros matrimonios. Su carrera era lo primero. De ellos comenta entre otras cosas que Douglas Fairbanks, Jr.: “me enseñó muchas cosas intangibles. Ser más tolerante, respetarme a mí misma.” Y que leía cuanto libro le recomendaba. Con Franchot Tone aprendió a entenderlos. Menciona que llevaba un diccionario para entender las palabras que leía o escuchaba y desconocía. Si estaba en el set de algún rodaje, aunque no tuviera ninguna escena, ella estaba allí la primera para seguir estudiando su guión y ensayar la entonación. Incluso iba al plató en fin de semana para hacerlo, de tan perfeccionista que era. No creo que sea delito tener afán de superación.

Amo a la gente. Me han preguntado si alguna vez voy disfrazada. ¡Nunca! Creo que disfrazarse es cursi. Si has ganado una posición, siéntete orgulloso por ello. No lo ocultes. Quiero ser reconocida. Cuando escucho a la gente decir: "¡Ahí está Joan Crawford!" Me doy la vuelta y digo: "Hola, ¿cómo estás?".

Hollywood me dio una carrera maravillosa.

La comunicación no verbal dice mucho de una persona. He analizado a Joan Crawford en todo vídeo que he podido ver: comerciales, entrevistas, concursos, apariciones en premieres… sus movimientos, expresiones y esos ojos que muchas veces son el espejo del alma.

Yo vivo mi vida.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.
Las citas pertenecen al libro My Way of Life de Joan Crawford, publicado en 1971.

Dedicada a María Escolopendra Venenossa, que me sugiere con sutileza, que empatizo con Miss Crawford porque me veo un poco reflejado en ella.