sábado, 3 de enero de 2015

LA ABEJA REINA

Llevo obsesionado unos cuantos meses con Joan Crawford, exactamente desde que Bamba Negra me trajo desde New York un libro sobre ella. Mi inquietud cinéfila e investigadora ha ocupado largas horas de lecturas, compras de material fotográfico, visionados de dvd´s y también, me he visto forzado a descargar películas de forma “ilegal”.

Joan Crawford en "Gran Hotel" (MGM, 1932).

No soy muy dado a las descargas ilegales, cuando me gusta algo lo tengo que tener original, hasta ese punto alcanza mi mitomanía, pero cuando no tienes más opciones es inevitable y más si cabe, cuando muchas de las películas de la época clásica de Hollywood no están editadas en dvd.

Joan Crawford en los años 20.

El caso es que después de leer y releer textos, pasar horas viendo vídeos y películas de La Crawford, me rindo al poder hipnotizador de esta estrella. No sé muy bien si porque como de una abeja reina se tratase, libera desde el más allá alguna feromona que controle y limite mi actividad solo para ella.


Lo que me queda claro es, como bien dice el historiador Charles Busch: “Joan Crawford es realmente la última gran estrella de cine”.

Reconocible incluso mostrando solo un ojo.

La Crawford supo como ninguna otra adaptarse a las décadas y a los gustos del público. De estos últimos siempre estuvo profundamente agradecida, mencionando siempre, que sin su público nunca hubiese llegado a donde había llegado. Además dedicaba fotografías a diestro y siniestro a cuantos se lo pedían.
¡¡Todo por los fans!!

Arropada por el público y por las pieles.

“Sentía al público como gente cálida y maravillosa que se preocupaba por mí, en proporción directa a la entrega y talento que pueda dar a los espectadores, gente a la que debo lealtad y de los que siempre he recibido lealtad”.

Que aprendan los actoruchos de hoy día…

Parece cosa de hace pocos años, pero ya en los tempranos años 30 tenía multitud de clubs de fans.

Apuntándose a la moda impuesta por Jean Harlow.

Su vida al más puro estilo del melodrama hollywoodiense, fue el mejor guión que soñase guionista alguno. De cómo pasó de vivir en la trastienda de una lavandería a ser Reina de Hollywood, es la aventura más fascinante conocida, gracias a su (a partes iguales) ambición, voluntad, profesionalidad y disciplina.

Glamour 100% MGM.

Con todos estos atributos, se reinventó a sí misma en múltiples ocasiones para aferrarse con uñas y dientes al trono de Diosa del Cine, durante una carrera que empezó en el cine mudo y terminó, no de una manera muy brillante, a finales de los años 60.

Otra muestra de poderío estelar.

Joan Crawford se convirtió a sí misma en marca registrada. Pelirroja de rotundos pero bellos rasgos, enormes ojos azules, enmarcados por unas cejas inconfundibles (que destacó a lo largo de los años), boca carnosa y grande y hombros anchos, todo ello revestido por el mejor vestuario creado por Adrian, el diseñador de cabecera de su gran rival la Garbo.

Joan Crawford una estrella genuina.

La Crawford ponía el listón muy alto tanto para ella como para todos los que interviniesen en sus apariciones cinematográficas. Un producto Crawford tenía que estar cuidado hasta en el más mínimo detalle.

Si la antigua Grecia era conocida por su mitología, rindiendo culto a distintas divinidades, Hollywood no podía ser menos y con el establecimiento del Star System (que duró hasta los años 50), creó a sus propias deidades mitificadas por el público.

La mítica película "Letty Lynton" (MGM, 1932).

Los dioses y diosas de Hollywood, compartían como los dioses de diferentes culturas y épocas, atributos tales como: la ubicuidad, la benevolencia y sobre todo estar muy por encima de todos los mortales.

En cuanto a Joan Crawford como diosa de Hollywood, no existe nada ni nadie que pueda ejercer su poder sobre ella. Aparte de sus cualidades profesionales, es bien conocida su fama por todo el mundo de tener un carácter temperamental, inherente a su condición estelar. Como la diosa hindú Kali, inspiraba miedo allá por donde iba.

La Reina de la Metro.

De heroína sufridora en la pantalla pasó a ser la malvada madrasta en la vida real, convirtiendo en visionarios sin proponérselo, a los dibujantes de la Disney cuando trazaron los rasgos de la perversa reina de Blancanieves (Snow Whithe and the Seven Dwarfs, 1937).

Cuando leí la biografía de Cheryl Crane, está decía que pese a todo prefería ser la hija de Lana Turner antes que serlo de la Crawford. Pero en muchos casos y más en el que nos ocupa, la ficción supera con creces la realidad. En la cumbre de su carrera, Joan estaba considerada una buena persona.

"Aquí estoy queridos. ¡¡Adoradme...!!"

No se puede etiquetar de mal bicho a Joan Crawford solo por lo que escriba su hija Christina, basándose en los recuerdos que tiene de su madre cuando contaba 13 años, sobre todo porque a mí los hijos que escriben sobre las vidas de sus padres una vez fallecidos, no me inspiran ninguna confianza. Me parece una manera bastante indigna de ganarse los cuartos.
¡¡Era odiosa pero yo sigo embolsándome dinero a su costa!!

Ejemplo claro es el de la hija de Marlene Dietrich, que después de intentar desmitificarla, a día de hoy sigue sacando dinero vendiendo sus pertenencias, algunas con tan poco gusto como una caja de clínex.

Con Gary Cooper en "Vivamos Hoy" (MGM, 1933).

Me gustaría saber cómo eran estas hijas en realidad… Porque claro, puedo poner verde a mi madre pero no voy a tirar piedras contra mi propio tejado. ¿Se portaría medianamente bien o era una niña déspota y mal criada?
¡¡Hija que eres adoptada, no te pases!! A saber de dónde la sacó la Crawford…

Joan Crawford en "Mujeres" (MGM, 1939).

¿Christina era la hija modélica y sufridora que nos hace creer? Ni siquiera sus hermanas gemelas, también adoptadas, se ponen a su favor, desmintiendo una y otra vez las acusaciones vertidas por ella: “Christina era una mentirosa” e insistieron en que Joan: “era una madre cariñosa, exigente pero nunca maltratadora”.

La Abeja Reina.

Ella en el colmo de la “maldad” las menciona como vulgares perritos falderos, en su libro “Queridísima Mamá” (Mommie  Dearest, 1978) publicado un año después de que falleciera.

Desde la publicación del mencionado libro, varios compañeros de Joan Crawford, como su primer marido, Douglas Fairbanks Jr., o la actriz Myrna Loy, han dudado de los recuerdos de Christina, a la que han acusado de exagerar y fantasear.

Joan en los años 40.

Con motivo de la reedición del libro en 2008, la visión de una de las nietas de Joan es totalmente diferente: “El libro fue una monstruosidad. Los recuerdos que yo tengo de ella son los de una abuela normal, cariñosa, que se desvivía por cuidarnos. Nunca hubo nada extraño o perverso en ella. Cuando se publicó el libro por primera vez Joan no estaba ya aquí para defenderse. Fue muy cobarde”.

Destacó en  los 50 en papeles fuertes y dominantes.

En el documental “Joan Crawford: La última estrella de cine” (Joan crawford: The Ultimate Movie Star, 2002), en el que su hija la ponía como un trapo, el actor Cliff Robertson, que trabajo con ella en “Hojas de Otoño” (Autumn Leaves, 1956) comentó: “Ella no quisiera ser recordada por las sombras de su vida”.

Joan Crawford en los años 50.

Betsy Palmer, actriz popular hoy por ser la famosa madre de Jason Voorheers en “Viernes 13” (Friday The 13th, 1980) que trabajó con Joan en “La Abeja Reina” (Queen Bee, 1957), que la recuerda como perfeccionista y gran profesional, comentó jocosamente en el mismo documental: “Ser hija de una estrella de cine es lo que tiene, implica ciertos riesgos…”

Joan en 1935 retratada por George Hurrell.

Vamos que si yo fuera hijo de una superestrella, sacaría provecho de cuanto me rodease e intentaría hacer todo lo posible para no llevarme una ostia, y si me la llevo, pues que queréis que os diga, una ostia de la Crawford debe de ser la pera limonera.

Si llegaras a leer esto queridísima Christina, te digo: “Si te llevaste más de una, igual es que hiciste algo que no debías y te lo merecías”.

http://sopademitos.blogspot.com.es/2012/04/joan-crawford.html

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!!

Las fotografías son todas de mi colección.

viernes, 14 de noviembre de 2014

DAVID JASON: EL ORIGEN

Un 9 de noviembre de 1914, nacía en Viena Hedy Lamarr. El mismo día en Madrid, 56 años después, lo hacía un servidor, aka David Jason. Madrid, un lugar interesante pero menos atractivo que Crystal Lake.

Welcome to Crystal Lake

Con pocos días de edad y a bordo de un seiscientos me trasladaron a Mérida, ciudad de la que nada recuerdo. De lo único que me acuerdo es de unas navidades en las que los Reyes Magos me trajeron un Geyperman barbudo con su helicóptero, al cual dando a un botoncito le hacías mover las hélices. De aquí  parten mis primeros fetiches: el Citroën 2cv, los pingüinos y Winnie the Pooh.

En un santiamén pasaba de los juegos bélicos a ser tan dulce como la miel...

Unos pocos años después, conservando un acento extremeño, nos fuimos a Cataluña. Me acuerdo del sitio en el que vivíamos, las Tres Carabelas, nosotros estábamos en la Santa María (las santas siempre me han acompañado), la bodega, las fiestas de San Juan y una tormenta de granizo que me dejó bastante parecido al Vengador Tóxico. Recuerdo también un poster de la película “Grease”, al que mi hermana con unos rotuladores, repasó los labios de Olivia Newton-John y los ojitos a John Travolta.

Una granizada me convirtió en un niño tóxico.

Básicamente la época de Esparraguera, que así se llama el lugar exacto donde vivíamos, sería la etapa del descubrimiento de la Ciencia Ficción con una de mis series favoritas de los 70´s: “Espacio 1999” o “Cosmos 1999” según el doblaje.

Primera toma de contacto con los monstruos espaciales y la Ciencia Ficción de cartón piedra.

Base lunar Alfa… Allí aparecían el comandante John Koenig, la doctora Helena Russell, la metamorfa Maya y multitud de monstruos de las más variopintas formas y colores. Koenig es el alter ego que utilizo en mi cuenta de Instagram por si no lo sabéis.
¡¡Que aventuras!! Gracias a que ahora tenemos el dvd puedo revivirlas cuando quiera.

Los cojines en la cara, algo recurrente en mi afición por el horror.

Descubriría también las películas de monstruos gigantescos (ahora conocidas como Monsters Movies), el terror de la Hammer y los cojines en la cara, a Paul Naschy y a las estrellas del cine de entonces como: Agata Lys o María Kosty entre otras muchas.

¡¡Que guapa mamá!! Frase estrella del pequeño Davidjason.
Solo me interesaba por exigencias del guión...

Mi afición por la naturaleza (como la de todo el mundo) comenzaría con los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. “El Hombre y la Tierra” y sus cuadernos de campo, marcan mi fijación por los animales con cuernos como: el Muflón y la Cabra Montesa.

Rodríguez de la Fuente y mi afición por los cuernos...

Haciendo mío el refrán: “Le gusta más que a un tonto un lápiz” me pasaba horas dibujando en álbumes de dibujo todo lo que había visto en los documentales.

Los mencionados cuadernos de campo, me los traía mi padre del kiosco junto con tebeos de Tarzán, Batman (que ahora valdrían un dineral) y unos tomitos del gato Pumby, que aún conservo.

El gato Pumby todo un "destroyer".
Ocultaba más de lo que se intuía a simple vista...

Antes de que apareciese Indiana Jones en la cultura popular, yo ya corría innumerables aventuras por mundos misteriosos, emulando lo que veía en la tv o en los tebeos de Pumby, soñando tanto despierto como dormido, acompañado de mi inseparable pingüino rojo, que me acompañó en la cama desde mis tiempos en Mérida, hasta la friolera edad de 12 años.

El Citroën 2 CV, el coche oficial de Crystal Lake!!

Cuando ya era una especie de marciano, además con acento catalán, porque lo de ser friki todavía no se estilaba, obsesionado con los muflones, la ciencia ficción, los 2cv, los monstruos y todo lo demás, aterrizamos en Madrid…

Una tarde de sábado no sería lo mismo sin Harryhausen.

Correremos un tupido velo sobre los últimos 70´s y primeros 80´s, ya que no hay nada memorable que contar si exceptuamos mi afición por los “Clicks de Famobil” (ahora conocidos como Playmobil a secas) y las Barbies de mi hermana pequeña, para quedarnos en la mitad de la década, cuando mis ojos de infante se toparon frente al televisor con Rita Hayworth.

De la noche a la mañana pasé de jugar con  Clicks  a coleccionar Barbies.

Ya he repetido en muchas ocasiones, que solo había dos canales de televisión, por lo que teníamos la suerte de ver cosas muchísimo más interesantes que ahora.
¡¡Como echo de menos el UHF!!

La Hayworth me introdujo en el mundo del cine clásico, pero fue Marlene Dietrich la que cimentó y culminó mi gran afición por él. ¡¡Casi 30 años coleccionándola dan prueba de ello!!

La aparición de Rita, marca el comienzo de mi adolescencia, mi ingreso en la Escuela de Artes Aplicadas, la aparición de Carmen Munster, mi gusto por The Cure, el descubrimiento de otros mundos (tanto artísticos como intelectuales), la ciudad de noche, la Bola de Cristal, etc… Años de enriquecimiento, cuando me relacionaba y compartía impresiones con gente que me sacaba como mínimo 10 años de edad.

Hayworth y Dietrich. El Glamour llegó a Crystal Lake!!

¿En qué otro lugar podías codearte con una señora mayor, una punki, gente de otros países, un marinero o una monja entre otras muchas peculiares personas? Aquella época la recuerdo como una especie de Fama (la serie de tv), pero sin música y sin baile.

Hace relativamente pocos años me volví a encontrar a un profesor de dibujo artístico de mis tiempos en la escuela y le comentó a María Escolopendra Venenossa: “era muy distante”.
¡¡El mejor cumplido que le podía hacer a mi ego!!

¡El tamaño no importa!

Con la Srta. Munster conocí a los fotógrafos Joel Peter Witkin y Robert Mapplethorpe y eso para un chico que hasta hacía bien poco se entretenía con recortables de su propia creación, inventando su propio periódico, comics o diseñando carteles de cine, es un paso de gigante...

A estas alturas si antes era un marciano, ahora era un extraterrestre cuando (en las pocas veces que lo hacía) me relacionaba con gente de mi edad.

Joel Peter Witkin y Mapplethorpe. El bizarrismo se apodera de mí.

Siguiendo el curso de la historia, me dio por el mundo de la Moda en los 90´s. Como la moda es efímera y banal mi “enamoramiento” fue breve. Tan breve que no le dedicaré más líneas.

La mitad de los 90´s, fueron el año de la Ilustración en muchos sentidos…

Es la época en la que hizo su primera aparición Escolopendra Venenossa. Me aficioné a los Pokemón y empecé a estudiar Ilustración en la Escuela de Arte. Seguidamente me dediqué a ello profesionalmente, para descubrir junto al artista con el que trabajaba, que la mejor enseñanza es tener un buen maestro.

Las puertas de Crystal Lake están abiertas para todos.

Como toda gran figura del cine clásico en un gran estudio, tuve mis años de esplendor y mis años de decadencia, trabajando en una empresa en la que me dedicaba al Diseño Gráfico y lo que más hacía era ver porno…

En esos años aprendí a no dejarme mangonear, aunque ya venía resabiado y me llevo buenos amigos, en especial a mí (nuestra) querida e idolatrada Bamba Negra.

O cómo compaginar a Winnie the Pooh con Jenna Jameson.

Una vez que me alejé del inframundo (como lo llamaban algunos) y de compartir mis días con gente que no merecía la pena, vi la luz dedicándome a lo que más me gustaba: los animales.

Comencé como Auxiliar Veterinario y terminé como Peluquero Canino. Aprendí mucho y añadí nuevos amigos.

Después pase por un pequeño bache del que salí principalmente gracias a mi perro Frankie y a la paciencia infinita de Escolopendra Venenossa, comprendiendo que lo mejor que podía hacer era, cual camaleón, adaptarme a mi nuevo horizonte profesional…

Tantas patas tiene Escolopendra, como mundos hay en Crystal Lake.

Como me apunta ella con su peculiar humor: “has pasado de la lujuria a la usura”.
¡¡Buen título para una biografía!!

Y aquí estoy, escribiendo estas líneas sabiendo que Escolopendra Venenossa, que no se ha separado de mi en estos últimos 20 años, estará protegiéndome con sus afiladas forcípulas venenosas.


Venenos salu2 desde Crystal Lake!!

sábado, 30 de agosto de 2014

DESNUDO POR EXIGENCIAS DEL GUIÓN

Obligado a permanecer en la penumbra debido al calor que me agobia, a punto estoy de desembarazarme de lo poco que llevo puesto, unos bóxer Calvin Klein del año la tana y caminar libre como Tarzán.

Johnny Weissmuller en 1932, en los tiempos en los que podía lucir carne.
Foto: Colección Davidjason

Nadie me lo impide, Escolopendra Venenossa desde su grieta, está harta de verme corretear de un sitio para otro ligero de ropa, cual starlette de serie B.
¡Siempre por exigencias del guión, como debe ser!

Cuento además con la ventaja de que aquí somos bastante rácanos en cuestión de espejos y como solo tenemos uno de cuerpo entero, con no acercarse donde está,  no hay problema.
-Espejito, espejito: ¿Quién es el tipo más mono de Crystal Lake?
-¡Desde luego que tú no!
Y se te acaban las ganas de pasearte delante del maldito espejo y hacer monerías (a las que soy muy aficionado) sin nada de ropa.

Marlene y su eterno amigo retratada por Don English en 1932.
Foto: Colección Davidjason

Una cosa es estar fresquito y otra muy distinta ser consciente, viendo tu reflejo, de que no eres un Adonis. Sobretodo nada más levantarte por las mañanas legañoso, despeinado y con rebabas...

¡Qué envidia que me dan los animales! En pelotas todo el día y siempre quedan bien en cualquier situación.

Frankie y sus cosas de perros...
Foto: Davidjason

La verdad que puestos a elegir, muchas personas están mejor al natural que vestidos. En la playa por ejemplo, muchos estarían mejor sin nada encima, que embutidos en bañadores que les dan formas imposibles. El cuerpo a su libre albedrío casi que me resulta más estético.

Como tengo amigos que me acusan de “gordofobia”, he de decir que no estoy faltando al respeto a nadie, estar en su punto no es cuestión de kilogramos. Para faltar (ignorar seria más apropiado) a alguien, no me guío por su físico. Fijándome en su actitud o cruzando un par de palabras ya me lo han dicho todo.

Davidjason saliendo del mar.
Foto: María Escolopendra Venenossa

Puestos a elegir prefiero una persona rellenita antes que a los excesivamente delgados, con sus cuerpos marcando músculos, tendones, costillas, caderas… Parecen estar más cerca de la mojama que de una persona normal. Si encima se tuestan al sol, no te quiero ni contar…

Como siempre le digo a mi amiga Bamba Negra: ¡¡Estar delgado no es sinónimo de tener buen tipo!!

Una clase de arte en el museo de Brooklyn en 1935.
Foto: Archives of American Art

En las clases de dibujo de mis años de estudiante en la Escuela de Arte, comprobé que era mucho más interesante tener delante a un modelo normalito que uno que presumía de “buen tipo”. Años después cuando pase a estudiar diseño de Moda, muchas modelos al desnudarse para las pruebas perdían todo su encanto...

Hedy Lamarr en Extasis (1933), película polémica en su día.
Foto: Google

Pues bien, aquí estoy dudando de sacar mis vergüenzas al aire este verano o mismamente en casa, cuando reflexiono (siempre desde la perspectiva del glamour), en momentos de desnudez impresos en mi memoria como el de Hedy Lamarr en “Extasis” (1933), los desnudos más o menos velados de las películas de Cecil B. DeMille y en mayor medida, los de Johnny Weissmuller y Maureen O'Sullivan en los Tarzanes de la Metro, antes de que la censura acabara con sus minúsculos taparrabos.


Venenosos salu2 desde Crystal Lake!!

martes, 29 de julio de 2014

LANA, LA ÚLTIMA DIOSA

Nunca he sentido una especial atracción hacia Lana Turner, hasta que hace poco leí la autobiografía de su hija Cheryl Crane, “Una Tragedia en Hollywood” (Ediciones B, 1989) y recupero (en parte) para mi mitomanía, a una estrella tanto dentro como fuera de la pantalla.

Lana en los comienzos de su carrera estelar.

Descubro que fue, pese a lo que muchos puedan pensar, una de las últimas grandes estrellas que nos dio la gran factoría de sueños que fue Hollywood. Matizo que descubrir, no descubro nunca nada. Prácticamente todas las actrices del Hollywood Clásico y en especial de la época del Star-Sytem, me son de sobra conocidas.

Mi primer recuerdo de La Turner, Lanita para sus amigos, es su aparición en ese clásico semejante a un gran musical que es “Los Tres Mosqueteros” (MGM, 1948). Las películas de capa y espada o musicales no son mi fuerte, y si contamos que aquí aparecía Gene Kelly acompañado de la simplona June Allyson no digo más…

Lana como Milady de Winter en "Los tres mosqueteros".

Pero gracias a que años atrás solo teníamos dos canales de tv y la gran afición de mis padres por el cine, allí estaba yo sentando delante de la tele, contemplando lo único que me hacía no perder detalle de las aventuras de D´Artagnan y sus amigos: Milady de Winter con los rasgos de Lana Turner. Para añadir más puntos a la película, aparecía Vincent Price como el Cardenal Richelieu.

Esa fue mi primera impresión de Lana. En maravilloso technicolor, con su famoso rubio champagne, haciendo de mala, como no podía ser de otra manera.
¡¡Las malas siempre me han atraído mucho más que las buenecitas!!

Luego no dejé escapar la ocasión de repetir la experiencia de volver a verla como Milady, en un papel que, como cuenta su hija, no le hizo mucha gracia. ¿Demasiada competencia estelar para Turner? ¿Un segundo puesto en los títulos de crédito?

Junto a Ingrid Bergman y Spencer Tracy en "El extraño caso del doctor Jeckyll".

Posteriormente la volví a ver en grandes películas, hoy clásicos del cine en blanco y negro. “El cartero siempre llama dos veces” (MGM, 1946) que la lanzó al estrellato o “Cautivos del mal” (MGM, 1953). También la tenía localizada en otras películas como: “El extraño caso del doctor Jeckyll” (MGM, 1941), pero aquí más por mi gusto hacia otra actriz, Ingrid Bergman.

Como cosa curiosa, me llamó la atención en “Las chicas de Ziegfeld” (MGM, 1941), a la mayor gloria de Judy Garland e inexplicablemente obvié a Hedy Lamarr. Todavía hoy no me explico cómo pudo pasar esto. A Hedy le faltaba todavía mucho para que me impactara con “Argel” (United Artists, 1938).

Con Hedy Lamarr en "Las chicas de Ziegfeld".

Como siempre y como he dicho muchas veces, la sombra de Dietrich era muy larga y monopolizaba por entero mi interés.

Ahora no sé si por la edad, que hace tiempo me hizo más flexible o por la nostalgia de un cine que nunca volverá a ser, las grandes estrellas recuperan una parcela que siempre tendrían que haber ocupado. En este punto llega Lana y llega para quedarse.

Lana junto a Clark Gable, otro dinosaurio de la Edad de Oro.

Lana Turner, al igual que Clark Gable, actor que tuvo su entrada en este blog por idénticos motivos, fue una estrella (de una estirpe de las que ya no quedan) que luchó con uñas y dientes para mantener su reinado en las postrimerías de un cine en extinción. Se asemejaba mucho al Rey. Su reinado bien entrado los años 40, tutelado por la todopoderosa Metro, terminó prácticamente con el final del Star-System a principios de los años 50.

Esto no quiere decir que desapareciera. Al igual que Joan Crawford, una diva anterior y muy distinta a la Srta. Turner, se reinventó y luchó contra el hándicap de la edad (que no sufrían los hombres) para mantenerse en el cine hasta finales de los 60, si bien sin el esplendor de antaño aunque con la misma actitud.


Cuenta la leyenda más o menos verídica, que fué descubierta por un cazatalentos cuando merendaba en una cafetería. De infancia difícil pero de auténtica superviviente, su ambición y atractivo le abrió las puertas de la MGM. Más carnal que las estrellas de la generación anterior, en principio, recibió el rechazo de la comunidad de Hollywood de los años 30.

Intervino en varias películas a finales de la década, pero la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, que derivó en un cambio generacional y en los gustos del público, la aupó como una de las estrellas más populares de los años 40. Junto a Rita Hayworth y Betty Grable formo el trío favorito del ejército americano y se convirtió en un símbolo sexual de su época.


Más bella que actriz, es posible que no se preocuparan en sacar más partido de sus posibilidades, pues en las películas citadas demostró que no era tan mala actriz como se suponía e incluso mejor que muchas. Siempre se limitó a hacer lo que se le pedía. Disciplinada, podía volver de una fiesta a las 3 de la madrugada y levantarse a las 6 de la mañana.

Se paseó por los estudios de la MGM (y fuera de ellos) como una auténtica reina. Si bien es verdad que una reina generosa y amable en muchas ocasiones. Las penurias que pasó de niña la apremiaron a, como una Scarlett O´Hara, no pasar nunca más hambre y amasó fortuna que dilapidaba tan rápido como llegaba, en mansiones, fiestas y lujos varios.


Fortuna esta que repartía generosamente a partes iguales tanto a la familia como a amigos, maridos y amantes. Su hija cuenta que se jactaba de pagarse todo ella misma y no dejarse mantener por nadie. También nos hace saber, que esa generosidad, era más bien material porque en lo sentimental era más bien avara, o hablando con más exactitud, según estuviera de humor.

Como buena diva que se precie, su carácter era tan voluble como el viento. En algunos momentos su propia hija no sabía muy bien si estaba hablando con su madre o con la Lana Turner de sus películas. Tras su apariencia de glamour, Lana escondía una personalidad tremendamente insegura.

Aunque como he dicho era muy disciplinada, Lana era un espíritu libre. Su altanería e inconformismo, junto a sus excesos en público le causaron más de un disgusto con la MGM, que la suspendió de empleo y sueldo en más de una ocasión.


Como a Gable, su galán en varias ocasiones, el fin del sistema de estudios y el cambio de década, le reportó el despido inmediato. A partir de este momento tuvo que ganarse las habichuelas por su cuenta, sin el apoyo y los cuidados que había recibido desde hacía casi veinte años, a saber: sueldo semanal, películas para su lucimiento y departamentos como el de vestuario y el de publicidad a su entera disposición. Además tenía que competir con las nuevas figuras, que emergían rápidamente arrinconando a las "viejas" glorias, pero imitando su estilo.

El despegue definitivo de la tv y un público que buscaba nuevas sensaciones y más realismo, precipitó la caída de ingresos de las grandes compañías y el modo de hacer películas hasta entonces. La competencia era feroz, pero Lana encontró su nicho especializándose en melodramas a todo color como: “Imitación a la vida” (Universal, 1959), que muchas veces copiaban descaradamente acontecimientos de su vida privada y que eran muy del gusto de las “marujas” de la época.

Lana mostrando poderío en Technicolor.

Por su papel en “Vidas borrascosas” (20th Century Fox, 1957), consiguió su única nominación al Oscar, arrebatado por Joanne Woodward (la mujer de Paul Newman). Lana fué la única de las otras nominadas que apareció en la ceremonia, aunque ya concienciada de que no iba a ganarlo. En la fiesta posterior a la gala, recibió en su mesa el reconocimiento de lo más granado del Hollywood de ayer y del momento, como rindiendo homenaje a una época del cine ya desaparecida. Incluso la premiada se acercó a saludarla.

Para entonces Lana había dejado atrás a todas sus contemporáneas, incluso a su gran amiga Ava Gardner.

Junto a su amiga de juergas varias Ava Gardner.

Encasillada durante los años 60, la crítica infravaloró su talento al limitarse a interpretar melodramas prácticamente calcados unos de otros.

Paralelamente su vida privada fue tan conocida por su público como sus apariciones en el cine, gracias a sus escándalos, pregonados a los cuatro vientos por la prensa sensacionalista. Contaba con una vida sentimental realmente agitada. Ocho matrimonios, dos de los cuales celebró con Stephen Crane, el padre de su única hija y una larga lista de amantes entre los que se encontraban: Clark Gable, Frank Sinatra, Victor Mature, Tyrone Power, Howard Hughes, Fernando Lamas...


Nacida en Idaho en 1921 como Julia Jean Mildred Frances Turner, se retiró definitivamente en los años 80 y nos dejó como Lana Turner un 29 de junio de 1995, víctima de un cáncer a la edad de 74 años.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake.
Todas las fotografías son de mi colección.