domingo, 24 de febrero de 2019

DÉJAME TRANQUILO (Remixed & Revisited)


Me encantaría poder decir que el pasado día de los enamorados, cuando empecé a escribir esto, acababa de ver “Kong: La Isla Calavera” (2017), pero no es verdad. Hubiese sido un golpe de efecto porque siento un verdadero amor por los “monstruos”, que mencionaré a partir de aquí como criaturas, que me gusta más. Lo de monstruos lo dejo para los Homo sapiens, que a fin de cuentas son los que no paran de tocar las narices y los que provocan la mayoría de los desastres que nos asolan.

Hedora, la burbuja tóxica.

Hubiese estado bien decirlo, pero me resulta casi imposible mentir. Nunca he podido y no porque me descubran sino porque no me gusta. Si llego a hacerlo, confieso en cuestión de segundos. Puede darse el caso que Escolopendra Venenossa, viéndome más contento de lo habitual sospeche algo, pero antes de que le dé tiempo a preguntarme ya le he confesado, por ejemplo, que me he comprado unos cromos de los Pókemon al ir a por el pan. Si me remuerde la conciencia ocultarle eso, no sé como lo llevaría con asuntos todavía más importantes. También os digo que Igual que me cuesta mentir, también me cuesta: ¡mantener la boca cerrada!

Kong a punto de usar su Pokeball y hacerse con todos...

¿Conocéis el refrán “El que avisa no es traidor”? Pues eso… No tengo el aliento radioactivo de Godzilla, pero según cómo, cuándo y por qué me molesten, mi nivel de explosividad volcánica sube como la espuma. A veces cualquier excusa me vale y paso de la tranquilidad a la ira en pocos minutos. En ocasiones, las pocas, me retiro “pacíficamente” antes de que la sangre llegue al río, pero la mayoría de las veces suelto sapos y culebras por la boca. No es muy agradable de ver y oír, y menos si eres el sujeto que lo recibe.

Godzilla contraataca junto a Anguirus.

Depende del mismo índice puede que me arrepienta y me disculpe, pero otras no. De todas formas, una vez aprietas el acelerador y sueltas todo lo que se te pasa por la mente, no hay forma humana de corregirlo. Y aquí viene muy bien esa frase de: “perdono pero no olvido”. En eso soy como los búfalos y los elefantes, que olvidar se olvidan de poco. Fue un caso real el de un búfalo que esperó a la sombra de una acacia al tipejo que le hirió en una cacería un año antes.

La paciencia es la madre de la ciencia.

Toda esto viene porque después de ver la mencionada película y contársela a Escolopendra Venenossa, le comenté que siempre me pongo del lado de las criaturas y simpatizo con ellas. Escolopendra, que es mi Pepito Grillo, me contestó: “¡es porque te identificas con ellas, pero eso ya lo sabes de sobra no hace falta que te lo diga!” ¡Me encanta oírlo, por cierto!

¡Te he dicho mil veces que no me pises el suelo mojado!

Al igual que Kong, valoro la tranquilidad y soy muy posesivo con mi espacio vital, mis cosas y algunos amigos. Cualquier cosa que me perturbe desata a la criatura que llevo dentro y salto a las primeras de cambio, así que entiendo perfectamente lo que le pasa por la cabeza.

La primera palabra que aprende una criatura en todos los idiomas es:
¡Venganza!

“Kong: La Isla Calavera” comienza con un prólogo que se desarrolla durante la 2ª Guerra Mundial y continua a partir del final de la Guerra de Vietnam. Al ego humano (aquí el de EEUU) le gusta mucho tirar de sus  éxitos y derrotas del pasado. En este caso se vengan en el pobre Kong de sus derrotas. Además descubrimos que los motivos que tienen para explorar la isla es ser los primeros en conquistarla y aprovecharse de los recursos que encuentren. ¡Algo tan real como la vida misma!

Las manazas del Homo sapiens
alcanzan cualquier lugar por lejano que esté.

Navegando hacía ella van de la manita un grupito de científicos y soldados (la ciencia y las armas siempre juntas) y un exsoldado, ahora como guía y una fotógrafa pacifista, ambos con sentimientos ecologistas. Nada más alcanzar la isla empiezan soltando explosivos. ¡Fenomenal!

A Kong le dejan la isla hecha unos zorros.

Kong que está tan pancho en su isla comiendo megaplátanos se pilla un rebote espectacular. Él no está solo en ella, también hay animales y nativos rarunos a los que cuida. Lo que no entienden los cabeza de chorlito cuando Kong se enfada, es que sólo quiere que le dejen en paz, como a la Garbo.

Santa Greta de la paciencia.

Llegar a un lugar y arrasarlo es algo muy habitual del ser humano, así que no me extraña que las criaturas a las que molestan decidan tomarse la justicia por su mano. ¡Ellas son muy vivas! A mí me pasa más o menos lo mismo cuando invaden los alrededores de mi cabaña en el lago siempre que hay algún evento cerca.

Godzilla hasta los mismísimos del transporte público.

En los años 50, Godzilla y otras criaturas por el estilo, fueron una metáfora sobre los ataques nucleares. Ahora en la actualidad, bien podrían representar el miedo a ser destruidos por un país hostil, cualquier loco presidente de una gran nación o el cambio climático. En cualquiera de los casos, nos queda claro que el egocentrismo humano podrá con todo, lo mismo que sucede en las películas con criaturas colosales de por medio: "la estupidez humana no la resuelve ni Kong ni Godzilla juntos".

¡Megalodón, cuando acabes con los surfistas ve a por los ciclistas!

Cuando los Homo sapiens invaden simas oceánicas, parajes desconocidos o talan árboles sin una razón de peso, irritan a un Megalodón que devora todo lo comestible que encuentra, a Godzilla que destruye todo a su paso, o a mí que maldigo a las instituciones municipales hasta llegar a casa.

Un pedrusco bien utilizado
puede convertirse en un arma de destrucción masiva.

¡Ya me gustaría actuar como Godzilla! Él no se anda con chiquitas y harto de tanta intromisión (recordemos que no le dejan en paz desde los años 50) se dirige hacia la costa más concurrida, sea ésta la bahía de Tokio, Torrevieja o el mismísimo Benidorm, asolándola. ¡Encima la gente se queja!

Godzilla se acerca a los autobuses que se dirigen a Lourdes. 

El leitmotiv de Godzilla es ir y venir de su isla atravesando el océano hasta llegar a tierra, buscando venganza, algo así como cuando yo voy al DIA buscando mí bebida de avena favorita. La diferencia está en que él tiene la satisfacción de quedarse a gusto destruyéndolo todo y en cambio yo no puedo derribar estanterías al no encontrarla.

Davidjason practicando su gruñido de guerra.

De todas formas no todas las criaturas tienen por qué ser ficticias y de maneras burdas. También las hay reales y de modales glamourosos. Ahora que acabo de leerme un libro sobre Greta Garbo comprendo su proceder y la entiendo perfectamente. Entre la película de Kong y el libro de Garbo, me imagino ser un hijo no reconocido de ambos: mi carácter es el de él, pero mis maneras son las de ella. Teniendo en cuenta estos padres ficticios, no me extrañaría que Escolopendra, mí querida miriápodo piense que comparte su espacio con una caja de explosivos marca ACME, por lo inestable de uno y lo fría de la otra.

Para tratar a una criatura nada mejor que hacer uso de un manual de instrucciones.

Cualquier cosa me irrita, suelo explotar a la mínima de cambio y soy dado a hacer salidas de lo más cinematográficas. A veces fantaseo con tener la fuerza bruta de Kong, Godzilla y pisotear cabezas o ser como la Cosa de los 4F y soltar su conocida frase: ¡es la hora de las tortas!, pero considerando mí fuerza física puede que salga perdiendo si se la compara con la de La Divina.

Es ver a este perro en un callejón oscuro y salir corriendo...

En parte soy como los perros pequeños que se creen grandes. Como nuestro Frankie, que a veces se crece cuando ve un perro que le dobla en tamaño y le entran unos prontos de mala baba, pero desconoce que él no tiene ni medía hostia. ¡Admiro su valor y atrevimiento!

Grace Jones no entendió muy bien qué es eso de atención al cliente.

Si bien mi carácter es muy parecido al de mis queridas criaturas, prefiero en lo posible, cuando no me dejan en paz, no hacer escenitas dignas de criaturas como una Grace Jones (montando líos en aviones) o una Björk (soltando tortas a periodistas) y decantarme por el estilo Garbo. ¡Qué mujer! ¡Mucho en común tengo con ella y yo no lo sabía!

El mejor amigo de uno es uno mismo.

A ella le gustaba estar sola en casa tranquilamente y que la dejasen en paz. Pasar tiempo en la cama, leer un libro en su jardín o nadando en la piscina. No contestaba al teléfono ni abría la puerta a nadie. Sólo mantenía relación con un pequeño grupo de amigos y no siempre todos juntos. Si en un encuentro con éstos aparecía un desconocido, se largaba a casa, cosa que también hacía en el trabajo cuando algo no le gustaba. Nunca iba a fiestas y si aceptaba una invitación no aparecía.

La Garbo a su vuelta de quemar la casa de sus vecinos con ellos dentro.

Si alguien quería que se la presentaran ella contestaba: “¿Para qué quiero conocer a alguien que no conozco?”.  Si una señora, por ejemplo, la saludaba en una tienda, salía en desbandada relatando en alemán algo así como: “¡Qué querrá ésta!”. Si daba, en alguna ocasión, una pequeña cena en su casa, llegada una hora decía: “¡Ya es hora de que os marchéis!”. Que la tocaran o abrazaran, malo. Que la preguntaran, malo. Si iba a un local y estaba más o menos lleno, se largaba... siempre poniendo pegas a todo. ¡Algo por cierto muy mío!

¡Pero no toques, por qué tocas!

Greta Garbo quería tener una existencia anónima y tranquila como las criaturas de ficción, sean estas Godzilla, Kong o Davidjason. ¿Por qué molestarlos y luego sorprenderse de que se conviertan en auténticas fieras?

¡Divina Garbo, divina hasta en la borderia!

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor, excepto las de Kong: La Isla Calavera (2017), Megalodón (2018) y El Coyote.
Escaneo: Godzilla King of the Movie Monters (1996) by Robert Marrero.
Búfalo: acuarela del autor.

¡Es eso y más!"
María Escolopendra Venenossa

A todas las criaturas que no se sienten normales.

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