jueves, 6 de julio de 2017

BWANA YUYU

Mi anterior entrada me dejó exhausto y acalorado. Como uno ya tiene una edad y unos kilitos de más como para ir por ahí con poca ropa, no se me ha ocurrido mejor idea para pasar el momentáneo achicharramiento que sumergirme en las refrescantes peripecias de Tarzán.

Tarzán, el hombre más mono que pisó la selva.

El Tarzán, desde luego, de Johnny Weissmüller. Este Tarzán que, casualidades del universo, enlaza con el texto dedicado a Gary Cooper: Weissmüller se casó con la actriz Lupe Vélez, una vez que ésta dejó tranquilo a Mr. Cooper.

Desde niño me ha encantado Tarzán, aunque cueste creérselo, con tan solo 5 años devoraba (no es literal, quiero decir que las leía) las novelas gráficas que mi padre me traía las mañanas de los domingos. Las echo de menos, por lo que representaban para mí y porque ahora, por qué no decirlo, esa colección valdría un dineral. Además seguramente estarían intactas, porque lo de pintarrajear libros y tebeos no va conmigo. Y allí estaba yo, alternando la lectura de esos comic con los de Batman y con los tebeos de Pumby. Por cierto que aún conservo un poster de la serie de dibujos animados de los 70, del león Numa, que debe estar ya desintegrándose por ahí.

La curiosidad mató al gato.

No es extraño que con mi temprana toma de contacto con el personaje de Burroughs, unido a mi afición por los animales y que a mi padre el único Tarzán que le gustaba era el de Johnny Weissmüller, me quedara embobado delante de la pantalla de la televisión en cuanto los tambores de esa África misteriosa y salvaje, en blanco y negro, empezaban a sonar.

He de confesar que ese sonido de tambor me producía el mismo miedo que la melodía de una película del Drácula de la Hammer. Era escuchar a los nativos pronunciar las fatídicas palabras “Bwana Yuyu” y ya estaba yo tapándome la cara con las manos (siempre dejando una rendija entre los dedos) o con un cojín si mis padres no los retiraban a tiempo.

¿Cómo es posible que alguien que vive en Crystal Lake sea tan miedoso? Pregunta habitual que suelen hacerme los que me conocen. La razón es porque tengo una marca invisible de nacimiento, visible solo con el reactivo correspondiente, que pone: miedoso de 0 a 99 años. Aclaro de todas formas, que las películas de la Hammer ya no me dan miedo y desde luego, menos las de Tarzán.

Lo que si da miedo es como terminó el personaje.
¿Qué pinta ahí ese caballo salido de un western?

Cuando veía de niño las viejas películas de Tarzán, las de la Metro, no reparaba en (si eras un poco avispado sí que te dabas cuenta o si tu padre te lo decía) que Tarzán cabalgaba siempre el mismo rinoceronte o luchaba (más bien se abrazaba) con el mismo cocodrilo (de goma) película tras película. Por no hablar de las imágenes superpuestas que se notaban con poco que el televisor tuviese una buena definición. Esto me hace recordar lo importante que es tener uno bueno. Me acuerdo de la tv de mis abuelos maternos que para cuando se encendía (empezaban primero a oírse voces) ya estaba la película o lo que fuese empezado.

Para cuando se encendió la tele, la película ya era en color.

Desde luego las primeras y las mejores fueron bajo el sello de la MGM durante los años 30 y principios de los 40 y protagonizadas por Johnny. Mi padre siempre hablaba muy bien de “Tarzán en Nueva York” (1942), pero a mí la verdad, un Tarzán vestido con traje no me atraía y eso que el tema promete, sobre todo el encuentro entre Tarzán y los animales del zoo. Tendré que verla de nuevo.

Tarzán le hace la pedicura a Jane. ¡Ver para creer!

La primera de la serie, “Tarzán de los monos” (1932) tampoco es que me diga mucho. Creo que porque el tema chico encuentra chica se me hace pesado. Yo quería acción, no romance. Además me gusta más Jane ya establecida como reina de la selva, con su casita en el árbol, sus utensilios de cocina y todas las comodidades que te puedes encontrar en una selva situada en un plató.

El Espíritu Santo les trajo un bebé.
Ya crecidito, Boy les traerá de cabeza.

Mis recuerdos se centran principalmente en las cuatro siguientes: “Tarzán y su compañera” (1934); “La fuga de Tarzán” (1936); “Tarzán y su hijo” (1939) y “El tesoro de Tarzán” (1941). Son las que vuelvo a ver frecuentemente. Añadir que en todas las mencionadas, Jane era Maureen O´Sullivan. Luego vendrían otras Janes pero ya no era lo mismo.

Tarzán las prefiere morenas, pero terminaría con una rubia.

La trama general de las películas de Tarzán es casi siempre la misma con ligeras variaciones. Básicamente son el tesoro a robar: que si vamos a hacernos con el oro; que si nos llevamos el marfil; que si nos llevamos a Jane… A mí lo que de verdad me gustaba era ver a los expedicionarios y sus porteadores en peligro.

¡Siga adelante!

En esto que los malos o menos malos, engañan a Tarzán o Jane (según la peli) para que les muestren, por ejemplo, el cementerio de los elefantes. Para llegar allí tienen que atravesar terreno Yuyu. ¡¡Yuyu qué bonita palabra!!

El terreno Yuyu suele ser escalar la montaña sagrada conocida como el monte Mutia, atravesar el territorio de los Gaboni o el del Pueblo León.

Que te persigan los hombres león con sus leones hambrientos, dirigidos por Cedric Gibbons (director artístico de la Metro y marido de Dolores del Rio) en “Tarzán y su compañera”, es el mejor ejercicio cardiovascular que existirá nunca: ¡a la de tres, todos a correr bajo una lluvia de flechas hasta la falda de la montaña, sagrada o no y a trepar!. Sea como sea terminarán de una forma u otra perdiendo sangre, alcanzados por una flecha, alanceados, devorados por cualquier tipo de fiera o caída libre al vacío.

Tranqui Jane, aquí en el árbol nadie te tocará el yoni...

Hablando de caídas al vacío: ¿Cuántas veces se habrá caído el mismo porteador en todas y cada una de las películas? A mí, lo siento, pero es que me hace mucha gracia. Luego me da penilla, pero menos. Me tiran mucho las caídas al vacío, la verdad.

Para caerse con “gracia” la cosa va como sigue: nos presentan una interminable fila de porteadores más cargados que el burro asturiano de mi tía-abuela (literal), que invariablemente, se porten bien o mal, se llevan su ración de latigazos a manos de un fornido negro, de nombre Bomba, con cara de mal rollo. Los porteadores llegan a la susodicha montaña, que si no es más alta no cabe en el fotograma, sorteando flechas o leones. Los pobres, venga subir y subir, hasta que de pronto llega el desenlace fatal.

Bomba, el amo del látigo, se toma su trabajo con profesionalidad.

Tenemos la flecha despistada de un nativo que no sabes cómo, pero da en el blanco, al patoso de turno que se resbala al pisar la típica piedrecita suelta en, por regla general, el angosto camino o bien unos monos inmensos y despeluchados tirando pedruscos desde la cima. Pedruscos que cuando te alcanzan te desequilibran y ya está todo perdido. Esta última forma de caerse al vacío es la que más me gusta. Ya tirando de presupuesto, colocamos a los pies de la montaña un rio plagado de cocodrilos.

En un periquete, el primero por la izquierda saltará al vacío.

Pero vamos, que si me dan a elegir me quedo con el pedrusco en la cabeza antes que perderla en el poblado de los Gaboni, los Kolimba o los Waziri. A los porteadores les da igual llegar a la cima que ir por llanos, el resultado es el mismo. Los Gaboni están en todas partes acechando tras los helechos.

Con 5 o 6 años ver en pantalla el careto de un caníbal con colmillos de jabalí y trazos de pintura blanca decorando su cara, acompañado por el incesante sonido del tam tam y planos del caldero y la fogata, era demasiado.

Llegó la hora del almuerzo...

Para contrarrestar tanto malestar aparecía la mona Chita sola o acompañada por Boy (dependiendo de la película) haciendo travesuras o alguna monería.

Chita tomando medidas para el nuevo taparrabos de Tarzán.

Si te atrapaban los Gaboni u otros por el estilo, si eras blanquito o Jane, no había problema. Tarzán en persona se encargaría de ellos tanto para bien como para mal. Los que se las tienen que ver con los Gaboni son los nativos que los acompañan y es aquí, dónde siendo niño, recurría a mis manos para no tener que ver lo que se avecinaba. Por cierto, que en este punto, los porteadores y el de la cara de mal rollo ya se habían quedado afónicos de tanto gritar. ¡¡Era mucho el Yuyu!!

Con los Gaboni o la tribu que tocase el resultado es el mismo.

Me divierte recordar la rapidez con que se desarrollaba todo. De antología esas carreras a cámara rápida, tanto de Tarzán en lo que fuera menester estuviese haciendo, como de los caníbales. Ah! Y todos y cada uno de ellos tenían una facilidad extrema para correr incluso marcha atrás.

En cuanto a velocidad, dejo para el final del texto, una anécdota “protagonizada” por el Tarzán de Gordon Scott…

Facilidad también tenía Tarzán, Jane y Boy con la liana. Habían nacido con una entre las piernas (por lo que se ve Tarzán desde luego…). Esa facilidad ya la quisiera yo tener. La última vez que me agarré a algo parecido a una liana acabé de morros contra el suelo.

Master Class en el uso de lianas para principiantes.

Como en las películas, he hecho un paréntesis humorístico antes de continuar con los caníbales, que después de todo es la parte que más me gustaba. Mientras estos bailaban (hasta morir), Chita ya había ido a avisar a Tarzán del peligro que corrían los turistas o su señora esposa en el poblado.

¡Sí tú pudieras salir de aquí!

Posiblemente aquí tenemos un primitivo slasher: ser capturado y retenido por los Gaboni, tenía el mismo riesgo y desenlace que pasar el fin de semana en Camp Crystal Lake. Mientras que en la saga de Viernes 13 acababan con tu vida por tener sexo o fumar porros, en una película de Tarzán te las hacían pasar canutas por tan solo pisar propiedad privada o llevarte unos cuantos abalorios.

Tarzán llega al rescate en el último momento.

Como contaban con muchos extras, los Gaboni se tomaban su tiempo con los preparativos… Alternado planos de los caretos horrorizados de los protagonistas, íbamos viendo, poco a poco, como los desdichados porteadores eran atados a las copas de dos árboles cruzados, que al separarse a golpe de machete, desmembraban sus cuerpos.

¡Cuarto y mitad de porteador, por favor!

En el caso de que le llegara el turno a Jane, solía escucharse el mítico grito de Tarzán y aparecía de la nada subido en el elefante Timba. Éste a la orden de ¡Umgawa Timba! (parece ser que Ungawa servía para todo) arrasaba junto a sus compañeros elefantes (otra de mis escenas favoritas) el poblado en cuestión.

¡Umgawa! Tarzán haciendo un pedido online.

Liberados y puestos a salvo, los hombres blancos (buenos) se llevaban una reprimenda moralista de Tarzán y junto con Jane, Boy y Chita, todos subidos a lomos de elefantes, regresaban a su mansión arbórea. Como eran muy modernos para su época subían en ascensor gracias a Timba y su comprensión del lenguaje selvático: Umgawa esto, umgawa lo otro. Una palabra con infinidad de definiciones. ¡¡Qué sencillo era todo en la selva!!

¿Podría ser Weissmüller el creador del depilado brasileño?

Igual de sencillo era el vestuario de nuestros protagonistas. Si en las primeras películas prácticamente salían en pelotas, si se sigue la serie completa, incluso las últimas películas, veremos cómo las prendas evolucionan desde un simple taparrabos que se convierte en una minifalda cutre a lo Mary Quant en el caso de Tarzán o vestidos para Jane que parecen salidos del mismísimo atelier de Coco Chanel. El caso más llamativo es el de los mocasines que luce Lex Barker el primer sustituto de Weissmüler. Galán conocido más por ser marido, primero de Lana Turner y después de nuestra Baronesa Thyssen.

Lex, tan guapito como sosainas.

En cuanto a nuestros protagonistas: Timba el elefante, aparte de ser transporte, “allanar” terrenos o ser el motor de ascensores, cuando era necesario también podía convertirse en ducha portátil o lavavajillas. Para mí que estaba un poco explotado teniendo en cuenta que el río estaba a escasos metros de la casa. No quiero ni pensar si los de PETA hubiesen aparecido por allí.

Timba presenta su dimisión y le encasqueta el marrón a otro.

¿Y qué me contáis de Chita? ¡Transformismo por exigencias del guión! Chita en realidad era un macho llamado Jiggs, igual que Lassie, que era un macho llamado Pal. No me explico las razones para cambiarlos de sexo. Lo dejaremos para Cuarto Milenio a ver si resuelven el misterio. Jiggs como muchos de los animales (sobre todo los felinos) que aparecieron en las películas de Tarzán, estuvo muy activo en toda selva cinematográfica que necesitara de un chimpancé.

Dorothy Lamour adiestrando cocodrilos y de cita con Jiggs.

En cuanto a Johnny Weissmüller, su carrera no se desligó nunca del personaje. Primero como he dicho en MGM y a partir de 1942 en la RKO. Cuando parece que termina con el personaje, es contratado por Columbia para interpretar a Jim de la Selva hasta mediados de los 50. A finales de la década y abandonado el mundo del cine, funda una empresa de piscinas, retornando a sus orígenes, que como seguramente sabréis, fue campeón olímpico de natación. A partir de aquí, fue de mal en peor hasta su fallecimiento. Se comentaba que al igual que le había pasado a Bela Lugosi, que llegó a creerse que era Drácula, Johnny se creyó su personaje e iba soltando su característico grito selvático allí por donde pasaba.

Weissmüller intentando librarse del personaje.

Johnny Sheffild tuvo una carrera similar a la de su padre de ficción, también le acompañó en la serie de películas sobre Jim. Abandonó el cine para estudiar en la Universidad. Con un título en empresariales bajo el brazo se dedicó a sus negocios, hasta su fallecimiento debido a un ataque al corazón, tras caerse de una escalera mientras podaba un árbol. Su experiencia con los árboles, visto lo visto, no le sirvió de mucho.

La inteligencia de los elefantes rivaliza con la de los seres humanos.

Maureen O´Sullivan alcanzó la popularidad con su papel de Jane, pero no llegó a ser una estrella. Yo desde luego solo la recuerdo por sus trabajos en las películas de Tarzán, “La cena de los acusados” (1934) y “Ana Karenina” (1935). Dejó su carrera en 1942 para atender a su marido enfermo y sus ¡siete hijos!. Maureen no perdió el tiempo… Uno de sus hijos es Mia Farrow tan peligrosa como un Gaboni y si no, que se lo pregunten a Woody Allen.

Siempre nos quedará la selva. Sonreír y saludar...

He dejado para el final, como he dicho, una anécdota relacionada con el Tarzán de Gordon Scott que le sucedió a nuestra familia. A Scott, solo por esto, le tengo simpatía. Scott fue un Tarzán vigoréxico, con un inglés de Cambridge y un tupé muy de playa californiana.

Sería a finales de los 70, cuando mi padre se hizo con un proyector de Super8. Junto con el proyector se trajo algunas películas, entre ellas una de Tarzán. No me acuerdo exactamente cuál era, pero al estar protagonizada por Gordon Scott, probablemente fuese “Tarzán en la selva escondida” (1955) o “Tarzán y el safari perdido” (1957).

Scott más duro que una roca. Si se cae, se rompe.

Para la ocasión, invitamos a mi abuela paterna y allí estábamos, mientras mi padre preparaba el proyector y la pantalla, junto a ella, mi madre, mis hermanas y yo. En el momento que todo estaba a punto, como pasa siempre en todas las casas, mi madre se levantó y se dirigió a preparar unas palomitas. Mi padre le dijo que no se entretuviese que la peli iba a empezar. Como estaban saliendo los títulos de crédito y las palomitas tardan unos 5 o 10 minutos en hacerse en la sartén, contestó desde la cocina que empezásemos sin ella. Para cuando mi madre apareció con el bol de palomitas la película había terminado. ¡¡Risas generales!!

¿Pero esto qué es?

"Hombres decir no ir bwana, hombres decir yuyu"

Como nos quedamos estupefactos, se había tardado más en montar el chiringuito que lo que duraba la cinta, mi padre decidió con buen criterio pasarla de nuevo. De atrás hacia delante, más lenta o más rápida a conveniencia, en un bucle continuo y creativo a más no poder. No hicimos uso del zoom o el barrido rápido estilo Valerio Lazarov porque la maquina no daba para más. Y nosotros más contentos que unas castañuelas.
¡¡Al final de tanto trajín la película terminó por quemarse!!

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

3 comentarios:

  1. Hacia tiempo que no me reía con tantas ganas,las lágrimas corrían por mi cara como si llevará máscara de pestañas,en estos tiempos de aburrida política,es estupendo que alguien inteligente te haga reír,ya que una de las cosas más difíciles.Se ha perdido un buen creador y dibujante de comis-

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  2. Ja ja, no me acordaba de esa historia. Ja jaja. Como siempre genial, que puedo decir del sr jason!!por cierto puede que mi aficion por los monos venga de esas estupendas pelis.

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