sábado, 26 de enero de 2019

MUJERES ENAMORADAS


Enamorar
1. tr. Excitar en alguien la pasión del amor.
2. tr. Decir amores (requiebros).
3. prnl. Prendarse de amor de alguien.
4. prnl. Aficionarse a algo.


¡La Sra. Claypool, una eterna enamorada!

“Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición,
se encuentran con que se han casado.”
Groucho Marx

Después de 8 años con el blog mi sapiencia no da para más y como no quiero parecerme a esos grupos de música pop que no dejan de repetirse como el ajo desde hace décadas, he pedido a mis amigos y conocidos que me sugirieran temas para inaugurar el 2019. Como no tengo 80 mejores amigos o amigas como diría Terenci Moix y este blog lo leen tres o cuatro y uno de ellos soy yo, el éxito ha sido más bien escaso.

Mi amiga Mariló me ha sugerido que hable sobre las películas románticas… ¡Oh l´amour Oh l´amour Mon amour! Como bien le hicieron saber otras lectoras que respondieron a mi demanda, las películas románticas al uso no suelen gustarme. Baste como ejemplo: “Love Story” (1970). ¡No me la mentéis que me da algo!

Margarita haciendo uso de la fitoterapia.

Aunque no andan del todo desencaminadas, algún toque romántico no me viene mal, sobre todo si termina de forma dramática o hay zorreo de por medio, acabe este bien, mal o sea el método utilizado para sacar tajada o aprovecharse de algún infeliz. Entre mis películas favoritas se cuentan: “La dama de las camelias” (1936) o “Madame Bovary” (1949). La primera muere de tuberculosis en la más absoluta pobreza y soledad, y la segunda termina envenenándose porque no puede hacer frente a las deudas. Por cierto que los libros en los que se basan también son de mis favoritos.

¡Madame Bovary el drama de estar casada con un señor mayor!

El amor, después de todo, no deja de ser un concepto universal sobrevalorado, pasajero y manoseado. Si el amor fuese algo auténtico no se cambiaría de pareja tan a menudo, no existirían “los cuernos” y no se utilizaría ese fantástico refrán “un clavo saca a otro clavo”. ¡Me asombra la facilidad que tienen algunos de pasar de un amor verdadero a otro (también verdadero) como quién no quiere la cosa!

Pese a que no creo en el amor o el enamoramiento como tal, también es cierto que el que esto suscribe, tiene la gran suerte de gustarle los miriápodos y compartir su cabaña junto al lago con una escolopendra que adora su pútrido corazón.

“¿Cómo sabes que el amor se ha acabado?
Si dijiste que estarás allí a las siete y llegarás a las nueve, y él o ella no ha llamado a la policía todavía, se ha terminado.”
Marlene Dietrich

ROMPIENDO AMISTADES

“El demonio y la carne” (1926)
Felicitas (Greta Garbo), casada, se enamora de Leo (John Gilbert). El marido se entera y se bate en duelo con el galán. El vejestorio, claro está, muere y él debe alejarse por unos cuantos años y deja al cuidado de su mejor amigo a Felicitas. Imagino que aburrida como una mona de no dar alegría a su cuerpo Felicitas se casa con él. Leo vuelve y se encuentra la tostada, aunque retoman la relación. ¡Ella es viciosa y reincidente! Total que vuelta a empezar: ¡los amigos se enfadan y se baten a duelo! Ella se desespera de perder a uno (o quizás a ambos) y tratando de impedir el duelo se cae a un lago helado y termina tan fría como su frío corazón. En la secuencia final se puede observar como los recién recuperados amigos hacen manitas... al lado de una viejecita que hace las veces de sujetavelas.

El demonio, la carne, el cocinero, el ladrón, su mujer y su amante...

No descubro nada diciendo que los triángulos amorosos siempre acaban mal, pero si  no formas parte de uno, solo eres un mero observador y no tienes nada mejor que hacer, son una fuente inagotable de cotilleo entre los amigos de los implicados. Pero toda diversión desmedida tiene sus consecuencias: ¡arriesgarse a tener una astronómica factura telefónica si no dispones de tarifa plana ilimitada!

AMOR POR EL TRABAJO Y POR LOS COMPAÑEROS
PERO POR MÍ EL PRIMERO…

"Carita de ángel" (1933)
Lilly Powers (Barbara Stanwyck) una chica humilde y muy viva se traslada a Nueva York después de la muerte de su padre. Durante el tiempo que trabajó en el bareto de él, se queda con la copla de las malas artes de sus parroquianos a los que emboba con su figura. Con la lección bien aprendida empieza a escalar posiciones en su nuevo lugar de trabajo. Empieza con el botones y termina con el director de la empresa, pasando por todos los departamentos de ¡ojo al dato! un gran rascacielos. Se presupone que rompe amistades, parejas y matrimonios. Todo ello sin recurrir a las fiestas navideñas de empresa donde es muy común que suela haber tomate.

Apoyá en el quicio de la mansebía...

Como curiosidad, la empresa tiene el peculiar nombre de Gotham Trust Company. ¿Dónde estaba Batman para pararla los pies?

Ni másteres, ni hincar los codos estudiando.
¿Qué articulaciones tendría doloridas? ¡Matrícula de honor para ella!

Me duelen las piernas... de ser tan guapa...

AMOR DE ESPOSA Y MADRE

“Anna Karenina” (1935)
Anna Karenina (Greta Garbo), esposa y madre modelo, da un nuevo impulso a su vida enamorándose del Conde Vronsky (Fredric March) y abandonando a su esposo e hijo. Esta relación terminará arruinando su vida. Lo curioso del caso es que cuando conoce al Conde, ella va a visitar a su hermano para impartir moralina. Su hermano, debe ser que lo llevan en la sangre, lleva una vida disoluta. Rechazada por su marido y abandonada por su noviete, que está harto de tanta queja y melancolía, no tiene lugar a dónde ir. Pese a todo, va directa a la estación más próxima de tren. ¿Va a alguna manifestación de la CGT? ¿Va a revelar su rollo a Atención al Cliente? Quién sabe... Termina lanzándose a las vías al paso de un tren de cercanías.

"Hoy, todo el día, me sentí tan sola"

Nunca intentes colarte sin billete o subirte a un tren en marcha. Si eres miope esto último ni lo intentes. ¡Ah, y lleva siempre el DNI o el pasaporte para que, si pierdes la cabeza, puedan reconocerte!

“La Venus Rubia” (1932)
Helen Faraday (Marlene Dietrich), otra esposa y madre devota, se sacrifica por su marido enfermo y para poder pagar las facturas del médico, pues su enfermedad no la cubre la Seguridad Social y no existía el Change, vuelve al mundo del cabaret del que nunca debió salir. ¡Poniéndose el mundo por gorila! consigue el dinero suficiente para mandar al marido a la Conchinchina. Luego sabremos que el dinero no viene de su trabajo, aunque el cabaret se le da de miedo, si no de manos de un apuesto playboy que se encapricha de ella.

"Yo quiero marcha marcha, yo quiero marcha marcha, tu quieres ¡marcha!"

Ni corta ni perezosa recoge cuatro bártulos, al niño, deja su hogar y se muda a la mansión del galán para vivir a cuerpo de reina. Una reina aburrida pero reina a fin de cuentas. El inesperado regreso del marido termina con su vida licenciosa y acaba ejerciendo la profesión más antigua del mundo de garito en garito. ¡Cuanto más sórdido mejor! Pasado un tiempo nos encontramos a Nick el playboy en París viendo un espectáculo. Allí actúa nuestra protagonista convertida en superestrella. Después de un intercambio de parabienes, el amante la lleva de vuelta a su casa dónde el marido le perdona todo. ¡Vamos que el marido es tonto del culo!

Nick: ¿Todavía lo amas?
Helen: Él me necesita.
Nick: Yo también Helen.
Helen: No como él. Eres fuerte Nick. Él no lo es.

Inexplicablemente ella abandona el lujo para regresar a lavarle el culete a su hijo. ¡Si esto no es amor del bueno, no sé yo! En fin…

¿Mamá qué significa "Bitch"?

AMOR POR EL LUJO Y EL PODER

“Tierra de Faraones” (1955)
Nélifer (Joan Collins) es una ambiciosa princesa chipriota que se encuentra tan ricamente en su palacio pero quiere más. El faraón Kheops buscando la manera de reducir la deuda contraída por la construcción de su pirámide se acerca a Chipre, que le pilla a mano, a sacarles los cuartos y se enamora de Nélifer.

Todo esto sucede porque sus súbditos están hasta los cataplines de pagar por todo, en especial por estacionar sus carros y caballos. Para colmo los tienen que dejar cerca del desierto del Sahara, porque por no sé qué invento del faraón no pueden aparcar en: ¡las inmediaciones del río Nilo!

Acuérdate picarona, cuando debajo del puente me decías por lo bajo:
"Aprieta, que viene gente."

Con el dinero recaudado en Chipre en una mano y la princesa ambiciosa en la otra, vuelve a la capital. Allí se casa con ella y lo que al principio parece una relación ideal de dos enamorados, se convierte en un infierno para él y el resto de esposas y familia.

Nélifer en parte solidarizándose con el pueblo llano o con las riquezas de su maridito, atenta contra la vida de él, la de su hijo y de camino se carga a unas cuantas personas, entre ellas a la primera mujer del faraón utilizando una víbora áspid. ¡Además de guapa Nélifer es herpetóloga!

¡Casarse es ponerse una serpiente en el propio bolso!

Una vez muerto Kheops, a Nélifer la llevan a ver la pirámide: ¡un edificio más alto que el antiguo edificio de correos de Madrid! Acompañada de unos cuantos calvorotas, Nélifer recorre la tumba-monumento y se enoja de ver el desperdicio que es dejar allí tiradas tantas riquezas. Cómo se pone un poco chula, los calvorotas que no pueden contestarla porque son mudos (les cortaron la lengua para que no pregonaran los chanchullos del difunto y su camarilla), empiezan a darse de cabezazos contra la pared con tan mala fortuna que aciertan a dar en el engranaje de sellado de la pirámide.

¡A Nélifer le hubiera ido mejor buscando pareja en eDarling!

Viendo Nélifer el percal que le espera, encerrada con un grupo de calvorotas mudos y encima castrados, se lanza como si no existiese un mañana a beber cerveza en un vaso canopo.

“La Abeja Reina” (1955)
Otra que tal baila es Eva Phillips (Joan Crawford). Mujer blanca, madura, casada e infiel, enamorada del lujo y el poder, hace la vida imposible a todos y cada uno de sus familiares. Para dejar las cosas claras a más de uno le basta con sacar su mano a pasear. ¡Estampa su "firma" a diestro y siniestro!

Miss Phillips a punto de imprimir su sello personal...

Egoísta y maquiavélica, en vez de divorciarse de su marido le conduce al alcoholismo: ¡encima alcohol del barato! Eva es bastante rácana, por cierto. Es tan perra que intenta por todos los medios impedir el matrimonio de su cuñada. Tiene una razón de peso: ¡el prometido es su amante! ¡Qué mal ojo el de la cuñada para buscar pretendiente!

¡Lo mejor que le puede pasar a una mujer moderna
es tener un marido en la sombra!

Su vida familiar y sus intrigas están a la altura de series de televisión como “Dinastía” o “Falcon Crest”.

AMOR PAPICHULO (Papi Chulo... Te traigo el Mmmm)

“Tú quieres mmm, Te gusta el mmm, Te traigo el mmm”

¿Qué tienen en común Kitty, Phyllis y Cora? Yo os lo digo: ¡el gusto por los vejetes!

“Perversidad” (1945)
Christopher Cross (Edward G. Robinson) un pardillo con un físico a caballo entre Yoda y un pequeño villano de una película de James Bond con cierto parecido a un ex-presidente, se enamora perdidamente de Kitty (Joan Bennett). Christopher está casado, es aficionado a la pintura y trabaja como cajero en un banco. Kitty se deja querer, no porque le apasione la pintura como a la Baronesa Thyssen, si no por tener siempre disponible un cajero automático.

"Pintar, pintar, pinta sin parar
mojar y extender y vuelta a empezar"

Cómo le ha dicho que es un pintor de éxito, para satisfacer sus demandas económicas, Christopher roba dinero del banco donde trabaja. Esto hoy en día no llamaría mucho la atención viendo como han ido las cosas… ¡Ella quiere más, mucho más! Como si de una reina Alien se tratase, su apetito por el dinero es inagotable y él sigue alimentándola a base de bien. El desdichado está enamorado de ella hasta las trancas. ¡Hasta le hace las tareas del hogar!

¡Tener a este señor en casa es mejor que arriesgarse a ir a una manicura china!

Si hacerle limpiar el polvo y delinquir no es suficiente, para mayor humillación aparece en escena un amante (más joven, por supuesto) de Kitty que se dedica a vender sus cuadros haciéndolos pasar por obras de ella.

Los galeristas siempre pensaron que él era un pintamonas y no se tomaban su arte en serio. Pero cuando estos mismos cuadros se les presentan de nuevo, como si la “autora” fuera la sexy morena se deslumbran y los cuadros se convierten en la sensación del momento. ¡Para Ifema se los llevan y los presentan en ARCO!

“Perdición” (1944)
Un agente de seguros Walter Neff (Fred MacMurray), acude a casa de un cliente para que renueve un seguro. Quién aparece en escena no es el asegurado (un vejete) en cuestión, si no su segunda y joven mujer ataviada solamente con una toalla de baño. En lo que media de subir las escaleras, arreglarse un poco y volver a bajar, Walter ya se ha enamorado perdidamente de Phyllis.

De pronto me paro, alguien me observa.
Levanto la vista y me encuentro con ella.
Y ahí está, ahí está, ahí está...

Pacharán arriba pacharán abajo y coqueteo incesante, Phyllis trama con la ayuda del incauto vendedor de seguros finiquitar al marido. Antes de llevar a cabo su plan, han de convencer al marido de que se haga un seguro de vida. Aprovechando que tiene que pillar un tren para ir a una convención fuera de la ciudad se le cargan. ¡Qué parezca un accidente!

Cucú, ¿qué ves?

Después de tanto trabajo Walter se entera que su amada tiene un amante, por lo que corre a su oficina a confesárselo a su jefe (el mismo tipo que era un pardillo en “Perversidad”) y confiesa: "Lo maté por dinero y por una mujer. Ni conseguí el dinero, ni la mujer. Estupendo, ¿verdad?"

Como curiosidad el bromista de Billy Wilder llamó a su femme fatale Phyllis Dietrichson. Un claro homenaje a la fatale por excelencia Marlene Dietrich.

“El cartero siempre llama dos veces” (1946)
Cora (Lana Turner) dirige un diner (restaurante prefabricado) o un KFC con su marido bonachón pero vejestorio. Un día aparece un mozo superior, de esos que: ¡si estiran los brazos hacen saltar los botones de sus camisas! Eso le pareció a Cora, pero tenemos que tener en cuenta que vive con un viejo. Si hubiese entrado al establecimiento un tirillas tampoco hubiera puesto reparos.

Pisa rubia, pisa con garbo, que un relicario me voy a hacer.
Con el trocito de mi capote que haya pisado,
que haya pisado tan lindo pie.

Si ante la visión del macho (John Garfield) sus ojos hicieron chiribitas, no os quiero ni contar la reacción de él cuando se la encontró delante con turbante, una minúscula blusita anudada al pecho y unos escuetos shorts. Solo puedo decir que si él se hubiese dedicado a patentar la cremallera automática se: ¡habría forrado y ahorrado disgustos!

Después de un intenso y tórrido romance, Cora le plantea y convence a Frank (Garfield) de que la solución a sus problemas es acabar con el marido cuanto antes. Por supuesto, se lo tiene que cargar él. Ella no está dispuesta a despeinarse o lo que es aún peor: ¡romperse una uña!

Al compás del chacachá, del chacahá del tren:
¡Que gusto da viajar cuando se va en el tren!

Se las veían muy felices regentando el negocio heredado y remodelado con muebles del IKEA, como una pareja modelo, pero hacer el mal tiene su castigo aunque sea por amor.

Con los calores que les daban se ahorraban instalar una sauna y en invierno no tenían que encender la estufa. ¡Podría decirse que fueron los pioneros de la vivienda ecológica!

“Siempre que vuelves a casa me pillas en la cocina embadurnada de harina con las manos en la masa”

DESÁTAME O APRIÉTAME MÁS FUERTE

“Sansón y Dalila” (1949)
Dalila (Hedy Lamarr) empezó sus estudios de ingeniería a los 16 años, pero viendo que no la tomaban en serio decidió estudiar un curso CCC de peluquería a distancia. "¿Guapa y lista, dónde se ha visto eso?"

Cierto día al salir de su cuarto donde no paraba de echar horas en el curso, tanto que sus padres la regañaban, se encuentra en el living room de su casa a un mocetón tamaño armario ropero llamado Sansón.

Sansón (Victor Mature) se ha ganado el amor de la hermana de Dalila pese a que su ideología es contraria a la de su familia política y los amigos de esta, que son filisteos. Dalila se queda locamente enamorada de él, pero él no le hace ojitos lo que cabrea a la pobre Dalila. ¡Jura vengarse tarde o temprano!

Murder, She Wrote...

Durante la fiesta de pedida de mano en casa de su prometida, Sansón para divertirse con los invitados o más bien reírse de ellos les propone jugar a: ¡Verdad o Reto! Aunque parezca lo contrario Sansón es muy listo y va ganando, pero sus rivales utilizando las malas artes de la bella Dalila hacen trampa y le ganan la partida.

Rebotadísimo por sentirse burlado en su propio juego pilla un enfado tan colosal (como él) que destroza todo el comedor, destroza brazos y piernas, fastidiando la fiesta y cabreando de paso al servicio que tienen que recoger todo el desaguisado. Los invitados no se quedan cortos y le lanzan de todo, principalmente lanzas, con tan mala fortuna que aciertan de lleno en la novieta (una suerte de Jessica Fletcher pero en joven) y en el suegro. Sansón huye del lugar porque está en minoría absoluta jurando vengarse. Forma una pandilla de hippies que hacen escraches a todos los filisteos con los que se topan.

¡Dalila estoy pensando en presentarme al concurso pelo Pantene!
Y tú ¿qué piensas?

Los filisteos ya están hasta los mismísimos de Sansón y descubren que su fuerza bruta depende de sus largos cabellos (detalle que no he mencionado en su presentación) por lo que recurren a Dalila, que es la peluquera que tienen a mano para que le corte el pelo y poder atraparlo.

Dalila es un poco bipolar y aunque está rabiosa con él sigue enamorada, pero fingiendo un total desinterés hacía Sansón, comenta que le importa un bledo lo que hagan con él.

Sus carceleros lo primero que hacen es cegarlo, para que no pueda ver los bonitos ojos azules de Dalila y luego le atan en un molino junto a unos asnos. A Dalila le puede el morbo y va a visitarlo quedándose horrorizada con lo que le han hecho, del trato que le dan y por añadidura a los asnos. Sabemos luego que se afilió a Pacma. Aún así sigue enamorada: ¡a ella le va el rollo friki!

¡Te dije bien clarito que solo quería que me cortases las puntas!

Tras vueltas y más vueltas en el molino le crece el pelo y para que los filisteos no se den cuenta Dalila le hace un recogido tipo boda, que le queda un poco churro. ¡De tanto ir y venir del calabozo de ver a Sansón se perdió esa lección!

Un día que sus opositores van a dar un mitin le sacan a pasear al chiringuito que han montado para ello. Como Sansón sigue empecinado en vengarse por todo el mal que le han hecho pide a Dalila, que para la ocasión ha desplumado a un pavo real (¿pero no eras de Pacma?) para embellecerse aún más, que le coloque junto a los pilares de carga. Se intercambian palabras de amor eterno al estilo: ¡no me chilles que no te veo!

"Gallinita, gallinita, ¿qué se te ha perdido en el pajar?
Una aguja y un dedal... Da tres vueltas y la encontrarás.

Recuperadas las fuerzas después de soltarse la coleta y de tomarse un Red Bull, empuja los pilares con todas sus fuerzas hasta que se le escapa un pedo, derrumbando por completo el lugar. Tampoco era muy difícil porque los filisteos que habían dejado los fondos del partido para el arrastre construyeron el lugar con piezas de LEGO y plastilina.

Ambos acaban sepultados bajo un montón de piezas en asombroso Technicolor junto a los dirigentes del partido y todos los afiliados que acudieron al mitin.

“Ámame o déjame, pero no me tortures hasta el amanecer.”

AMOR EXTREMO Y ENFERMIZO

“Que el cielo la juzgue” (1945)
Ellen Berent (Gene Tierney) una bellísima mujer obsesionada con su difunto padre, se da de bruces en un tren con el novelista Richard Harland (Cornel Wilde) que tiene un gran parecido con aquel. ¡Por lo que hemos visto los trenes no son de fiar si hay amoríos de por medio!

Ellen rompe relaciones con su prometido, un fiscal en periodo electoral (Vincent Price haciendo de bueno) y se casa con Richard. Su flamante marido, al que tiene comiendo de su mano, está fascinado por su belleza y por la vida que lleva, muy excéntrica e intensa. ¡Ellen es una especie de Paris Hilton de los años 40!

¡Estoy tan cansada de tanto currar!

Lo que no sospecha Ellen es que Richard trae “mochila” incorporada en forma de hermano pequeño inválido. Richard quiere muchísimo a su hermano, pero sospechamos que se lleva una ayuda del Estado por hacerse cargo de él y además: ¡le tiene trabajando como teleoperador en un Call Center!

Al principio Ellen se cabrea con la llegada del cuñado inválido. Aunque finge que se llevan de maravilla está harta de que cuando Richard vuelve a casa de escribir novelitas rosas, la salude a ella en último lugar. Al final un día se levanta con el pie izquierdo o dolor de lumbago, que para el caso da lo mismo y de buenas a primeras arrampla con el mozu, se monta en un jet privado y se lo lleva al lago de El Retiro a nadar. Como allí todavía (que yo sepa) hay carpas, percasoles y gambusias al chico le da un telele y ella lo remata a golpe de remo. De vuelta a su casa se plantifica el mejor Dior de su vestidor y consuela a su apenado marido.

¡Ante todo naturalidad: sonreír y saludar!

Entre lágrimas y arrumacos Ellen se embaraza. Viendo que se va a perder multitud de partys, se le deformarán los pechos de dar de mamar a la criatura y para colmo, su maridito está ilusionado con el bebé trama un plan... Superirritadisíma, no está para selfies familiares y comidita por los celos, se plantea deshacerse del nonato. ¡Cómo no se toma sus Flores de Bach, no soporta no ser el centro de atención!

-Churri, ¿qué haces?
-Estoy escribiendo una novela sobre la Guerra de la Independencia española.
-Lo dices de coña, ¿verdad?

Una buena mañana de primavera, mientras trinan los pajarillos y graznan las cotorras argentinas, se planta en una clínica para abortar pero se la encuentra rodeada de afiliados de Provida y ni corta ni perezosa de vuelta en casa se tira escaleras abajo. A la pobre todo le sale mal. Por si no fueran suficientes desgracias aparece en escena su hermana, que inmediatamente hace muy buenas migas con su cuñado. Éste incluso le dedica un libro (que le escribe un negro) a ella. ¿No es como para ponerse como una moto?

La escalera del día después...

Ante tantos contratiempos decide confesar todas sus maldades. Su marido la abandona, indignado por perder a su hermano, la ayuda y al feto. Desequilibrada perdida, Ellen decide envenenarse poco a poco mordiéndose la lengua hasta que un día la palma. Como es mas mala que cualquier mala existente, antes ha escrito una carta a su antiguo novio (el fiscal) acusando a su marido y a su hermana de intentar asesinarla. Mientras que en su testamento pone que desea que la entierren en el panteón de los Addams, a su hermana días antes le dice que quiere ser incinerada. El exnovio sospecha que la incineración es una treta para evitar la autopsia y toma cartas en el asunto. ¡Nunca llevó bien lo del abandono!

Total qué tanto la hermana como el marido son juzgados por asesinato. Ella se libra y espera sentada en una silla durante dos años a que Richard salga de la cárcel. Se reencuentran, se besan y pelillos a la mar.

¡¡Por mi marido mato!!

ZORREAR POR ZORREAR

“La caja de Pandora” (1929) 
Lulú (Louise Brooks) es una joven e impulsiva artista de vaudeville y performance. Su naturaleza desinhibida y el ser muda la hacen idónea para espectáculos de Visual Art y Live Art. ¡Con el cuerpo ya lo dice todo! Es muy abierta sexualmente hablando, tanto que provoca la perdición de todo el que la conoce, principalmente mudos. Es una suerte de Mantis Religiosa que no deja títere con cabeza.

Para luchar contra su adicción al sexo acude a la consulta de su médico de cabecera, como no es experta en el lenguaje de signos lo único que consigue de él es: ¡un buen revolcón! La única opción que le queda es ir a acupuntura. Quizás al dejarla el cuerpo como un muñeco vudú se le quiten las ganas de tener sexo.

A Lulú le va mucho el faranduleo...

Después de asistir a una sesión clandestina para combatir su dependencia, decide sentar la cabeza y casarse con un respetable y vejete editor de un periódico con gustos sadomasoquistas. Debo señalar que las terapias en su País están perseguidas por el Ministerio de Sanidad, por eso es clandestina.

Al principio más o menos todo muy bien, pero la cabra siempre tira para el monte… Un buen día aparece el hijo (de su misma edad) del maridito, que en cuanto la ve le hace un gesto obsceno con los dedos índice, corazón y la lengua. En una discusión conyugal por un ataque de celos, ella mata accidentalmente al marido intentando quitarle una pistola. Llevada ante la justicia es encontrada culpable de homicidio, pero con la ayuda de su antiguo chulo al que considera ¡fíjate! como un padre y del hijo de su marido, que sigue enamorado de ella pese a quedarse huérfano, consigue burlar a la justicia y huye. Por lo que se ve la justicia aquí si funciona, pero las medidas de seguridad escasean. ¡Lulú es más lista que el hambre!

Lulú y un señor de Murcia.

Aunque su “padre” le enseñó cómo defenderse por el mundo, da con sus huesos en un antro de juego ilegal en Francia, similar a los que abundan por cualquier barrio madrileño. ¡Vamos un PockerStar cualquiera! Allí prácticamente es “vendida” como una esclava. Tras varios meses de penurias (o no tanto, según esté rehabilitada o no de su adicción al sexo), consigue escapar y se reúne en La Gran Bretaña con sus compinches.

Lulú es más cigarra que hormiga y en su bolso no hay ni telarañas. Sus amigos desaparecen. Piensa que los verdaderos amigos no abandonan a uno en los momentos difíciles, pero intuye que puede que estuvieran hartos de mantenerla y que no hiciera nada en la vida. Recuerda que le decían constantemente: ¡Estudia o trabaja!

Lulú congela a los hombres con la mirada.

Como una tiene que comer y las navidades se aproximaban, se dedica a la prostitución para sacarse unos dineros y poder hacerse un autoregalo. Descarta pedir un microcrédito porque luego le va a "costar un riñón" devolverlo. La noche de Nochebuena se encuentra a un señor muy educado que está dispuesto a ayudarla (de esto se entera porque ya domina el lenguaje de signos). Este señor no tiene muy buenas intenciones y demasiado tarde se da cuenta que: ¡Quiere su cuerpo pero no para tener sexo! Resulta que es Jack el destripador y a Lulú se le acabaron los problemas económicos.

"En una situación de apuro lo mejor es tener un amigo como el de Lulú, pero no lo recomiendo"

Érase una vez una niña que era muy querida por todos...

Jack desapareció de la noche a la mañana. Al poco apareció un anuncio en la prensa que decía así: "Busco a un hombre llamado Jacq´s". Solo son conjeturas, pero se rumoreaba que dirigió con gran éxito una cadena de perfumerías.

“Loulou…. Oui… c’est moi”

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor excepto las que acompañan a las películas: “Perversidad”, “Que el cielo la juzgue” y “La caja de Pandora”.

“El mal está en mí.”
Rita Hayworth en “La dama de Shanghái” (1947)

“Quejarse es la muerte del amor.”
Marlene Dietrich´s ABC

miércoles, 26 de diciembre de 2018

GALANES

Galán
(Del fr. galant)
1. adj. galano.
2. m. Hombre de buen semblante, bien proporcionado y airoso en el manejo de su persona.
3. m. Hombre que galantea a una mujer.
4. m. Actor de teatro o cine que representa papeles principales, sobre todo de carácter amoroso.

Gilda: Me odias, ¿verdad Johnny?
Johnny Farrell: No creo que tengas idea de cuánto.

“Una película que no tenga una protagonista femenina no suele ser interesante.” No sé muy bien dónde lo leí o qué director lo dijo, si Luis Buñuel o Alfred Hitchcock, por cierto ambos acusados de misóginos, y si dijeron eso exactamente, pero tampoco tengo ganas de buscar entre mis libros para verificarlo. Y en cuanto a sus preferencias, vicios o virtudes, que queréis que os diga: ¡yo veo la película solamente, no suelo entretenerme en analizarlas tanto!.

"Parezco una cantera que alguien ha dinamitado."
Charles Bronson

A mí me pasa lo mismo, no lo de la misoginia claro, si no que si una mujer no es la protagonista de la película suele aburrirme. Ahora que he acabado de leer un libro sobre Rita Hayworth me viene a la mente como ejemplo “Gilda” (Columbia, 1946). En esto no coincidía con mi padre, a él las películas donde la actriz fuera la heroína no le iban. Por lo menos era así como yo lo recuerdo.

"Una ganancia extra de una película es cuando te gusta
la chica de la que te has enamorado."
Clark Gable

En general prefiero actores poco expresivos, cuanto menos gesticulen mejor. Pero la verdad es que me resultaría más fácil hablar de los actores a los que no soporto, como por ejemplo James Stewart, que de los que me gustan. A Stewart no le aguanto ni en versión original, así que doblado no te quiero ni contar. Solo le resisto gracias al genio de Hitchcock y en un derroche por mi parte de fidelidad al maestro del suspense, consigo ver películas como “Vértigo” (Paramount, 1958) o “La ventana indiscreta” (Paramount, 1954) y ésta última con nota, porque de las pocas actrices que no aguanto está Grace Kelly. Creo que solo he visto “Mogambo” (MGM, 1953) y sus películas con Hitchcock y suelo hacerlo de tarde en tarde.

"Mi éxito se debió a la suerte,
tanto como la suerte de un tirador de dados."
Adolphe Menjou

Muy a menudo suelo ver películas de Gary Cooper, Clark Gable y por supuesto Cary Grant. Claro que también es verdad que en su momento de máximo esplendor trabajaron con lo mejorcito del Hollywood clásico, así que si por ejemplo me pongo a ver una película de Claudette Colbert, Myrna Loy o Carole Lombard, es fácil que el protagonista masculino sea cualquiera de ellos. Creo que de estos tres he visto casi toda su filmografía.

"Creo que hacer el amor es la mejor forma de ejercicio."
Cary Grant

Si tengo que decantarme por un actor, como todos los mortales, me decanto por Cary Grant, en cualquier género en el que aparezca, exceptuando “Orgullo y pasión” (United Artists, 1957), donde comparte protagonismo con Frank Sinatra y Sofía Loren, ambos insoportables para mí. Es tal mi antipatía hacía Sinatra, que me resisto a ver “El hombre del brazo de oro” (United Artists, 1955), aunque esté acompañado de Eleanor Parker. Grant por cierto es agradable de ver en cualquier época. ¡Es como el vino, mejoraba con los años!

"Gary Cooper no era ni inteligente ni cultivado.
Al igual que los otros actores, fue elegido por su físico, que, después de todo, era más importante que un cerebro activo."
Marlene Dietrich

A Gary Cooper, como dije en alguna otra ocasión me gusta verle principalmente en sus comedias de los años 30, las cintas de Cecil B. DeMille y en algún western, pero prefiero huir del género, solo lo tolero en raras ocasiones con John Wayne como protagonista. Otro género que no me apasiona son los musicales, principalmente en los que cantan cada dos por tres. Casi prefiero que sean más bailongos y puestos a elegir un bailarín prefiero a Fred Astaire antes que a Gene Kelly.

"Rita fue mi pareja de baile favorita."
Fred Astaire

En cuanto a Clark Gable, iría a la par de Cary Grant y lo mismo me pasa con el primero. Todo depende de quién sea su pareja. Si aparece la Loren, no hay nada que hacer, pero no es el caso de “Mogambo" aunque salga la Kelly. Y ya que menciono a esta última puedo decir que una película mítica como “Solo ante el peligro” (United Artists, 1952) con Cooper, la habré visto una vez y porque mi padre insistió.

"Cultive la soledad y la tranquilidad y unos pocos amigos sinceros,
en lugar de la multitud, el ruido y miles de conocidos asintiendo con la cabeza."
Willian Powell

Seguramente me dejaré nombres en el tintero y aunque no vea todas sus películas, en mi lista de preferencias también pueden aparecer entre otros: William Powell, Humphrey Bogart, Herbert Marshall, Melvyn Douglas, Charles Boyer, Glenn Ford, Gregory Peck, Rod Taylor o Montgomery Clift. Si bien una inmensa mayoría de cinéfilos destacaría a James Dean o Marlon Brando, no me gustan nada ninguno de los dos. Prefiero sin dudarlo a Clift. De Dean solo veo “Gigante” (Warner Bros., 1955), porque aquí está acompañado por dos grandes que están fantásticos en sus respectivos papeles: Elizabeth Taylor y Rock Hudson.

De izda a dcha y de arriba a abajo: Bogart, Clift, Douglas, Marshall,
Menjou, Powell, Raft y Taylor.

Tengo que señalar que Hudson, acompañante ideal de mi adorada Doris Day, es un entrañable recuerdo de mi infancia por su serie “McMillan y su esposa”. Pero no me quedo solo con eso, ya que en su filmografía tiene un buen número de estupendas películas.

“Será como salir con una de las chicas.
Estarás tan segura con él como si estuvieras con tu madre.”
Comentario de una amiga a Mamie Van Doren antes de acudir ésta a una gala junto Rock Hudson. Contra todo pronóstico la noche terminó de una manera muy distinta…

Si o si detesto a partes iguales tanto a Burt Lancaster como a Kirk Douglas, tanto es así que mencionarlos en Sopa de Mitos me da rabia. Dentro de su estilo se encontrarían Robert Mitchum y Charlton Heston, que sí son de mi agrado, especialmente el segundo a pesar de tener muchos detractores.

"¿Por qué no pones esto en el titular: Solo hizo tres con Doris? "
Rock Hudson

Con Heston depende de la película que se trate. Desde luego no es Cary Grant. Siempre vuelvo a ver entre otras: “El mayor espectáculo del mundo” (Paramount, 1952) de DeMille claro, “Cuando ruge la marabunta” (Paramount, 1954) con Eleanor Parker o “Sed de Mal” (Universal, 1958). En cuanto a esta última, Heston bajó su caché y luchó por imponer a Orson Welles como director ya que éste no era muy querido en Hollywood. Desde luego ni he visto ni pienso hacerlo: “El Cid” (Samuel Bronston Production, 1961). ¿Sabéis quien hace de Jimena? Pues eso…

"Todas las películas buenas y modernas
van para Jack Lemmon o Cary Grant."
Charlton Heston

Para las películas de aventuras, además de Heston me quedo con Stewart Granger y Errol Flynn, que no era santo de la devoción de Bette “ojos de huevo” Davis. ¡El enemigo de mi enemigo es mi amigo!

"Lo que me atrajo de actuar
fue la oportunidad de ser muchas otras personas."
Charlton Heston

También un buen punto a favor de que me guste un actor o no depende de si son conocidos por ser buenas personas. Así parece ser que fue Bogart, que entre otras muchas cosas, apoyó a Kay Francis cuando La Warner se la quería quitar de encima. En general se destacaba que era un buen compañero. Además tiene el extra añadido de que era también, persona non grata de Miss Davis. Independientemente de todo eso Bogart es Bogart.

"Hice más películas pésimas
que cualquier otro actor de la historia."
Humphrey Bogart

Leí en un libro sobre Bogart y Bacall, que me regaló mi madre, que Bacall contaba que Sinatra se aprovechó un poco de él. Y si Sinatra ya no me gustaba de antes, después de eso menos. No se que le ven, pero a mí, ni me gusta como actor, ni como cantante, ni físicamente.

"Una mujer francesa, cuando es traicionada, matará a su rival;
la italiana preferiría matar a su engañoso amante;
la inglesa simplemente rompe relaciones, pero todas se consolarán con otro hombre."
Charles Boyer

No me va mucho Henry Fonda, no al estilo de Sinatra. Fonda para mí ni fu ni fa, me resulta bastante anodino. Seguramente habré visto muchas películas suyas cuando programaban ciclos enteros de un actor o actriz en el “Cineclub” de Tve2, pero de él solo vuelvo a ver: “Hasta que llegó su hora” (Paramount, 1968). Tengo pendiente una película que me regaló Escolopendra Venenossa hace muchos años: “El fugitivo” (Warner Bros., 1947) y solo porque la protagoniza junto a Dolores del Rio. Mientras escribo estas líneas repaso su filmografía y compruebo que es un total “desconocido” para mí. ¡O sea, que ni fu ni fa!

"Parte de 10 millones de dólares los gasté en juegos de azar,
parte en alcohol y parte en mujeres.
El resto lo gasté tontamente."
George Raft

El que en una película esté una actriz a la que siga, no es garantía de que vea una película de un actor que no me guste como habréis visto, pero tampoco lo es el director. Pese a que Billy Wider está entre mis favoritos, no puedo con Jack Lemmon. Me matareis muchos pero me arriesgo: incluso me cuesta ver “Con faldas y a lo loco” (United Artists, 1959).

"A lo largo de mi carrera mantuve la idea, una y otra vez,
de que todos debemos aprender a respetarnos los unos a los otros."
Cornel Wilde

Seguramente me remataréis cuando sepáis que, increíblemente, tolero muchísimo mejor a un Cornel Wilde o un Víctor Mature, ambos considerados buenas personas dentro del gremio. El primero actor de teatro, protagonizó antes de llegar a Hollywood obras importantes y por lo menos una de ellas fue producida por Laurence Olivier, y el segundo, diana de las burlas de compañeros y críticos, que él se tomaba con un encomiable sentido del humor.

"Me tomé la actuación cinco veces más en serio que cualquier otra persona. Simplemente no podía demostrarlo."
Victor Mature

Llamado “el grandote” por sus amigos, "el Stallone de su época", como lo ha definido mi querida Escolopendra, era considerado mediocre, torpe y uno de los peores actores de Hollywood, pero como dijo Terenci Moix: “Sin ser nada que se pareciese a un actor, Mature demostró una personalidad poderosa en varias ocasiones”.

"No fui mimado como lo fue Tyrone Power."
Victor Mature

A mí en particular me cae simpático, es posible que el que se burlaran de él juegue a su favor. Suelo verle muy a menudo gracias a Hedy Lamarr y Cecil B. DeMille en “Sansón y Dalila” (Paramount, 1949), y aunque sea solo por una película, es mucho más de lo que pueden aspirar otros.

"La mayoría de las películas están hechas hoy para adolescentes. De vez en cuando aparece una buena."
Richard Widmark

Mayormente intervino en películas mediocres y peplums pero cuando supieron aprovechar sus deficiencias llegó a estar convincente. Josef Von Sternberg “utilizó con gran ventaja su máscara insolente” como comenta Moix en “El embrujo de Shanghai” (United Artists, 1941), aunque claro, el director buscaba para su personaje una versión masculina de la Dietrich.

"Una vez le pregunté a Barbara Stanwyck el secreto de la actuación.
Ella dijo: Sé sincero, y si puedes fingir eso, ya lo tienes hecho."
Fred MacMurray

En su época se convirtió en una personificación de la masculinidad, supongo que para el público femenino y pese a no estar muy dotado para la interpretación, algo tendría fuera de las pantallas cuando mantuvo sonados romances con: Rita Hayworth o Lana Turner. Con Rita estuvo a punto de casarse, pero ella, aprovechando que él se alistó en la Marina, se casó con Welles. Louella Parsons, amiga de Rita y de Hearst, acusó a Orson de robar las novias a los heroicos muchachos que se iban al frente.

En una proyección privada de “Sansón y Dalila”, Cecil B. DeMille le preguntó a Groucho Marx qué pensaba de la película. Groucho respondió: "Bueno, solo hay un problema, C.B. Ninguna película puede ser de mi interés cuando las tetas del protagonista masculino son más grandes que las de la protagonista femenina". A DeMille no le hizo gracia, pero a Victor Mature sí.

Existe una anécdota acerca de Mature, en la que se cuenta que una vez que intentó entrar en un restaurante donde se vetaba a los actores, él dijo chistoso: “No soy actor, tengo 64 películas y un centenar de críticas de cine que así lo demuestran”.

"Creo que un artista debe hacer su trabajo y luego callarse."
Richard Widmark

Rara es la película protagonizada enteramente por un actor que me guste. Ahora mismo me viene a la cabeza “Matar a un ruiseñor” (Universal, 1962) con Gregory Peck, dónde él lleva el peso de la misma sin ninguna actriz que le eclipse.

"Tu palabra es tu obligación."
Melvyn Douglas

Siento predilección por las estrellas femeninas, por lo que sus colegas masculinos siempre estarán en un segundo plano. Igual es que soy más mitómano que cinéfilo y tiene razón mi proveedor de mitos cuando me dijo aquello de que: “lo tuyo es el glamour”.

"Proporciono presencia.
Nunca hay escenas largas de diálogo para establecer un personaje."
Charles Bronson

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

"Si amas a una persona, puedes perdonar cualquier cosa."
Herbert Marshall como Robert Crosbie en "La Carta" (Warner Bros., 1940)

“Sabes que no tienes que fingir conmigo, Steve. No tienes que decir nada y no tienes que hacer nada. Nada de nada. O tal vez solo silbar. Sabes silbar, ¿verdad Steve? Juntas los labios y soplas.”
Lauren Bacall a Humphrey Bogart en “Tener y no tener” (Warner Bros., 1944)

Para Cristina A., una de mis lectoras favoritas!

martes, 11 de diciembre de 2018

POR LA CARIDAD ENTRA LA PESTE


Empatía
A partir del gr. ἐμπάθεια empátheia.
1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.
2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

¡Muchos se llevaran las manos a la cabeza después de leer esta entrada!
Para empezar la definición de Empatía es toda una declaración de intenciones. Tengo un sentimiento de identificación con “algo”. Este “algo” desde luego son todos los seres vivos del reino Animalia, exceptuando como ya sabréis por otras ocasiones, algún primate homínido y al Homo sapiens.

En una sociedad tan hipócrita como la nuestra, pocas veces te encuentras con alguien que diga lo que piensa. Normalmente se dice lo políticamente correcto aunque uno piense todo lo contrario. Pesa mucho el tener miedo al qué dirán los demás y la mayoría prefiere estar dentro de lo que se acepta como normal y no ser un outsider o ser considerado algo peor.

Como en parte me da igual lo que piensen los demás sobre mí, suelo soltar algunas perlas por mi boca que le ponen la cara colorada o más bien morada a Escolopendra Venenosa, aunque ella no es la más indicada para llamarme la atención, cuando con sus forcípulas inyecta veneno a diestro y siniestro sobre arañas, cucarachas, grillos, saltamontes, escarabajos, caracoles, ratones, lagartijas y un largo etcétera. Mejor no sigo: ¿verdad querida Escolopendra? ¡Eres muy dañina con los pobres artrópodos!

Siempre hay alguien que ve la paja en ojo ajeno.
En ocasiones mi buena educación me impide decir lo que pienso, pero no por el qué dirán si no más bien por no herir sensibilidades o que malinterpreten mis palabras, pero no tengo reparos en decir abiertamente que mi empatía hacia otros seres humanos es nula y que la tengo muy desarrollada hacía el resto de seres vivos. En cuanto a otros pensamientos, digamos incómodos o difíciles, los dejo para la élite de mis amistades.

No es que no me sienta nada por ninguna persona, pero es que mi radio de empatía se circunscribe a mi pareja, mi familia, unos pocos amigos y algunos conocidos. Me identifico más con, por ejemplo mi perro Frankie, que con cualquier persona de mí alrededor y no hablemos ya del resto del mundo. Para el caso tengo la misma comunicación con mi perro que con una persona que hable en alemán, chino o incluso inglés.

¡Qué horror! pensaran muchos, ¿pero no es verdad que paso más tiempo con mi perro que, por ejemplo, con mi hermana pequeña? Incluso puedo afirmar que en estos momentos, paso más tiempo con los perros Frankie y Happy, Hedy LaRat y el gato Banshee aka Quasimodo, que con Escolopendra Venenossa.

Marnie estaba más interesada en su caballo que en su galán.
Una conversación típica que tuviesen con alguien como yo sería una cosa así:
-¡Lloraste más cuando se murió tu cobaya que cuando lo hizo el tío Genaro!
-Normal, a la cobaya la veía todos los días y al tío Genaro una vez al año como mucho y además era bastante desagradable.

Así que es normal que lo que pase más allá de mi círculo más próximo me produzca una total indiferencia. También he de decir que hay casos y casos, sobre todo si se trata de niños, aunque estos no me gusten lo más mínimo.

Las catástrofes naturales y hechos históricos que a muchos les producen espanto a mi me dejan frío. No he conocido a esas personas y es posible que si conociera a unas cuantas me caerían mal. No los individualizo. Es como cuando alguien come un filete. Sabe que pertenece a un ser vivo, pero no lo piensa y lo simplifica viéndolo como una cosa. No les ponen cara. Recuerdo de niño visitar granjas extensivas y ver los cerdos o las gallinas como una masa, no como individuos independientes, pues eso mismo me ocurre con las personas desde hace mucho tiempo: ¡No les pongo caras!

En ocasiones algunos niños me inspiran ternura.
En cuanto a los animales, tampoco me relaciono con todos los del mundo, pero a las personas las conozco muy bien y con eso me basta.

“Un perro tiene bondad en su corazón y dignidad en su comportamiento.
Las mejores cualidades que cualquiera puede tener.”
(Kay Francis)

Muchas veces pienso en la gente que sale a la calle a solidarizarse por cualquier causa y no son capaces de serlo con los que tienen al lado. En masa todo es muy fácil y queda muy bien para comentar en el trabajo o tomando un café. Pero luego: ¿has sido amable con la persona que te sirvió el café? ¿con el portero de tu edificio? ¿con la azafata del tren que te lleva la prensa en tu viaje? ¿has dado las gracias a la dependienta que te ayudó? ¿acudes a comprar un domingo a última hora sabiendo que esa persona tiene vida, a parte de estar ahí para ti y encima eres grosero con ella? Mi empatía termina cuando traspaso los límites de la colonia donde vivo, exceptuando cuando me relaciono con alguien fuera de mi círculo más cercano y es amable conmigo o me cae bien por alguna razón.

A la hora de relacionarme me da igual el sexo, el físico, la edad, las situaciones personales, las enfermedades… Mi afecto acaba cuando acaba mi paciencia. En eso soy como los gatos: puedo llegar a ser simpático, incluso (aunque me cueste) cariñoso, pero en milésimas de segundo puedo sacar las garras cuando me dan la brasa en exceso. En cualquier caso prefiero mantener las distancias. Algo que como me recordó un profesor hace muchos años ya hacía con 15 años: “eras muy distante”.

¡Lo que piensen de mí me lo paso por el Arc de Triomphe!
Hace poco tiempo coincidí en un curso con un grupo de chavales invidentes y me entró el “pánico”. ¿Tendría que ayudarlos? ¿Me tocarían? Esto último más que nada porque no aguanto bien que me toquen o abracen, sean conocidos o desconocidos. En el grupito había también dos mujeres de edad indefinida, una que parecía salida de un grupo de cheerleaders (esto es una licencia creativa) y la otra, que de lo espabilada que era, si hubiese tenido que competir en inteligencia con un chorlito, seguro que ganaba el chorlito por goleada. Ni se me ocurriría emparejarla con un cefalópodo porque ni siquiera tendríamos que organizar una competición.

Las dos no paraban de parlotear sobre lo majos que eran los invidentes, lo complicado que era para ellos el día a día y como se las arreglaban para integrarse. Asombradas estaban. Yo me mantenía al margen de todo. A la hora de salir del curso, ya de noche, debíamos caminar hasta el metro, según el paso, durante unos diez minutos, por calles que no estaban en su mejor momento, aunque tengamos un Ayto, que publicita que todo está mejor. Los invidentes evidentemente tardaban más. ¿Quién era el que los acompañaba hasta el metro ayudándoles y vigilando sus movimientos? Pues un servidor, porque estas señoritas tan “solidarias” salían de allí como alma que lleva el diablo sin mirar atrás. Lo más curioso es que cuando estábamos en el centro, rodeados de gente, estaban muy pendientes de ellos.

Se nos llena la boca de decir lo mucho que nos gusta ayudar a los demás, pero a la hora de la verdad la empatía brilla por su ausencia.

Dos muchachas muy solidarias...
Una cosa que a mí me da igual es que se solidaricen conmigo. Principalmente porque no voy contando mis penas por ahí y si lo hago es en contadas ocasiones y para que mi índice de explosividad volcánica no supere el nivel 6 o lo que es lo mismo: ¡colosal!. Es una forma de relajarme e intercambiar puntos de vista distintos al mío. No busco nada más. ¡Fuera hombros donde llorar, fuera victimismo!

En este punto retomo algo que apunté en mi entrada anterior dedicada a Greta Garbo: ¡hay que andarse con mucho ojo con la gente que dice quererte mucho!

Cuando montamos nuestro pequeño negocio, recibimos parabienes de muchas personas y también de este tipo de personas, de las que no paran de decirte que te quieren mucho. Luego estas mismas personas pedían firmas o compartían todo tipo de cosas por las redes sociales, llegando hasta el punto de compartir eventos de negocios similares al nuestro. ¿Alguna vez se acordaron de nosotros? Nunca. No me importa en absoluto, lo que me molesta es que luego van de solidarios pero no se acuerdan de los más cercanos. La cosa es colgarse medallas y ser más que nadie.

¿Quién no ha sufrido con las aventuras de Lassie?
Estos dos pequeños casos que he vivido en primera persona son una muestra del tipo de sociedad que tenemos. No lo digo desde el rencor, es que soy muy observador y excesivamente crítico. Conclusión: ¡cada uno va a lo suyo pero nos cuesta reconocerlo!

Aunque soy una persona muy habladora, para las cosas importantes soy parco en palabras. No hablo más de la cuenta si no estoy seguro de que pueda cumplir una promesa. Me gusta más actuar que prometer. Posiblemente he actuado poco, pero cuando lo he hecho lo hice de verdad y no por esperar nada de vuelta.

Hace también unos cuantos años, mi querida Bamba Negra tuvo que verse las caras con la empresa que la había despedido malamente en un juzgado. Se suponía que acudirían algunas personas para apoyarla o eso le dijeron. Yo no me encontraba entre ellas, pero averigüé sibilinamente dónde y cuándo se celebraba tan magno evento y allí que aparecí sin que la protagonista lo esperase. Puede que mi imaginación me traicione pero así lo recuerdo yo. En cualquier caso la protagonista pude dar su versión de los hechos ya que está vivita y coleando y lo que es más importante: ¡sigo manteniendo buena relación con ella!

Unos crían la fama y otros cardan la lana.
A veces también hago cosas porque me las piden como favor personal, pero siempre y cuando me apetezcan, no supongan una obligación o un trastorno en mi rutina. En general estoy más a gusto jugando el papel de que nadie espere nada de mí. Prefiero responder una vez que decepcionar mil veces.

Venenosos salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

“Todos sabemos que todos tenemos problemas, ¿pero a quién le importa excepto a nosotros?, ¿y por qué contárselos a otros?”
Joan Crawford

"Para qué recordar una cara si la vida es efímera y breve."
Una "vecina" de mi barrio