martes, 21 de julio de 2020

¡COMER COMO UN PÁJARO!


Comer
Del lat. comedêre.
1. tr. Masticar y deglutir un alimento sólido.
2. tr. Ingerir alimento.

Gula
Del lat. gula.
1. f. Exceso en la comida o bebida, y apetito desordenado de comer y beber.

“La realidad, sin imaginación, es la mitad de realidad.”
Luis Buñuel

El título de esta entrada señala a una persona que come poco, casi como un pajarito, pero este no es mi caso. Los alimentos elaborados y yo tenemos una relación de amor-odio.

Aunque parezca lo contrario mi estómago no tiene límites y normalmente mis problemas de salud están relacionados con los alimentos, en general por atracones. Una vez que hinco el diente a algo, como si fuese un gran tiburón blanco, devoro todo lo devorable que esté a mi alcance. ¡Lo del fuet y no han pasado ni 24h debería haberlo patentado yo!

En esta mesa se masca la tragedia...

Cuando era carnívoro, allá por el pleistoceno, antes de decidir qué meter en un bocadillo, probaba todo lo comestible que había en el frigorífico: chorizo, jamón, mortadela, lomo, salchichón, etc… Hacía las combinaciones posibles de todos ellos con mahonesa, kétchup, mostaza, juntos y por separado. Total que ya con eso había más que cenado y por lógica estaría más que satisfecho, pero igualmente me comía un bocadillo. ¡Ah, de media barra de pan! También tenía y sigo teniendo la mala costumbre de atragantarme e incluso ahogarme comiendo…

Cuando conocí a Escolopendra le pregunté: ¿Te importaría vivir con un luchador de sumo? Su repuesta fue concisa: ¡Pues sí!

“Si tiene que matar el sabor de lo que está comiendo,
el kétchup se vierte ahí.”
Marlene Dietrich

Normalmente estoy hambriento y más de una vez le he dicho a Escolopendra que no había nada en la cocina. Ella que sabe que mi “talón de Aquiles” es la pereza me contesta la mayoría de las veces: “cosas tienes, lo que pasa es que tienes que elaborarlas.”
¡Siempre tan sabia!

¡Deseo que tengáis un buen almuerzo excepto a Christina!

En caso de hambruna extrema he llegado a comerme hasta una cebolla. Aunque esto termina casi siempre fatal… Como fatal me he puesto las veces que como demasiado. De hecho las pocas veces que he faltado al trabajo es por indigestión. De quedarse en casa dos días en cama o sin parar de visitar al Sr. Roca…

Una de las primeras cosas que escuchó mi madre que salió de mi boca cuando era un niño de meses fue: “tra tra”. Acompañaba esta vocalización con un movimiento de las manos. Seguro que veía algo que me gustaba y le indicaba lo mejor que podía, que me lo quería llevar a la boca.

¡Soy tan tragoncete como un pequeño gorrinillo!

Lo único positivo que saqué de ser un tragón, viviendo en casa con mis padres, es que me resultaba relativamente fácil disimular una borrachera. Bueno, mi madre tenía sus sospechas, pero la duda rondaba por ahí, visto lo visto a la hora de la comida y cómo daba cuenta de un cocido madrileño…

Lo único malo es que conservo la manía de comer a escondidas. Mi padre me regañaba cuando lo hacía y ahora Escolopendra lo hace también. Ambos con buenas intenciones, desde luego. Uno argumentaba que me iba a sentar mal y la otra porque ve que no tiene ningún sentido esconderse en tu propia casa para comerse lo que tú mismo has comprado. En ocasiones sigo haciéndolo. ¡En fin!

No te fíes de quién intente invitarte a un vaso de leche...

Siempre he pensado que soy inteligente, pero no entiendo por qué cuando tengo dolor o molestias en el estomago decido combatirlas comiendo más. Mi razonamiento es que me duele por hambre. Escolopendra ha vivido grandes momentos en ese sentido conmigo…

Casi todo el que me ha visto comer dudaría en principio de esto, pero en ocasiones, si hay confianza, he bajado la guardia y me han visto en pleno frenesí devorador. Cosa que deja ojiplático a más de uno. Incluso alguna vez han comentado a Escolopendra Venenossa: ¡no sabíamos que comía tanto!

“He seguido la misma dieta durante 20 años,
eliminando los almidones, viviendo de ensaladas,
carnes magras, y porciones pequeñas.”
Gene Tierney

Y entonces: ¿a qué viene eso de comer como un pájaro? Esto se debe a mi otro YO. El yo escrupuloso.

Siguiendo la estela de mi anterior entrada donde narraba que no me gusta que me rocen, toquen o abracen, he de confesar que algo que no me hace mucha gracia es comer fuera de casa, sea en restaurantes o casas de amigos. Y desde luego, en algo que supongo coincidiréis conmigo, no me gusta compartir comida. Tampoco ver comer a los demás.

Nada mejor que un buen periódico para evitar imágenes desagradables.
¡Y tienen perro...!

Comer, leí en algún artículo, es un acto muy íntimo y personal. Continuaba diciendo que comer con otras personas fuera de tu entorno familiar es un acto de confianza entre ambas partes. ¡Gracias a este artículo me di cuenta de que no estaba solo!

En cuanto a compartir o ver comer a alguien, me acuerdo una vez con unos 18 años, que estaba la mar de contento porque llevaba a clase un plátano para matar el gusanillo. Raro en mí porque no soy muy amigo de la fruta. El caso es que un profesor, que me caía bien, me pidió un poco. Fue darle un bocado y se me quitaron las ganas. ¡Se lo di! Creo que algo intuía porque lo mismo me pasó con él y un sándwich. En cualquier caso prefiero invitar a algo antes que compartir.

¡King Kong poco amigo de compartir la cena!

Escolopendra que conoce mis manías, como el trajín que me traigo con mis cucharas para el café llamadas: la Prefe nº1 y la Prefe nº2, sabe lo mal que me sienta que alguien utilice mi taza del desayuno o mi vaso de agua, etc… Está más que acostumbrada, pero aun así si deja algo en su plato y me lo ofrece sabe que no lo comeré del suyo. Lo serviré en el mío. Si se da la situación en que no me lo como, me pregunta siempre, que si puede ponerlo de nuevo en la olla y que no lo ha tocado. Después de 20 años de convivencia eso lo tengo superado, pero ya sabréis que las Escolopendras son muy educadas.

"Si te gusta la fruta ponte a disfrutar,
disfruta la fruta buena y natural..."

“Cuando planifico un menú, considero el color, la textura,
el sabor y el equilibrio.”
Joan Crawford

En cuanto a los lugares públicos, tengo mis manías, que no se si todo el mundo apreciará. Busco lugares alejados y prefiero sentarme cerca de una pared. Si no se puede, intento por lo menos dar la espalda a la puerta de entrada del restaurante o del resto de gente que este comiendo allí. Normalmente como voy acompañado y estoy entretenido, mi mente se relaja y una vez que meto el hocico en el plato dejo de pensar cosas extrañas. Otra cosa es que vea al cocinero… Una vez Escolopendra me trajo para comer un bocadillo de tortilla de patatas de un restaurante. El bocadillo estaba muy bueno, pero cometí el error de ir yo mismo a por uno. Vi la cara del cocinero asomándose a la barra mientras yo esperaba y ya no me comí el bocata a gusto. No me llegó a sentar mal, pero casi.

Groucho y Margaret más pendientes del plato del vecino que del suyo propio.

La primera vez que me invitan a comer a alguna casa tengo mis reservas. Y siempre prefiero comer poquito, no porque piense que me van a envenenar como en la Edad Media. Además de quedar elegante si no me ha gustado mucho, por lo menos termino rápido. Si me invitan de nuevo, siempre espero el mismo menú y si no es así lo sugiero. Prefiero que no me sorprendan con novedades. Normalmente digo algo parecido a esto: “me encantó lo que comí. Sueño con ello. ¡Vuélvemelo a hacer!”

¿Le gustará el gazpacho?

En cambio si tengo invitados en casa, como cocina Escolopendra me convierto en un aspirador. Aquí también lo habitual es que la gente se sorprenda al verme.

De todas formas no es complicado acertar conmigo: soy feliz con unos huevos bien fritos (sin babilla) y una montaña de patatas fritas. Si añadimos unos pimientos ¡pleno!

Por otro lado, un defecto que me molesta un poco es que me hagan esperar, pero este defecto se convierte en aliado cuando me invitan a comer y las cosas no están preparadas. Así puedo echar un ojo a la cocina y ver que están elaborando. ¡Y si tengo mucha hambre incluso ayudo!

“Lo bueno en exceso puede ser maravilloso.”
Mae West

También me encanta que la gente tenga mascota. Hace muchos años me invitaron a comer pollo en salsa. Un plato “difícil”. Puntualizo que aunque no era vegetariano, todos los platos que se cocinan con carnes y pescados los he evitado fuera de casa. ¡Cómo los de mamá ninguno!

Claudette sabe que es indispensable tener un perro bajo la mesa.

El caso es que la muchacha tenía perro. El perro y yo no nos gustábamos. La muchacha me sirve el plato, poquito le pedí, porque ya al primer vistazo apuntaba maneras… Ella se sirve y al rato se va a la cocina a buscar algo, momento que aproveché para deshuesar el rosado pollo y encasquetárselo al perro. ¡No tardó ni 5 minutos en volver y ya no quedaba ni rastro!

-¡Ya has acabado! ¿Te pongo más?
(…si claro, después de ver que tú no te has puesto casi nada…)
-No gracias estoy lleno. Soy de comer poco.

¡Una mierda soy de comer poco! Luego así me pasa, que más de una vez llego a casa muerto de hambre. Por cierto el perro de la historia se hizo amigo mío y a su dueña le extrañó, porque su perro era antisocial. ¡A falta de perro son muy socorridas las servilletas de papel y los bolsillos de los pantalones!

Con los animales me llevo bien, aunque una vez me pelee con un gato por un trozo de fuet. Estaba invitado en un pueblo y decimos un grupo de amigos pasar el día en un embalse. Ni me prepare comida ni me la prepararon y estuve hambriento todo el día. Al anochecer regresamos a la casa. Entre los bártulos que llevábamos había dos cajas de cervezas vacías. De pronto, de la nada apareció un gato y se puso a trastear en ellas. Cuando me asomé para ver con que porras estaba jugando, descubrí el trozo de fuet. Lo desenganche de las cajas bajo la atenta mirada del gato y me lo comí. ¡El gato dejó de ser mi amigo ipso facto!

Françoise Arnoul y su gato: ¡él nunca lo haría!

“El postre es probablemente la etapa más importante de la comida, ya que será lo último que recordarán sus invitados antes de que se desmayen por toda la mesa.”
William Powell

Para remate, el colmo es cuando declino una invitación y Escolopendra vuelve con un tupper. Una vez, a fuerza de insistir Escolopendra y haciéndome ver que haría un feo a la persona que me lo enviaba, que me caía mal por cierto, me comí una ensaladilla rusa a regañadientes y me sentó fatal. Nunca más se repitió la historia. No sé muy bien si fue porque Escolopendra ya estaba: ¡hasta las forcípulas de oírme relatar!

Gloria Swanson repasando el libro de recetas de su abuela.

De todas formas soy educado y lo mejor de todo: ¡vegetariano! Lo bueno de las verduras es que siempre se acierta y raro es que se cocinen mal, aunque se puede dar el caso. Recuerdo una vez tener que comerme unas berenjenas al horno rellenas de berenjenas que estaban crudas. Gracias a eso aprendí que si me pierdo (no creo, porque salgo poco de casa) por el campo, se que si me topo con un huerto de berenjenas: ¡puedo sobrevivir!

Si has llegado hasta aquí, te pareceré un invitado difícil, pero no te preocupes, con los años he dominado esta pequeña tara y sólo es cuestión de que “rompa el hielo”. Ya sabéis que las primeras veces no resultan tan placenteras como esperabas…

“He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido esta.”
Groucho Marx

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección del autor.

“Me gustaría poder charlar más tiempo, pero espero a un viejo amigo para la cena.”
Hannibal Lecter

sábado, 18 de abril de 2020

¡NO ME TOQUES!


Sobar
De or. inc.
1. tr. Tocar repetidamente algo pasando la mano.
2. tr. Manosear a alguien.
3. tr. Molestar, fastidiar con trato impertinente.

“Todos tenemos ideas muy claras sobre lo que es normal. Atengámonos a esas ideas y dejemos a la psiquiatría mantener sus definiciones del hombre moderno fuera de nuestro vocabulario.” Marlene Dietrich

Cualquiera que me conozca un poco sabe que no me gusta mucho que me toquen y menos que me abracen. Me gusta guardar las distancias y me agobia que invadan mi espacio vital. En ocasiones suelo explotarlo para evitar situaciones que me desagradan. ¡Quién evita la ocasión evita el peligro!

El tocar se va a acabar...

Un día viajando en el metro, un niño que iba con su madre se acercó a mi lado muy emocionado. El niño no me molestó en absoluto, cosa rara, ya que suelo evitar los vagones donde encuentre alguno. La verdad es que me caía simpático y me intrigaba el lugar al que se dirigía. Lo que me sorprendió no fue mi buena disposición a que el niño me rozase, sino la reacción de su madre. De la manera más educada y amable posible le dijo: ¡ten cuidado estas invadiendo el espacio de esta persona!

Lo normal es que la gente te invada, te roce, te toque, abrace, etc., pero yo no soy muy amigo del contacto físico. En alguna ocasión, para evitar malos entendidos y que la persona que viene hacía mí no se sienta mal: ¡soy el que da el primer paso!

No sé cuando empezó mi “fobia” a que me tocasen, pero con el tiempo y autodisciplina he ido aprendido (en ciertos casos) a superarlo. Si me pongo a pensar en su origen me vienen a la cabeza flashback recurrentes que me dan la pista de por dónde van los tiros. ¡Nada como dedicar tiempo a autoanalizarse!

Helen Parrish avisa a Deanna Durbin que la próxima
vez que la toque se llevará una hostia.

El recuerdo que tengo más vivo fue cuando tenía aproximadamente unos 9 años. Estando en el colegio fuimos de excursión a Rascafría. Al bajar del autobús tuvimos que cruzar un pequeño puente (o así lo recuerdo) y a la mitad del mismo nos cruzamos con una excursión de adultos con discapacidad. En un momento dado empezaron a tocarnos el pelo, agarrarnos la ropa e incluso a una compañera le quitaron el helado. Todo fue cuestión de minutos pero me parecieron una eternidad. Todo acabó cuando aparecieron unas religiosas y pusieron orden. La situación me dio miedo y también sentí pena por ellos. Eran otros tiempos…

Si me pongo a pensar en mi infancia podría decir que la cosa viene de lejos.

Marnie agobiada por el lapabrazo de su galán.

He contado más de una vez que no me gusta el deporte, pero no sé si también tendrá un poco que ver con todo esto. Algo que no he contado nunca es que si no me gustaba el judo, no era por no hacer deporte sino porque había contacto físico y en el judo esto es inevitable. Lo que más recuerdo es verme colocarme el judogi cada dos por tres. Creo que me incomodaba tener el cuerpo expuesto y notar manos ajenas rozándome la piel. Lo deduzco, porque en ese tiempo era bien pequeño.

De niño, en las pocas ocasiones en las que he asistido a misa, temía el momento de: “darse la paz”. Solo pensaba en evitarlo a toda cosa. Dar la mano a un desconocido me producía cierta cosilla… Luego al observar que “darse la paz” no significaba nada para nadie, me dio el motivo suficiente para no volver a hacerlo. Ese momento para mí, al que se añade (desde mi punto de vista) una sonrisilla siniestra es cuando menos: ¡espeluznante!

Podéis daros la paz: ¡momento terrorífico!

De todas formas el que no me guste que me toquen no solo me pasa con desconocidos. También me ha pasado con familiares, amigos y conocidos en mayor o menor grado.

Cuando íbamos a visitar a mi abuela paterna, a veces se juntaban varias de sus hermanas y nos tocaba hacer el “paseíllo”. ¡Los pellizcos en los mofletes ni contarlo! También me pasaba con mis abuelos maternos. Tanto con ellos como con las visitas, aunque estas fuesen de familiares que me gustasen. Hubiese preferido hacer un saludo general y punto, pero como era y soy disciplinado pasaba el trago y luego me comportaba con total normalidad. Según me han contado yo era bastante cariñoso. ¡Ver para creer!

Lo de ser un "mono" de feria no casa conmigo.

Como siempre he llevado mal el tener que hacer el “paseíllo”, no me gusta que si visito una casa donde hay niños les “obliguen” a saludarme. Aviso antes a los padres que dejen al crío que decida por sí mismo. No aguanto a esos padres que se empeñan en que me saluden aunque él no quiera. Me dicen que es por educación. Les entiendo pero no lo comparto. Otra cosa es que la visita se convierta en un infierno porque el niño parezca que esté poseído.

No, no estoy poseído. ¡Es que me quiero lavar las manos!

Algo que no consigo superar del todo es viajar en transporte público. Depende también de mi IEV (Índice de explosividad volcánica). El peor sin discusión es el metro. He llegado a hacer recorridos más largos en otros medios por evitarlo. Me olvido de mi mano a la hora de sujetarme en la escurridiza barra del vagón y si me roza alguien: ¡me da un patatús! Si te despistas y te acercas la mano a la cara, algunas veces huele como a Doritos… Esto va unido a otra cosa que me da asquito, que es ver comer a la gente en el vagón. Pienso que comer es un acto bastante personal y solo debe hacerse con personas de total confianza. Cuando salgo a comer fuera de casa tengo mis manías a la hora elegir mesa y de sentarme en ella.

Marnie Edgar: No me quieres. ¡Solo soy algo que has atrapado! ¡Crees que soy una especie de animal que has atrapado!
Mark Rutland: Así es, lo eres. Y he atrapado algo realmente salvaje esta vez, ¿verdad? Te he rastreado y atrapado, y por Dios que te no te voy a soltar.
“Marnie” (Universal, 1964)

Tocar cosas que otros han tocado antes me da repelús y si encima les pongo caras peor. Cuando pedaleaba hacía la nada más infinita en mis clases de spinning, tenía que elegir muy bien la bici en la que me sentaba. Imagino que suponéis que la mitad de las veces estaban sudorosas… Ya ver las gotitas o charquito de sudor en el suelo ni te cuento. ¡Lo dejo que vomito!

Sólo para tus ojos: ¡mirar pero no tocar!

Tocar y no ser tocado: ¡this is the question!

Si me hubiese dedicado al mundo del circo hubiera destacado como contorsionista. Es tener que ir a un wc público y hacer “malabarismos” para poder entrar y para poder salir. Cuando quedo para tomar algo, siempre me pongo pejigueras eligiendo locales. Prefiero que estén semi-vacios o vacios del todo. Eso me da cierta confianza para, si tengo que usar el wc no me estrese en exceso. De todas formas nunca bajo la guardia. En el caso de no darme mucha confianza siempre va alguien a reconocer el terreno por mí. Normalmente Escolopendra Venenossa o Carmen Munster.

¿Estará el wc en condiciones? ¡Va a ser que no!

Soy experto en utilizar el codo para abrir puertas o utilizar el meñique para abrirlas desde la parte superior de la misma. Si la puerta se abre cuando llego, me escurro hábilmente antes de que se cierre. Al lavarme las manos no me queda más remedio que usarlas para abrir el grifo del lavabo, pero lo cierro con el codo si se puede y si no, me envuelvo las manos con papel. Para secármelas empleo mi propia ropa. Para salir utilizo el pie y el codo si no tienen picaporte, en caso contrario llevo las manos envueltas en papel como si de guantes de boxeo se tratasen. Cuando estoy en mi sitio me doy con jabón líquido, que es algo que me acompaña prácticamente toda mi vida adulta.

A veces no me extraña que piensen que soy un "bicho raro" porque más de una vez me han pillado in fraganti en el proceso.

La puerta de un wc público es el peor lugar al que alguien escrupuloso como yo se debe enfrentar, pero también es mi modus operandi con cualquier puerta que me dé grima.

¡Si no te gusta que invadan tu espacio vital
King Kong es tu héroe!

De todas formas si tuviese que evitar tocar cosas tendría que encerrarme en casa y tirar la llave. Creo que tengo una parcela de mi cerebro dedicada exclusivamente a omitir ciertos pensamientos. Me imagino a unas cuantas neuronas con las caras de los personajes de la serie “Erase una vez… la vida” haciendo guardia para eliminar cualquier idea desagradable antes de que nazca.

¡Nunca he sido escrupuloso con los animales!

Relacionado con todo esto está mi manía a evitar entrar en un lugar, sea el que sea, donde estén reunidas un cierto número de personas. En general no tengo cuantificado el total que tolero alrededor, pero el ideal es que sean menos de diez. Así que, no soy amante de las bodas, bautizos y funerales. Además en estos eventos donde hay mucha gente, los baños suelen estar muy concurridos…

Esto me recuerda, y lo sabe muy bien Escolopendra Venenossa, que no visito los baños de carretera, aeropuertos ni nada parecido.

¿Cómo me las apaño cuando voy a un gran almacén con lo que me gustan las compras? Enfoco mi atención en mi objetivo e intento evadirme de lo que me rodea. Entro y salgo rápidamente sin entretenerme. En cualquier caso y situación: ¡no pensar!

Freeman Lowell no se lo pensó mucho
para dejar el espacio "limpio" de Homo sapiens.

Como ya habéis visto no llevo bien estar rodeado de gente, incluso tampoco lo llevaba bien cuando estudiaba o trabajaba.

Aunque cueste creérselo soy bastante tímido y me ruborizo (o lo hacía) con bastante facilidad. No me gusta hablar delante de muchas personas. Es verdad que si pongo la directa no tengo freno, pero solo cuando tengo confianza. Sin saberlo el padre de mi amiga Mª Jesús me ayudó a ser más abierto y a enfrentarme a posteriori a grupos de personas. Él siempre que me veía me gastaba alguna broma que hacía que en seguida me pusiese colorado. Un día decidí ser el primero en gastar la broma y llevar la conversación. ¡La mejor defensa es un buen ataque!

Una abrazo a traición pilló desprevenida a Beverly...

Cuando estudiaba en Artes y Oficios recuerdo no hablar con casi nadie en mi primer año y menos con los profesores. Cuando eso cambió un profesor se acercó y me dijo: ¡por fin escucho tu voz! Al año siguiente a este profesor le llegó a sus oídos que yo era muy charlatán y que no paraba. Pensaba que le hablaban de otra persona. Ya conté en otra entrada del blog que otro profesor de la misma escuela le comentó a Escolopendra: ¡cuando le conocí era muy distante!

¡Nunca daría una conferencia ni aunque fuese sobre cine!

De todas formas es inevitable tener contacto con otras personas. Iba a yoga y acudía a la piscina todos los días, pero más de una vez he abandonado mi clase de yoga porque cuando llegaba tarde, si había más personas de las que podía aguantar salía de allí como alma que lleva el diablo. También he abandonado la piscina con el gorro y el bañador puesto si estaba llena. Si llego el primero y cojo sitio ya me da igual que el número supere lo aceptable. Eso sí, intento salir el último para no tener que confraternizar.

Enrique Claudin solo imparte clases particulares...

Si o si, cuando estoy rodeado de personas siempre me coloco al fondo o en una esquina. Evito tener a nadie cerca. Esto es contraproducente cuando vas a clase o una conferencia, sobre todo si eres corto de vista o el orador de turno tiene un volumen de voz escaso, pero hago uso de mi ingenio y me apaño. Si soy sincero, cuando estudiaba, si la materia no me interesaba en lo más mínimo me ponía a pensar en mis cosas. En mi época de estudiante (obligado) acumulé: ¡muchos insuficientes!

En mis días de spinning, en pleno verano con el sol en su máximo esplendor, me colocaba al lado de las cristaleras. Si entrabas en la clase te encontrabas un lado abarrotado y en el otro a mí. Llevo fatal el sol y el calor pero: ¡prefería achicharrarme!

¡Nunca me ha importado estar solo!

Como decía Kipling: “(…) vuelve de cuando en cuando a ser el gato que va solo y todos los lugares le dan lo mismo.”

Tener una vida solitaria no me ha impedido tener amigos. Lo bueno es que puedo dedicarme en exclusiva a unas pocas personas, conocerlos bastante bien y tener una amistad a prueba de bombas. Tampoco me ha impedido hacer cosas, aunque siempre he preferido hacer cualquier actividad solo que en grupo.

Cuando asistí a las clases de terapeuta de Flores de Bach, aprendí mucho más sobre mí (y los demás) que si hubiese ido a ver a un psicólogo, siempre y cuando hubiera considerado que tenía un problema.

¡Marnie prefiere rozarse con un potro antes que con un mozo!

El aula donde se realizaba esta terapia floral solo tenía una fila de asientos y me colocaba en un extremo. Hablaba poco y me mantenía distante observándolo todo. En la misma habría una docena de personas o más y todas eran bastante extrovertidas. Cosa con la que no comulgo. La profesora que las impartía, con una larga trayectoria y experiencia, me caló en seguida. Cuando empezó el tema de las flores tipo (son las que definen una característica personal, en vez de un estado de ánimo), indicó a la clase que en la misma había un clarísimo Violeta de Agua. ¿Sabéis quien era?

Ya con la cara de mi color habitual y una vez se había desvelado el “misterio” del único chico de la clase, deje de comer solo y empezaron a dirigirme la palabra. No me hablaban porque fuesen unos bordes, sino porque: ¡me tenían miedo!

El último día de curso, la profesora me presentó a su hermana que vino ese día a vernos o a conocerme, no se… Mantuve una larga y enriquecedora conversación con ella. Se despidió diciéndome que estaba encantada de haber conocido un típico Violeta de Agua...

Las Flores de Bach abrieron una puerta
a un mundo nuevo.....

Comparto tanto características buenas como malas con el tipo Violeta de Agua, pero lo principal es: que no busco el contacto físico con los demás y la soledad es mi bien más preciado. Para el tipo Violeta de Agua es algo así como: “que no me molesten ni me invadan”. También se relaciona mejor con los animales que con las personas. Con los animales no soy escrupuloso. Sea el animal que sea.

Hablando de animales… Soy un poco como los gatos. Si dejo que me achuchen llega un punto en el que me vuelvo arisco.

Un fin de curso escolar estuvimos durante una semana en una Granja Escuela. Prácticamente todos los días estaba metido en la cuadra con los animales faltando al resto de actividades. Esto desde luego no gustó mucho a los profesores. Aunque me mandaban a buscar, en cuanto podía me escabullía. Al final me dieron por imposible. ¡Cuando volví a casa olía a cabra!

De niño no sabia que se podía dar más de un uso
a un apero de labranza...

En esa granja “sobreviví” a ciertas experiencias (incluido juego alrededor de una fogata) que podrían haberme convertido en un: verdadero Jason Voorhees…

En mi opinión creo que se da demasiada importancia al contacto físico entre los Homo sapiens y por añadidura a la empatía. Otro rasgo que no casa con Violeta de Agua. Si te sales de lo que se considera “normal” te conviertes en una especie de Sheldon Cooper, que está muy bien para echarse unas risas viéndolo en la tele, pero que no suele ganarse muchas simpatías en la vida real.

¡Nadie como la Garbo para entender de lo que hablo!

“Nunca dije: “Quiero estar sola”.
Sólo dije: “Quiero que me dejen en paz”.
Hay toda una diferencia.”
Greta Garbo

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos archivo del autor.

"Todos tenemos que llevar nuestras propias vidas al final, ya sabes."
Catherine Deneuve como Carol en "Repulsión" (Compton Films, 1965)

sábado, 29 de febrero de 2020

BELLA DE DÍA


Vampiresa
De vampiro y –esa.
1. f. Mujer que aprovecha su capacidad de seducción amorosa en beneficio propio.
2. f. Mujer fatal.

“Hermosa como la muerte, seductora como el pecado,
fría como la virtud.”
Luis Buñuel

"Soy una persona reservada, no fría."

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
Tan inútil es responder a esta pregunta como difícil es para mí recordar a quien descubrí primero: si a Catherine Deneuve o a Luis Buñuel.

Siendo Buñuel uno de mis directores favoritos me gustaría poder decir que desde bien joven ya me gustaba, aunque pueda pecar de niño redicho, pero lo más lógico es que fuese ella la que llamara mi atención. ¡Deneuve es Deneuve!

"Buñuel no tenía nada de perverso."

Seguramente una noche vería por televisión “Belle de Jour” (1967) y quedaría seducido por la presencia de la rubia protagonista, porque sinceramente no creo que en aquel momento me interesara especialmente el cine de Buñuel. De hecho “Repulsión” (1965) es una de mis películas favoritas de Deneuve y el cine de Polanski no me atrae en absoluto. Lo mismo me pasa con Truffaut. Creo que eso lo deja claro. A esto yo lo llamo: ¡el poder de la estrella!

"Buñuel era un hombre de una personalidad
muy enigmática y secreta."

"Puedes expresar muchas cosas, mucha acción sin hablar."

Al enterarme por las redes sociales que en noviembre del año pasado Catherine Deneuve fue hospitalizada en estado muy grave, repasé su carrera que tenía un poco abandonada desde que protagonizó “Potiche, mujeres al poder” en 2010. El estreno de esta película me pilló mientras me encontraba de vacaciones en París junto a Escolopendra Venenossa. Toda la ciudad estaba invadida de carteles de la película y en cuanto volví a casa me faltó tiempo para ir a verla con Carmen Munsters al cine. Recuerdo el viaje y recuerdo el cartel: ¿Fue un viaje con mensaje subliminal?

"Vivo con mucha normalidad, paseo a mi perro,
salgo con mis amigos, vamos al cine, hago cola, vamos a restaurantes." 

De todas formas, mucho antes de que sufriera el percance, ya la había visto en “Dos mujeres” (2017). Buena película, por cierto. Lo que me pasa ahora es que la he retomado con fuerzas renovadas. Tantas que mi amiga Aurea me ha sugerido amablemente que me relaje.

"Puedo ser muy desagradable, muy lejana, muy dura. Y ésa es la imagen que trasmito. Puedo ser muy fría e incluso agresiva.
No me controlo totalmente."

"Me irrito, estoy nerviosa, muy tensa o estresada,
pero nunca me aburro."

Cuando he sido “vampirizado” por algo no tengo freno. El retorno de Catherine a mi panteón de estrellas empezó con una simple foto que compré a mi Proveedor de Mitos. Al instante la subí a mi cuenta de Instagram y recibió más “likes” de los que acostumbro a recibir. Esto me animó a retomar a Deneuve y dar un descanso a las estrellas de la época dorada de Hollywood. En mi opinión Catherine Deneuve cuenta con una personalidad tan poderosa que puede recoger fácilmente el testigo de las estrellas del cine clásico. ¡Como ella hay pocas en el cine actual!

"Es más parisiense que francesa.
Representa el estilo, la seducción, la elegancia, el misterio...
que no oculta cierto toque sexy. Es determinada, de una rara eficacia y sabe exactamente lo que le conviene."
Helmunt Newton

"A veces es más difícil hacer películas muy simples y discretas."

Muy "vivo yo", rastreaba por internet “La última locura de Claire Darling” (2018), una comedia dramática que llamó mi atención por su look y porque trabajaba con su hija Chiara Mastroianni. Aunque tarde, le he cogido el gusto al pirateo. ¡Yo que era de tenerlo todo original! O soy muy torpe todavía o los amigos del pirateo no deben ser muy amigos del cine francés (en versión original subtitulado), así que hice lo que me suponía menos esfuerzo y pérdida de tiempo: ir a comprarme el DVD. ¡Por Catherine he hecho algo que no hacía desde hace unos 10 años!

"Sabe salir airosa de cualquier situación
sin contar con la ayuda de nadie."
Philippe de Broca

"No siempre soy la persona más agradable para conocer,
porque olvido muy fácilmente que soy actriz cuando no estoy trabajando."

Aprovechando que iba a un centro comercial a por leña para nuestra estufa, como quien no quiere la cosa me dirigí a una conocida tienda a por la película. Casi tiro la toalla después de buscar en los estantes de comedia y drama. Al final tuve que recurrir a una dependienta que me indicó que debería haber buscado en: ¡cine de autor! No pude recurrir a mi escusa habitual de que soy un “topo” porque llevo gafas progresivas con las que, salvo raras ocasiones, me desenvuelvo bien. ¡Estoy muy desentrenado!

"Siempre he preferido a las personas discretas
y herméticas a las excesivamente extrovertidas." 

¡El glamour y lo rural hermanados gracias a un centro comercial! Así nos las gastamos en Crystal Lake: en una mano cargamos con un saco de leños a lo Hulk y en la otra llevamos delicadamente una película francesa. Posiblemente para Escolopendra ambas cosas sean sinónimos porque, aunque se esforzó en no quedarse dormida, su amigo Morfeo hizo acto de presencia.

"Puedo ser muy critica conmigo misma y con otras personas;
puedo ser muy exigente."

La película me gustó pero no alcanzó las expectativas que había puesto en ella. En cuanto a Escolopendra… No insistiré con el cine francés-Deneuve. En su momento también se durmió con “Potiche” y cuando sale a relucir el tema, me recuerda que no me perdonará que en uno de mis ocasionales arrebatos románticos la llevase a ver “Place Vendôme” (1998). Eso de que una dama pase de la ruina absoluta, tanto económica como personal, al mayor esplendor vendiendo unos diamantes robados sin ayuda de nadie, casi como que es ciencia ficción para Escolopendra. A mí me parece de lo más natural si le sucede a Catherine: ¡nada es imposible para ella!

"Mi independencia sentimental se basa en la independencia económica, sin ella, la mujer no tiene muchas posibilidades de ser verdaderamente independiente."

En cuanto a mis arrebatos románticos… ¿qué puedo decir? Como arma de seducción masiva le colé a Escolopendra en el reproductor de VHS “Godzilla contra Mothra” (1992). Nada más que añadir…

"Nunca he imitado a otras actrices, al menos conscientemente."

En pleno “subidón Deneuve" fui con Escolopendra Venenossa y Carmen Munsters a la exposición: “Vampiros. La evolución del mito”. Allí también estaba ella, desde luego, metamorfoseada como Miriam Blaylock. Hablando de todo un poco (como nos pasa siempre) mientras tomábamos un vino, les conté a ambas el regusto amargo que me había dejado la película “La última locura de Claire Darling” y que estaba en cines “La Verité” (2019). My BFF me susurró cual vampira (el ambiente era propicio) que estaría encantada de ir a verla conmigo y que además me invitaba. ¡Con semejante argumento no podía quedarme en casa!

"Yo no soy irreprochable. Soy muy pasional, a pesar de la leyenda de la mujer helada, y me desaliento fácilmente.
Puedo entusiasmarme por algo y luego dejarlo caer bruscamente. Soy muy ciclotímica."

"El amor es sufrimiento. Una parte siempre ama más."

En “La Verité” Catherine Deneuve compartía protagonismo con otra gran actriz, Juliette Binoche. Como no voy a contar la película, que me gustó mucho, la resumo con el siguiente “titular” que le solté a mi amiga Carmen: ¡Viviría con Deneuve y me iría a la cama con Binoche!

¡Me has dado un titular! es lo que suele decirme mi amiga Carmen cuando suelto alguna que otra frase que ella cree ingeniosa.

"Tenía ratones que mantenía como mascotas cuando era muy joven,
y siempre me ha gustado su aspecto. Incluso las ratas. No les tengo miedo."

No entiendo de vinos, pero me da que Catherine Deneuve es como un buen Chardonnay. Cuanto más años tiene, más prestigio, aunque esto resulte, en el caso de los vinos, un mito. Pero, ¿no estamos hablando de un Mito? Deneuve es prácticamente la única actriz en activo con la que me pasa justo lo contrario que con cualquier otra: ¡cuanto más mayor se hace más me gusta! A muchas actrices prefiero mantenerlas en el recuerdo…

"Para huir de las arrugas, lo mejor es huir de los espejos." 

Siempre me ha gustado como actriz y hay que reconocer que de joven era un bellezón, aunque un poco glacial. Su belleza fría e inquietante siempre la ha compensado con sus buenas interpretaciones. No le pongo muchas pegas a su filmografía exceptuando: su etapa estadounidense. Desembarcó en Hollywood en los años 60 y 70, pero sus filmes no tuvieron éxito y no se afianzó como estrella allí. Tengo la impresión de que no se sintió a gusto y los americanos no supieron muy bien qué hacer con ella.

"La historia es más importante para mí que el papel."

"En Estados Unidos me conocen más como la rubia que habla de Chanel e Yves Saint Laurent con acento extranjero que como estrella del celuloide."

Para mí mitomanía, en cuanto a belleza se refiere, su mejor época fueron los años 80 y 90. No hay más que echar un vistazo a películas como “El Ansia” (1983) o “Indochina” (1992), para saber de lo que estoy hablando. En esos años ya estaba yo recopilando todo artículo, entrevista, crítica o lo que fuese que cayera en mis manos. Puede decirse que fue: ¡nuestro mejor momento! Echando un vistazo a mis álbumes de recortes de cualquiera de las actrices que sigo o he seguido, se pueden observar sus periodos de mayor esplendor en Crystal Lake.

"No dediqué mi vida a la actuación. Doy mucho a mi trabajo,
pero mi vida siempre ha sido más importante."

"Es muy pesado ser siempre la bella, soportar la admiración de todos. La gente me admira, me halaga, pero temo que se inventen cosas sobre mí que sólo existen en la pantalla."

Con más de 100 películas en su carrera, ponerme a recordar cada una de ellas es difícil. Entre mis imprescindibles se encuentran: “Repulsión” (1965); “Belle de Jour” (1967); “La sirena del Mississippi” (1969); “Tristana” (1970); “El Ansia” (1983); “Indochina” (1992); “Place Vendôme” (1998) o “Bailar en la oscuridad” (2000). Ahora añadiré “La Verité”. Todas las veo, como siempre hago, en versión original subtitulada. En su caso es imprescindible oír su voz.

"Me encanta no trabajar. Me gusta viajar.
Trabajo tal vez la mitad del año, no más."

A parte de las películas en las que la dirigió Polanski o Buñuel, que todo el mundo seguro que recuerda, en mi memoria permanece como si fuese ayer “La Sirena del Mississippi” de Françoise Truffaut. Guardo un buen recuerdo de este drama romántico en el qué un rico cultivador de tabaco espera la llegada de su prometida a la que nunca ha visto...

"Catherine es más fuerte y responsable que cualquier otro actor; menos vulnerable que cualquier actriz.
Simplemente es el hombre que a mí me gustaría ser." 
Gérard Depardieu

De todas formas si he de elegir a “la madre de todas” las películas de Catherine Deneuve me quedaría con “El Ansia” de Tony Scott, una película de vampiros (con clase) protagonizada junto a otro de mis ídolos: David Bowie. Al comienzo de la película suena el tema de Bauhaus “Bela Lugosi´s Dead”... ¿Bela Lugosi? ¿No es el mítico actor al que vi en la expo?

"Yo no disfruto. Sufro de disfrutar. Es muy cristiano."

Estas semanas he repartido mi tiempo libre a partes iguales viendo películas de Catherine Deneuve y leyendo una biografía sobre el actor publicada en 2014 y de la que (si la memoria no me falla) no tenía conocimiento.

"Yo nunca he cultivado el misterio expresamente, lo que sí tengo es cierto gusto por el secreto. Antes de ser actriz, ya era así.
No tengo ganas de decirlo todo, y menos a todo el mundo.
Quiero conservarme intacta en primera persona."


Curiosidades de la vida Bela Lugosi nació un 20 de octubre de 1882 y la bella Catherine un 22 de octubre de 1943.

¿El Universo se confabuló con estos dos “monstruos” del cine o fue pura casualidad? No sé qué pensar…

En cualquier caso Catherine Deneuve es una estrella indiscutible por derecho propio. Considerada una de las mejores de su generación y de la segunda mitad del siglo XX.

"El problema del paso del tiempo es encontrar la armonía entre lo que uno es y lo que uno hace."

Venenosos Salu2 desde Crystal Lake!
Todas las fotos colección y archivo del autor.

“Para ganarte a una mujer, llévala contigo a ver Drácula.”
Bela Lugosi